Archivos del mes: 29 noviembre 2015

TERCER ANIVERSARIO

i_love_qatar_by_al_zoro-d4s745529 de noviembre, hoy celebro mi tercer aniversario con mi amado, Qatar. Tres años han transcurrido ya desde que aterricé aquí por primera vez, desorientada y asustada. Mucho ha llovido desde entonces. Bueno, quizá llover no demasiado porque vivo en el desierto, pero este tiempo que ha transcurrido ha marcado una huella profunda en mí. Incluso, a veces, llego a pensar que me ha forjado como a hierro. Como hoy me siento optimista, quedémonos solo con lo de la huella.

Ahora sé que Qatar es un capítulo importante de mi vida. Es difícil analizar una etapa cuando estás todavía embebido en ella, suele hacer falta perspectiva, pero me estoy dejando sentir. Y en ese sentir mi cuerpo me dice que pasó la introducción, que se acabó el desarrollo y que empezamos el último tramo, que quizá será el desenlace. Un desenlace que puede durar tal vez un año. O no sé cuánto más, pero que no siento que se vaya a dilatar eternamente.

Antiguamente, cuando me preguntaban cuánto tiempo pensaba permanecer aquí solía contestar que varios años, posiblemente me alcanzaran los mundiales. Y que uno de mis propósitos era aprender árabe. Ahora sé que no me dará tiempo a hablar este idioma. Y tampoco voy a empecinarme o a tomar decisiones transcendentales por esta cuestión.

Cuando terminó mi año Erasmus me dolió en el alma. Fue una de las épocas de mi vida más añoradas y cuyo fin más tristeza me causó. Pero cuando lo pensaba con frialdad entendía que el final de ese tiempo le confería razón de ser. Y que tenía que marcharme con ganas de más. Y que las relaciones con el grupo todavía se mantenían exultantes. Ello hizo que cada una de nosotras regresara a su país, pero que la amistad permaneciera tan viva como lo estaba el día de la despedida.

Ahora que sé que un día partiré tengo más ganas de disfrutar el tiempo que me queda en este lado del mundo. En mi trabajo –aunque a veces me queje-, con mis amigos, en los paisajes que nos ofrece Qatar y en los momentos conmigo misma.

Recuerdo con ternura los contextos que me hacían sentir incómoda al principio de mi vida aquí. Hoy me resultan tan naturales que ni siquiera los percibo.

Me gusta mi casa de aquí. Mis amigos, mi empresa, mis rutinas… ¡me gusta mi vida! Al mismo tiempo me he dado cuenta de que vivir en Oriente Medio es hostil. Curioso, he necesitado tres años para ser consciente de ello. Y lo hago ahora, cuando mejor me siento.

Y todo esto lo voy rumiando desde la tranquilidad que me proporciona mi situación actual. Gracias doy por ello. Esta paz y esta calma, esta ausencia de problemas (a Dios gracias, repito) me proporciona un tiempo de reflexión.

Y visto desde hoy, y siendo consciente de que en un año pueden suceder muchas circunstancias que nos hagan virar el rumbo, me da por pensar en un futuro cuarto aniversario. Y posiblemente esa celebración esté muy cerca del final de una etapa, si es que la vida, con su imaginación infinita, no me ofrece un plan distinto.

El tiempo me dirá…

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CABEZA Y CORAZÓN

votre-cœurMe siento cansada. Cansada por los últimos días, que han sido emocionalmente agotadores y cansada también por los últimos años, buscando sin descanso una etapa de tranquilidad en mi vida. Un poco de calma, de garantía de calidez. Un poder descansar. Como cuando era pequeña y mis padres se ocupaban de todo.

Y me da por pensar. Más de la cuenta. Más de lo que es saludable. Y pienso en ti, claro. Como siempre. Como acostumbro a hacer desde que te conocí. Entonces tengo sentimientos contrapuestos. Bueno, en realidad los sentimientos tienen una cara. Lo que está en otro lado es la razón. La que me susurra que esta relación no me hace bien. Me da mucho, sí. Pero también me cuesta.

Y siento ganas de llorar.

Cuando me enamoro de alguien esa persona se convierte en el centro de mi vida. Ya sé que esto puede no ser saludable para mí ni para el otro.  Ni para la relación. Pero no elijo hacerlo así. No me he propuesto pensar en ti a todas horas. No estaba en los planes sonreír cuando te recuerdo. No entraba en el proyecto beber de tus recuerdos y alimentarme de los momentos compartidos. No he decidido desear que me suceda lo que no me conviene solo para poder compartir más tiempo contigo.

Dicen que estar enamorado es adictivo. Nuestro cuerpo segrega ciertas sustancias que nos producen bienestar. Vivimos en un estado de felicidad continuada y nos sentimos bien. Así estoy yo. Sabes que, incluso, he hecho cosas que estaban fuera de los valores y principios que guían mi comportamiento. Y los volvería a hacer mil veces.

Y en ese amar, en ese estado, una vocecita que viene de mi cabeza me susurra que entro en un terreno peligroso. Que me estoy olvidando de mí misma. Que mi vida está girando completamente alrededor de una persona (o de la proyección que tengo de esa persona). Y sé que inevitablemente voy a sufrir. Y también me dice esa voz que me “conviene” dejar de verte. Por supuesto me niego a escucharla. Sería incapaz de hacerlo, a menos que tú me lo pidieras. Me da igual todo, quiero compartir contigo cada minuto que la vida me permita.

Así que en esta disyuntiva me encuentro. Y sé cuál es la respuesta, la vía que puede reconciliar a las dos partes. El camino para aunar ambos lados. Consiste en aprender a integrarte dentro de mi vida. Que seas una parte y dejes de ser el todo. Si consigo hacerlo, si soy capaz de resituar el centro de mi vida en mí misma y te hago un sitio (un buen sitio) en mi existencia, sabré disfrutar de esta relación mientras dure.

 

Que no cunda el pánico, no es mía. Bueno, sí es mía pero no de ahora. O quizá me la haya inventado para disfrutar escribiendo y para intentar que lo haga también quien lea.

Afortunadamente ya no me reconozco entre estas líneas. Gracias a Dios y al trabajo realizado junto a mi coach, y a personas como mi amiga Carmen, ya no me reconozco. Ahora soy yo el centro de mi vida. Y si hay alguien cerca, tendrá su sitio, pero no el todo de ella ni tampoco la desestabilizará por completo. Una persona a mi lado sería un compañero con el que caminar, no un cataclismo que acabe con mi equilibrio emocional.

¿REAL MADRID O BARCELONA?

Comparto mi última columna en el Correo del Golfo: http://www.elcorreo.ae/opinion/susurros-oriente/real-madrid-barcelona

CONSTERNADOS TODOS

12249692_10207842038950938_499486008172192970_nHoy me he levantado consternada ante la noticia. Al igual que toda Europa, al igual que todo el mundo. La prensa española informa sobre los hechos, la posible repercusión, la repulsa a lo producido y la solidaridad hacia las víctimas, sus familiares y el pueblo francés. Por desgracia, nosotros (los españoles) sabemos cuál es la sensación y podemos entender el estado de shock de nuestros vecinos franceses.

Las redes sociales arden y en el mundo no se habla de otra cosa. Reviso la prensa local y Al Jazeera. En los países árabes la portada es la misma. Nos cuentan la noticia y la condena por parte de los líderes y los estados musulmanes a lo sucedido. Esto debería ser obvio, pero necesito mencionarlo porque todavía hay muchas personas confundidas. Y me duele cuando leo todos esos comentarios contra el Islam, contra los árabes, cuando la gente confunde y quizá eso convenga. Es posible que alguien salga beneficiado por la confusión, por la lucha, por alimentar el odio.

Y se confunden palabras como refugiados, religión, Corán, Islam, etcétera, con terrorismo. Me duele especialmente porque convivo a diario con personas que profesan esta religión, porque resido en un país musulmán y porque tengo buenos amigos que siguen las enseñanzas de el Profeta. Evidentemente ellos condenan el terrorismo. Les duele que unos asesinos digan que lo hacen en nombre de Allah. Esto es irrebatible.

Cuando sucedieron los atentados en Atocha yo vivía en Europa y tenía un novio musulmán. Percibí en mi propia persona un odio más generalizado de lo que me hubiera gustado a todo lo relacionado con el Islam y, en especial, a los practicantes de esta religión. El racismo, la discriminación, la ignorancia y el fanatismo (sí, también en “este lado”, el fanatismo) se arraigaron más en una parte de la población de Occidente de lo que nos hubiera gustado. Alguien saldrá ganando con ello.

Supongo que en breve la confusión, la conmoción y la sobre¿información? nos conducirán a un estado de embriaguez, que se sucederán opiniones, teorías y especulaciones. Se volverá a hablar de que los europeos nos damos cuenta de los acontecimientos solo cuando suceden dentro de casa. Aquí por desgracia, los mandatarios condenan atentados con una frecuencia escalofriante. Vivimos en Oriente Medio.

En Qatar nos sentimos seguros, la sensación de tranquilidad es clara, no obstante un ápice de suspicacia sí se enciende cuando en los hoteles han instalado arcos de seguridad desde el pasado Ramadán. O cuando escuchas que ha tenido lugar un atentado terrorista en una mezquita de Arabia Saudí. Y sí, por desgracia, el miedo se ha instalado en todas partes del planeta. Yo le digo a mis padres que me siento más segura con respecto al terrorismo islamista aquí que en Europa, y es cierto. No obstante debemos vivir con normalidad nos hallemos donde nos hallemos. Entiendo que ése es el objetivo del terrorismo, como su propio nombre indica. Las estadísticas de afectados por esta causa son menores que por otras, pero tienen la capacidad de sembrar el pánico y de afectar especialmente.

Si pensamos en el autollamado Estado Islámico por una parte y si nos imaginamos el acuerdo de las grandes y medianas potencias del mundo, ¿de verdad no existe un método para combatirlos? Los países árabes están sufriendo las consecuencias de los ataques. Occidente se siente aterrorizado. ¿De verdad el mundo entero no puede vencerlos? Es más, llamadme ingenua si queréis, sin necesidad de matar a diestro y siniestro. Puede haber métodos, diplomacia, acuerdos… Es más, yo no entiendo que haya ataques militares, pero sería una opción avalada por muchos. ¿De verdad no se les puede combatir? ¿Quién gana con todo esto?

Para terminar, quiero comentar una viñeta que mis amigos han compartido en facebook. Un agente del autollamado Estado Islámico amenaza con una daga a un cristiano y a un kurdo, instándoles a convertirse al Islam. ¿Cuál es la respuesta de ellos? “Conviértete tú primero”

OCULISTAS

LetrasDesde que vivo en Qatar he pasado por situaciones que no había experimentado antes en Europa. Esto me ha llevado a tener una conducta más desconfiada y recelosa, sobre todo,  en cuestión de hombres. Nunca imaginas dónde alguien va a intentar ligar contigo. Y es que aquí hay mucha gente confundida, ser europea y llevar el pelo descubierto no implica que estemos buscando lo que muchos creen que buscamos.

Aquí descubrí que “men are men”. Esto me lo explicó mi compañera de trabajo egipcia cuando volví del médico una mañana y detallé en la oficina lo que me había sucedido.

Después de varias semanas con molestias en los ojos, decidí ir al oftalmólogo. No lo había hecho antes por el engorro de cómo proceder, por tener que explicarme en inglés y por la burocracia –nueva para mí- que aquello suponía. Todavía llevaba poco tiempo en Qatar.

Después de saludarme con mucha –demasiada- amabilidad y charlar sobre España, el doctor me revisó la vista y los ojos. Tenía conjuntivitis. Me recetó unas gotas y me instó a llamarlo en caso de malestar. Mientras me dictaba su número de teléfono yo intentaba descifrar si sucedía algo raro, pues ni siquiera era una clínica privada, o simplemente el médico era amable y yo, una paranoica. La duda se agravó cuando insistió en que le hiciera una llamada perdida para grabarse él mi número de teléfono. ¡Ay! ¡Qué inocente llegué yo a este país! Y así lo hice, dejándole constancia de mi número a este oculista egipcio que me sacaba más de veinte años.

Me  citó para la semana siguiente, para confirmar la graduación de mi vista. Y aún quiso que hubiera una tercera visita, pero ya curada de la conjuntivitis, no fui. De la graduación ya ni me fiaba, así que esperaría a mi siguiente viaje a España, donde mi óptico de confianza y mejor amigo de mi hermano me chequearía los ojos. Para mi sorpresa, el diagnóstico coincidió, pero lo siento mucho, su actitud como persona me hizo desconfiar de él como profesional.

Después de aquello me telefoneó varias veces para interesarse por el estado de mis ojos. Y no recuerdo qué más sucedió, creo que lo bloqueé o que dejó de llamar.

Transcurrieron más de dos años y necesité ir al oculista de nuevo. Esta vez, acudí a una clínica privada con el seguro de la empresa. Me atendió otro doctor egipcio, muy amable y agradable. Mayor que yo, pero muy bien parecido.

Me dijo que de lejos veía bien y no necesitaba gafas. Yo le aseguré que, aun así, que cuando era más joven todavía veía mejor. Me miró y, acariciándome la mejilla, dijo que yo todavía era joven. Y tengo que reconocer que no me molestó porque era un hombre apuesto y porque me recordaba a Ossama I, pero con bata de médico.

¿Qué se le va a hacer? Hasta yo he entrado en el juego. Y si ellos se comportan como “men” detrás de su bata blanca, pues yo también los juzgo como tal. Y me molestará su trato o no en función de cómo me parezcan. Sí, eso de lo que nos quejamos tantas veces las mujeres cuando nos lo hacen a nosotras. Es lo que hay…

EN EL PARKING

ParkingHoy no voy a contar ninguna historia de amor, solo recordaré una anécdota que me sucedió cuando aún era una recién llegada en Qatar. Pero antes, voy a cerrar un capítulo de esta sección y para ello, mataré a un personaje. Lo siento por la gente que quería seguir el curso de la historia con El Escritor, pero no hubo historia ni hubo nada. Tras el entusiasmo de aquella primera –y única- cita, averigüé su apellido con la ayuda de google y me lancé a la labor de investigación. Ya sé que suena un poco paranoico, pero es algo que todas hemos hecho, lo reconozcamos o no. Investigación con mayúsculas.

De facebook obtuve información sobre dos cuestiones. Por una parte, era una persona que se quería demasiado a sí misma. Por demasiado me refiero a rozar el egocentrismo. Con fotos de él en el perfil y en la portada. Me pareció engreído, pero esto lo vamos a dejar en una cuestión secundaria. Lo importante era el estado civil. Él me había dicho que estaba divorciado y en facebook aparecía como casado… ¡jalás! No necesito averiguar nada más. Me he visto en tantas situaciones en las que los hombres inventan su estado civil y se presentan como solteros o divorciados, que no quiero más.

Fue fácil. Primero me olvidé de él, y es que no era para tanto (¿será orgullo o será que no me interesaba realmente?). En las varias semanas que han transcurrido desde aquella cita, solo me ha escrito un par de veces para quedar. Lo esquivé y ya no he vuelto a saber de él. Ni siquiera me he acordado. Quería cerrar el capítulo porque había lectores que me pidieron un seguimiento de esta historia. Y lo siento si decepciono a alguien… no ha habido historia.

Y ahora que he actualizado mi estado, puedo contar la anécdota de uno de aquellos días en que iba sola al Souq Waquif para escribir y fumar shisha. Parece que no haya más sitios en este país, siempre nombro lo mismo. Pero es que es así, aparte del Souq solo tenemos hoteles y centros comerciales… ¿qué se le va a hacer? El caso es que acabé mi tarde y me dirigí a la zona del parking. Por aquel entonces todavía no estaba construido el edificio con varias plantas de sótano donde ahora todos los coches tienen cabida. El parking viejo era una superficie al aire libre donde encontrar un sitio podía costar mucho tiempo. Mucho. Caminaba buscando mi coche cuando un todoterreno paró a mi lado y se bajó la ventanilla. El qatarí me preguntó si me iba y si podía aparcar en mi sitio. Le dije que sí, siempre y cuando fuera capaz de encontrar mi coche. Me ofreció a subir al suyo y ayudarme a buscarlo, así él tendría un sitio donde aparcar. Esto es algo que nunca habría hecho en España, pero estábamos en Qatar y, además, en un recinto cerrado. Las dos salidas tenían barreras móviles. Estaba a salvo.

Era un chico muy joven, aunque el traje nacional siempre pone años. Se presentó, me dio la mano e intentó ligar conmigo. Repetidas veces me ofreció ir a pasear al Corniche o volver al zoco para invitarme a un zumo. El chico insistió lo suyo y lo que más me llamó la atención es que me ofreció dinero. Pero creo que no lo hizo de una manera ofensiva, o al menos no era su intención. Tampoco creo que hubiera ningún malentendido sobre mi profesión. Lo que yo interpreté es que quería ser amable. No creo que se viera en muchas situaciones en las que poder hablar con una mujer a pelo descubierto y su forma de ser cortés era ofreciendo lo (¿único?) que tenía… dinero.

Y esta fue la primera vez y no la única en que un árabe me ha ofrecido dinero. Yo quiero pensar que siempre lo han hecho como un intento (bochornoso) de ser amables. No le he dado más importancia y se ha quedado siempre en una anécdota. Eso sí, soy tan orgullosa que antes me muero de hambre que acepto una oferta de este tipo.