Archivos del mes: 25 enero 2015

NO PENSAR PARA CREAR

Francisco RibesEn mis viajes a España dedico la mayor parte del tiempo a quedar con otras personas. Cafés, almuerzos y comidas se suceden a lo largo de los días. En mi última visita reservé las cenas para estar con mis padres, para compartir el final de cada día con ellos, tal y como me gustaría hacer muchos de los días que estoy aquí, viviendo en Qatar.

Me apenó no ver a algunas personas pero en el siguiente viaje recuperaré esas citas. El caso es que cada encuentro supuso para mí un momento diamante, como diría Juan Planes. Tengo la suerte de rodearme de personas interesantes y encantadoras y volver a verlas supuso una alegría para mi corazón.

Hoy voy a nombrar a una persona entrañable y llena de riqueza. Él es pintor y cuando vi sus últimas obras me cautivaron tanto que le pedí una base de datos… ¡quiero sus cuadros en mis proyectos! Se los enseñaré a mis clientes y el arte sensible y genuino de Francisco llegará a Oriente Medio. La imagen de esta entrada es uno des sus cuadros.

Le pregunté si seguía algún proceso antes de lanzarse frente al lienzo. Si visualizaba la imagen en su mente previamente, antes de plasmarla y si tenía algún tipo de procedimiento. ¡En absoluto!, me contestó. No pienso. Cada vez que empiezo una nueva obra no sé lo que va a salir… A veces medito previamentes para serenar mi mente y conectar conmigo mismo. Luego, cuando estoy pintando, me dejo llevar. Sus manos bailan solas, los colores aparecen y experimenta un profundo estado de fluidez.

Me despedí de él con alegría por haberlo visto de nuevo y me dirigí a las Torres de Serrano, donde había con Dolors para comer. Mientras buscábamos un barecito entre las sinuosas y estrechas calles de el Carmen, nos pusimos al día sobre nuestras vidas, o por lo menos, empezamos. Dolors y yo somos amigas desde la universidad. Alumna brillante y arquitecta extraordinaria, acostumbra a ofrecer al mundo su sonrisa sencilla y tímida. Yo siempre me he enterado de sus premios y reconocimientos profesionales a través de terceras personas. Es ten una arquitecta tan excelente como discreta. Por cierto, esto me recuerda que los méritos suelen ser inversamente proporcionales a los alardes.

Media hora después, y delante de una rica cerveza, le conté mi conversación con Francisco y le pregunté cómo proyectaba ella. Me dijo que no pensaba. Se ponía a dibujar y las líneas y los espacios iban surgiendo, como si tuvieran vida propia. Cuando trabaja en un proyecto, va probando y dibujando opciones. Poco a poco va “sintiendo” cuáles son buenas…

¡Gracias, Dolors! ¡Gracias, Francisco!, porque he empezado a liberarme de ataduras a la hora de proyectar, de diseñar, de decidir. Estoy apagando mi mente y confiando en mi experiencia y en mi subconsciente, quizá en alguna especie de intuición que todos poseemos y que en muchos casos dormida por falta de uso. Esto solo lo había experimetnado escribiendo. Mis mejores textos se han escrito “solos”, con mis manos fluyendo sobre el teclado o arrastrando un lápiz. Sin ideas estructuradas, sin que interviniera mi mente. Y sí, ¿por qué no hacer lo mismo con el diseño de espacios? Dispongo de las herramientas y el lenguaje necesario como para no necesitar el pensamiento.

Hay quien dice que durante el proceso creativo somos canales, que es Dios (el Universo o el subconsciente) quien realmente está creando a través de nosotros. Si nos dejamos ir y no ponemos oposición (mental), surgirá la magia, aparecerá la obra, porque todos somos capaces de crear.

Así que ya he empezado a aplicar esta actitud cuando proyecto, cuando defino espacios, cuando selecciono materiales. Los resultados son mejores. Menos matemáticos, menos racionales. En lugar de mirar el plano y decidir, de manera lógica, el camino a seguir, me dejo sentir, empatizo con el espacio. Escucho lo que el proyecto está pidiendo. De momento estoy satisfecha con los resultados y creo que va a mejorar con la práctica.

Y tú, ¿sueles realizar tu trabajo u otras actividades pensando o te dejas llevar? Si hasta ahora has sido lógico y racional, ¿te animas a parar el pensamiento y dejar que la obra fluya?

OTRO REGRESO

AeropuertoAterrizo en el aeropuerto de Doha, me siento cansada a causa del viaje. Viaje como trayecto que suponen los dos vuelos y el trasbordo en Estambul y viaje como las dos semanas transcurridas en España, con todas las actividades, reencuentros y emociones que supone.

El aeropuerto está desierto. Imagino que es por la fecha. Apenas ha transcurrido una hora y media desde que aterrizamos en este año 2.015. Aquí, porque en España todavía pasarán treinta minutos hasta que millones de personas tomen doce uvas al unísono.

Me dirijo hacia los controles, sorprendentemente vacíos y, de nuevo, mi cola es la que indica “otras nacionalidades”. Mientras avanzo en zigzag una atmósfera conocida y característica me envuelve. Es el aire, el aroma, son los sonidos. Es la escena en la que me encuentro. En dos años este ambiente se ha convertido en algo familiar para mí.

Un qatarí ataviado con su thobe me atiende. Revisa mi pasaporte mientras pregunta de dónde vengo. En lugar de sonreír, me ofrece una mueca seca y hastiada y el gesto me resulta agradable por lo familiar.

Mientras camino hacia la cinta que me devolverá mi maleta me siento cómoda. En casa. La sensación me resulta agradable y se mezcla con el aroma a incienso y perfume que emana de las tiendas del aeropuerto y embriaga el ambiente. Es la primera vez que piso este escenario porque no había volado después de la inauguración del nuevo aeropuerto. Los espacios son más modernos y delicados. Los materiales anuncian la ostentación que se vive en una parte del país, pero la esencia es la misma, ésa que me ha acogido los dos últimos años de mi vida y que se ha convertido en parte de mí. Vuelve a mi cabeza un pensamiento recurrente: “el día que regrese a Europa echaré de menos este país”.

Recuerdo la inquietud que había vivido unas horas antes en el aeropuerto de Estambul, que tan ajeno y extranjero me resultaba. Y a la vez, el recuerdo que tenía del viaje de ida, cuando perdí el vuelo a Valencia desde Turquía por despistarme, aunque esta anécdota la contaré completa en una entrada más adelante. El caso es que estoy en casa, en mi otra casa. La de aquí. Siento que Qatar me da la bienvenida. Agradezco ciertas comodidades que encuentro desde el primer momento.

De camino a casa y con el último retazo de energía que me queda, charlo con el taxista, de origen indio. Me dice que soy la primera clienta del año, se interesa por mi país de origen y me confirma que Doha sigue igual y en el mismo sitio que yo la dejé. Es curioso, utilizamos un inglés deshilachado y mal elaborado pero nos entendemos con naturalidad y facilidad. Y me parece más sencilla la comunicación que con la chica que conocí durante el vuelo. Su familia era de origen paquistaní y ella vive en Reino Unido. Era muy amable y hablaba perfectamente. Yo me esforzaba por utilizar un inglés correcto, algo que no necesitaba con el chico que me acercaba a casa.

Mi piso completó la bienvenida. El lugar que yo he organizado, el espacio que solamente yo habito me recibió con cariño.

Y así fue como la familiaridad de este entorno atenuó el regreso a Qatar después de las Navidades, tras esta visita a España, después del reencuentro con mi familia, mis amigos y mis lugares (mis lugares de allí).