Archivos del mes: 24 febrero 2014

Café y militares

Arabic_coffee 12Hace unos días entró un cliente en el showroom, estaba interesado en algunas de nuestras piezas para su villa. Para saber mejor lo que quería y para poder tomar medias, fuimos a su casa y nos entrevistamos con él. Yo no participé demasiado porque el cliente en cuestión hablaba casi todo el tiempo en árabe. Me limité a tomar medidas, apuntar lo que quería (previa traducción al inglés por parte de mi jefe) y a sonreír.

Segundo paso, elaborar varias propuestas. Maceteros, una mesa, revestimientos para una pared, un arco, seis columnas de mármol y dos aparadores. Yo preparé la presentación y mi manager se ocupó del presupuesto (cómo agradezco no involucrarme en la parte del dinero, los precios y los regateos constantes).

Esta mañana teníamos prevista otra reunión con el cliente para enseñarle la propuesta. Lo que yo no sabía es que nos había citado en su despacho porque era en horario de trabajo. Para ser más exactos, en el Ministerio de Defensa. Es militar. O algo así.

¡Ah! Por eso mi jefe había dado nuestros nombres cuando hablaba por teléfono. De nuevo… empezaba la aventura.

Al llegar a la barrera un militar quiere saber quiénes somos. Mi jefe baja mi ventanilla, el otro se asoma y pregunta algo en árabe. De repente vino a mi cabeza una escena de No sin mi hija. Cuando ella quiere salir del país y pasan uno de los controles. Por supuesto, no puede dirigirle palabra alguna al de seguridad, ni siquiera puede mirarle a los ojos porque es una mujer. A pesar de que vi la película hace muchos años todavía recuerdo la tensión del momento. El caso es que a mi derecha había un árabe de entre treinta y cuarenta años, con ojos grandes, tez morena, mentón afilado y barba perfectamente arreglada. Me sentí relajada. Viví el momento con naturalidad. El ambiente era tranquilo y distendido. ¡Cuándo daño al mundo han hecho ciertos libros y películas! O mejor dicho, la manera que algunos lectores o espectadores han tenido de interpretarlos…

El caso es que el chico había hecho una pregunta, mi jefe contestó con su nombre y cuando iba a decir el mío, viendo el color de mi piel y mi pelo descubierto, el guardia preguntó ¿Ispani? Por lo visto estaban avisados de que iba a ir una esapañola. Naam, naam, Ispani, contestó éste. A partir de ahí, pasamos varios controles más. La seguridad era leve, casi por cumplir. Cuando me veían preguntaban ¿”Ispani”? Y después de aparcar, nos condujeron hasta el despacho de nuestro cliente.

El edificio tenía sesenta años. Era austero, sencillo, carecía de cualquier tipo de alarde ornamental. Lo mismo sucedía con el despacho en el que tuvimos la reunión. Era una oficina muy espaciosa, con cómodos sillones para las visitas (no había sillas) y una alfombra en el medio. Saludamos, tomamos asiento y un chico llegó con un incensario que dejó sobre la mesa de centro. Me gusta cómo cuidan algunos sentidos estos árabes.

En lugar de comenzar la reunión, llego el chico del té. Nos ofreció unos dulces. A mí primero, claro, por ser mujer. No sé lo que era, pero estaba rico. Y luego llegó el café. Había leído sobre este protocolo, pero era la primera vez que lo vivía. Café árabe (no turco, que es diferente), con un color entre amarillo y marrón. Lo sirven en unas tazas muy pequeñas y ponen poca cantidad. Mientras te lo bebes el chico está revoloteando para añadirte más. En ese momento recordé que la etiqueta dice que si no quieres más tienes que agitar el vasito con un gesto y te lo recogerán en lugar de añadir. Y queriendo hacerlo, imaginando mi mano con ese movimiento, extendí el brazo y dije “no more, thank you”. Geles, si te lo sabías, ¿por qué no los has hecho? Lo bueno es que al qatarí le resultó simpático mi gesto tan europeo e inocente y me explicó con una sonrisa que si no quería más, moviera la taza. Yo reí y dije… “¡es verdad, lo había leído!” Mi contestación todavía le hizo más gracia.

Acabado el ritual comenzó la reunión propiamente dicha. Yo no participé mucho porque era en árabe, pero noté que hablaban de la propuesta y también de la vida. Mucho guiri guiri, como dicen aquí. Sentí envidia de mi jefe porque él sabe hablar árabe y, proponiéndome estudiar con más seriedad el idioma, disfruté de la ocasión desde mi asiento.

Más aventuras en próximas entradas.

Vendiendo mármol

-landscapeDesde que cambié de empleo he estado reflexionando, comparando y analizando las diferencias entre uno y otro. Mi labor es muy diferente en esta empresa. Principalmente me dedico a tratar con los clientes, a presentar el producto y a labores propias de un comercial.

Aunque pensaba al principio que no sabía de esto y que carecía de experiencia, he sacado de la mochila lo que aprendí en mis años como autónoma. Una etapa en la que, además de elaborar los proyectos, tenía que salir a la calle y buscar clientes. Venderles, mimarlos, cuidarlos.

Estoy entretenida. No consiste sólo en mercadear. En cada reunión, en cada presentación me llevo algo. Es más, cuando estoy con el cliente, me olvido de que tengo que vender, nunca pienso en las comisiones ni en los números. Comparto un rato con otra persona. Procuro pasármelo bien como hago cuando estoy con mis amigos. Intento que el otro esté a gusto y me enamoro cada vez más de nuestras obras de mármol y de nuestras piedras semipreciosas.

Reconozco que lo tengo fácil. Cuando estaba en España y me llamaba un representante, atendía con amabilidad, pero no me entusiasmaba la idea. Creo que en Europa nos sentíamos saturados de información, de proveedores, de gente que nos quiere vender. Sin embargo aquí el mercado está fresco, ávido de información, con ganas de que les contemos. Nuestro producto es exquisito. Y, además, yo lo pongo una cierta gracia.

El hecho de ser mujer me abre muchas puertas. La mayoría de las visitas las hago a hombres. Ingenieros, arquitectos, diseñadores de interiores o particulares. Y en esta cultura no pueden hacerle un feo a una mujer, así que siempre me dan cita para visitarlos o me atienden con amabilidad si les atraco en la oficina de la obra.

En el caso de las clientas locales, el hecho de relacionarse con una mujer les resulta sencillo, cómodo. Esa es una de las razones por las que me contrataron: las qataríes quieren tratar con mujeres. Algunas vienen a la tienda, escondidas tras sus abayas, y se relajan al hablar con mi compañera y conmigo. Mi jefe nunca les da su tarjeta, sería inapropiado. Lo hago yo.

Otro perfil que he encontrado es el formado por arquitectas y diseñadoras que han venido, como yo, en busca de un trabajo, una aventura o ambas razones a la vez. Suelen ser jóvenes, dinámicas, voluntariosas. Ponen entusiasmo y energía en lo que hacen. Como curiosidad, suelo conectar más fácilmente con las que proceden de países árabes, ya sean ellas cristianas o musulmanas. En esta cultura se valora mucho la hospitalidad, el cuidado de la otra persona y las relaciones humanas. De hecho, me siento cómoda. Cuando me reúno con alguien a quien ya he tratado varias veces, me tratan como a una persona cercana, casi de su familia.

Que te inviten a té o a café es casi obligatorio. Y el tiempo de compartir esa bebida da para charlar sobre el mármol y sobre la vida.

Por eso disfruto. Por la parte humana de mi trabajo. Por la relación con las personas. Y porque cada reunión es diferente. El otro tiene un origen distinto, una cultura, una religión, un pasado… Y al mismo tiempo establecemos puentes, alianzas, vínculos. ¿No es maravilloso? Las diferencias más que separar, nos unen. Y nos enriquecen.

Hace unos días visité un ingeniero en la oficina de la obra. Suerte que España solía visitar la obra muy a menudo, así que me siento cómoda en ese contexto tan masculino. El caso es que le enseñé las muestras, le conté sobre nuestros productos, me invitó a un delicioso café turco y estuvimos charlando. Me dijo que no conocía a nadie de mi país y que era la primera vez que hablaba con un español.

Así que aquí cada día es nuevo, cada momento es fresco y todos nos impregnamos de los otros. Por eso me lo paso tan bien.

Representaciones humanas animalísticas

LeonesTodavía recuerdo uno de los temas de historia de la arquitectura en la Universidad. La Alhambra. Edificio emblemático donde los haya. Para mí, uno de los mejores (si no el mejor) de todos los tiempos. Al-Andalus dio mucho de sí y prueba de ello son las obras de arte que hoy conservamos. Nos explicó la profesora (qué maravillosa profesora, Victoria) que el Patio de los Leones de la Alhambra era una excepción a la costumbre que tenían los musulmanes de no representar animales ni personas en sus obras.

Sólo Dios puede crearlos y ninguna persona puede intentar imitarlo.

¿Y quién me iba a decir a mí que quince años después conviviría con esta cuestión? En el showroom no tenemos representaciones, pero sí hay algunas imágenes entre nuestros archivos. Nuestro producto es mármol tallado a mano. No podemos ignorar la escultura y arquitectura clásicas. Grecia y Roma. Su influencia en el Renacimiento y la forma de imitarla en el Neoclasicismo.

El caso es que tenemos un cliente qatarí, un artista que es un poco excéntrico y le divierte ser diferente. Cuando lo conocí me sorprendí de manera positiva, pues era la primera vez que trataba con un musulmán que no disimulaba su orientación sexual. Por desgracia, la homosexualidad está prohibida en el Islam y aquí es un tema tabú. Éste es uno de los pocos puntos que no me gustan de la cultura árabe.

El caso es que nuestro cliente vino un día con su amigo a la tienda y cada uno de ellos eligió varias piezas para sus respectivas villas. Nuestro diseñador eligió una chimenea de estilo Art Nuveau, con motivos florales y tres medallones con cabezas esculpidas: dos de leones y una de ángel.

Cuando estaba eligiéndola, mi jefe le preguntó sorprendido si la quería tal cual, pues aparecían las tres cabezas esculpidas y él dijo que sí. Luego me quedé yo de cháchara con él y su amigo, mientras se preparaban los contratos. ¡Cómo me gusta esta parte de mi trabajo! Dar conversación, atender y entretener a los clientes. Y la mayoría son árabes, con lo cual, todavía más motivación. El caso es que yo le volví a preguntar sorprendida si quería la chimenea con las tres cabezas y volvió a confirmarnos que sí. Me dio la sensación de que era un poco provocador. Un artista excéntrico, o al menos, ése era su papel. El rol que desarrollaba.

Al día siguiente mi jefe me dijo que había cancelado la venta y le había propuesto devolverle el cheque u ofrecerle otra chimenea de precio superior a la que había elegido. La representación de animales o figuras humanas no está alineada con los preceptos del Islam. Es más, si vendemos una pieza así en Qatar, nuestro sponsor se sentirá descontento. Así que entre los valores de la empresa, que vamos construyendo poco a poco, se encuentra el no suministrar ningún elemento con representaciones humanas o animalísticas, al menos en un país musulmán.

Y con esto, concluyo la anécdota de la semana.

Contaré otras según sucedan. Este nuevo empleo da mucho de sí y diversión aquí no nos falta.

Un mundo para elegir

Dubai siDe nuevo me encuentro abierta a los cambios, dispuesta a explorar nuevos caminos. ¿Por qué no? Todo es posible. Tras algo más de un año en Qatar, voy por mi tercera casa, mi segundo empleo y pronto, por mi cuarto coche.

En mi vida han aparecido muchas personas. Distintas culturas, razas, idiomas. He encontrado amigos, conocido clientes, tratado con gente de lo más diversa. Sin perder mi norte y sin descentrarme, me he sentido embriagada de emociones. Alegría, añoranza, entusiasmo, momentos de euforia. Incluso, miedo.

No sé hasta qué punto me he dejado llevar por los acontecimientos, qué parte he elegido y cuánto ha sido decidido de manera inconsciente. Siento que Dios me acompaña y que el Universo se ocupará de que cada paso sea el que me corresponda dar. Me siento en constante crecimiento y tengo la sensación de que mi vida trascurre más deprisa que nunca. No sé si será una forma de vida (como diría mi amiga Carmen) o se trata de algo temporal.

Y me pregunto si me estoy perdiendo. O si me estoy dejando llevar cual hoja al viento. ¿Recuerdo dónde quiero llegar? Porque lo de disfrutar del momento sí que lo hago. Pero no sé muy bien si estoy alineada con mis objetivos vitales. ¿Lo estoy? Pues creo que sí. No obstante, no tengo claro que vaya siguiendo el camino más corto. ¿Esto es bueno? ¿Es malo? No lo sé…

¿Y si cambio de trabajo? Me gusta lo que hago, pero en cualquier otro sitio me pagarían mejor. Pero si yo siempre he dicho que el dinero no es lo más importante… Ya, pero es un aliciente. Y si hacemos un pequeño giro, ¿qué tal sería vivir en Dubai? No me asusta el cambio, al contrario, se ha convertido en algo natural en mi vida. Camino con poco equipaje. Sólo tengo que buscar un empleo, todo lo demás será fácil. ¿Ahora que me conozco la ciudad? Podría conducir en Doha con los ojos cerrados. Y probablemente, no lo haría mucho peor que muchos coches que circulan por ahí. ¿O es que ahora que me la conozco se ha terminado la motivación? ¿Y mis amigos? He pasado suficientemente tiempo con ellos como para mantener la relación. Con algunos de ellos, para siempre. ¿Y conocer gente nueva? Pues forma parte de la vida. Nuevos retos. Geles, ¿no estás exhausta? No lo sé. ¿Todavía tienes energía para empezar de nuevo, en otra ciudad? Pues creo que sí. ¿No es acaso la vida un empezar de nuevo cada día?

Si me mudo, quizá sea mejor centrarme en mí y no tratar de establecer relaciones. Necesito reencontrarme. ¿O acaso no estoy en estrecho contacto conmigo misma? Todo a mi alrededor se mueve, pero por dentro mantengo el equilibrio. Todo lo demás… simplemente está fuera. Pasa, sucede… ¿No tengo tiempo para mí o en realidad todo el tiempo me pertenece?

Ya no me asusta buscar un empleo, cambiar de país, aprender otras lenguas…

No me da pereza cambiar. Volver a empezar. Aunque nunca es empezar. Es un continuar. Y la vida fluye. Ni se para ni arranca, sino que va siguiendo su curso.

Quizá deba recordar cuál era mi rumbo. O cuál quiero que sea. Caminar está bien. Pero no quiero olvidar hacia dónde me dirijo. ¿Forman estos cambios parte de mi destino final o me estoy dejando llevar por las circunstancias? ¿Estoy hecha un lío o es claridad lo que hay en mi corazón?

Más noticias en las siguientes entradas.

¿Tú estás hecho un lío o sabes hacia dónde vas? ¿Te dejas llevar? ¿Eliges los cambios según corazonadas, circunstancias o un mapa de ruta que trazaste al principio del camino?

¡Ah! Hay una cuestión que tengo muy clara. Haga lo que haga, voy a ser feliz. Voy a seguir siendo feliz. Porque lo decidí hace mucho tiempo y lo pongo en práctica a diario. Pase lo que pase, tome el camino que tome.