Archivos del mes: 29 julio 2012

¿Intuición?

Intuición… ¡menuda palabra! A pesar de llevar unos años con este concepto presente en mi vida, todavía no sé del todo qué significa.

En mi trabajo como proyectista sigo una metodología. Muchos de los pasos en la elaboración de un proyecto están estipulados de algún medo. Pero, ¿todo es proceso, una serie de fases marcadas? Yo creo que no. Cada vez más me guío por la intuición. No sola, por supuesto, sino acompañando a la razón y entrelazándola de un modo armonioso con la estructura más racional y calmada.

Razón e intuición. Según entendí en un programa de Redes, la intuición es un razonamiento tremendamente rápido que realiza nuestro subconsciente. Se basa en análisis, datos y experiencias anteriores. No es azarosa ni caprichosa.

A lo largo de una gran parte de mi vida he interpretado el mundo basándome en la razón, la lógica y la estadística pero he vivido situaciones que han puesto este paradigma en duda. Y, sinceramente, me siento descolocada.

En los últimos años he decidido escuchar esa “vocecilla” que susurra y que, aparentemente, no tiene explicación lógica. Como todavía mantengo una postura bastante científica, la escucho y después busco razones lógicas que la avalen. ¿Tú lo has hecho alguna vez? Tomas una decisión basándote en una corazonada y después la justificas. De hecho, siempre vamos a encontrar argumentos a favor y en contra de cualquier postura.

El caso es que me ha funcionado. En la forma de proceder con mis proyectos, en la relación con mis clientes, en la organización de mi despacho. Cuando atiendo al instinto suelo acabar bien. Y también, en las cuestiones personales.

No obstante, me descoloca. Mi tía Mari Carmen me dice que presiente acontecimientos. Y no puedo hacerle oídos sordos cuando, sin saberlo, me ha hecho unas preguntas de lo más curiosas. Puede ser casualidad, por supuesto. Pero formular hipótesis con una cierta relevancia –sin saberlo- y teniendo una posibilidad entre setecientas de haberlo hecho, es inquietante.

¿Y tú? ¿Escuchas tu intuición? Bien sea nuestro rápido subconsciente o una especie de pálpito. ¿Consideras las advertencias de la “vocecilla”?

¿Has tenido alguna experiencia capaz de poner en crisis unos modelos racionales, lógicos y estadísticos del mundo?  Pues te invito a considerarlo. Y sin cometer imprudencias, ¿nos animamos a seguir la voz del instinto? Dicen que si aprendes a escucharla, la intuición cada vez está más presente. ¡A ver qué nos dice!

Patios, terrazas y verano

¿Te gusta el verano? ¿Lo disfrutas? Debo reconocer que no es mi estación favorita aunque sí la de mucha gente. El calor invita a salir, a pasar más horas fuera. A compartir nuestro tiempo con las personas con las que nos sentimos a gusto. Los que estamos cerca de la costa tenemos mar y en el interior hay montañas, ríos y muchas zonas para disfrutar.

Por otra parte, uno de mis espacios favoritos en una vivienda es el patio. Tenemos la suerte de poder disfrutarlo durante muchos meses a lo largo del año. Es curioso, para proyectar un patio parece que lo que hay que hacer es no construir nada en un espacio. Pero eso no quiere decir que no se piensen y se diseñen. Estoy trabajando en una vivienda unifamiliar que tendrá un estupendo patio al que vuelcan los espacios principales de la casa. Es una maravilla, disfruto dibujando y pensando en la calidad de esa zona y de los habitáculos que vuelcan a él.

El patio de mi casa de Henarejos es uno de mis lugares favoritos. Por los momentos allí vividos, por todas las cenas que he celebrado con mi familia y con mis amigos. Por los días de vacaciones que me he quedado sola y he desayunado allí, tranquilamente. Ese espacio tiene un encanto especial. Y hace poco he descubierto que mis padres lo sienten de la misma manera. ¡Qué maravilla estar ese lugar! Sola o con compañía. Cuando voy y me siento junto al jardín, el resto del mundo desaparece. Los problemas se quedan fuera y solo queda tiempo para compartir, para recargarse de paz y para divertirnos.

Otra maravilla del verano son las terrazas de los bares y restaurantes. Este fin de semana nuestros amigos de Castellón nos han invitado a su casa de Benicàssim. ¡Cómo hemos disfrutado! La buena compañía, el mar, el descanso merecido y esas cervecitas en la terraza del bar, a escasos metros de la playa. Simplemente, disfrutando del momento. Sin pensar en nada más, sin mirar el reloj. Fluyendo. Escuchando el murmullo de las olas y sintiendo la brisa marina en la piel… Y voy a dejar las descripciones porque este texto corre el riesgo de empezar a ser demasiado cursi.

En definitiva, que los patios y terrazas son espacios importantísimos de las viviendas y de los locales. Desde primero de carrera estudiamos la tipología de “casa-patio” y tomábamos conciencia de que, aunque en casi todas las latitudes se construyen, en la zona mediterránea tienen una especial importancia.

¿Vives o has vivido en una casa con patio? ¿Cómo lo has disfrutado? ¿Y los balcones o terrazas de tu casa? Muchas personas viven en edificios plurifamiliares con terraza comunitaria y no la suelen aprovechar. Si es tu caso, ¿has organizado alguna cena en la azotea?

¿Y en las terrazas de verano? ¿Qué recuerdos tienes? ¿Has compartido esos espacios con gente a la que quieres? Yo atesoro recuerdos de momentos preciosos a lo largo de mi vida. Un helado, una horchata o una cerveza, el resguardo de una sombrilla, un toldo o un buen árbol y buena compañía. Propongo buscar en nuestra memoria para saborear esos recuerdos y, por supuesto, vivir mucho otros nuevos.

Qué configura una calle

¿Qué es una calle? Esta es una de esas preguntas que admite múltiples respuestas, desde muchos y diferentes puntos de vista. Si no recuerdo mal, en la universidad me enseñaron que era un espacio urbano, público, lineal y definido por edificaciones a ambos lados. No sé si a mis profesores de urbanismo les parecerá bien esta definición pero creo que nos sirve. Y yo voy a poner en relevancia un elemento imprescindible que configura una calle. Sus gentes.

Algunas calles son anchas, tienen muchos carriles, aceras amplias y altos edificios. Otras son estrechitas y están definidas por casas de pocas alturas. Entre estos dos extremos existe una inmensidad de tipos. Con mucho tráfico o con poco. O peatonales, incluso. Con vegetación o sin ella. Y todos sabemos qué diferente resulta pasear por un vial con árboles y por otro sin ellos.

Calles con distintos pavimentos. Sin asfaltar. Con poca iluminación o llenas de farolas. Con fachadas modernas, tradicionales, cuidadas, desaliñadas…

Desde el punto de vista urbanístico las variables a analizar son casi infinitas. Pero la que a mí me ha hecho pensar los últimos días tiene un cariz social. ¿Por qué hay calles en las que nos sentimos tan acogidos y otras en que sucede todo lo contrario? Por sus gentes. Por supuesto, también son importantes aspectos del diseño de estos espacios públicos, pero hoy voy a centrarme en las personas y lo haré con dos ejemplos.

Hace diez años estuve en Marsella, estudiando mi Erasmus. Una ciudad demasiado cosmopolita para la persona que yo era. Podías recorrer la rue de Canebière y haber escuchado doce idiomas diferentes. Creo que no estaba preparada (¿o sí?) para un despliegue tan multicultural y pasear por las calles de aquella ciudad me hacía sentir desprotegida. Sola. Aun cuando iba con mis amigas. Aquella vivencia duró un curso escolar y me ayudó a entender y a apreciar la diversidad, la heterogeneidad. En aquella época me costaba disfrutar de un plato con múltiples sabores. Resultaba más fácil si solamente era salado o dulce. O amargo. Hoy soy capaz de saborear una rica mezcla.

El otro caso está en Cuenca. San Martín de Boniches. Es el pueblo del que era mi abuela y donde vivió mi madre durante un tiempo. Durante muchos años iba allí en verano y es uno de los lugares donde mejor acogida me he sentido de toda mi vida. Todo el mundo ha querido mucho a la familia de mi madre. Y también a mi padre, que es del pueblo de al lado, Henarejos, y se casó con “la mayor de la Engracia”. Y también me han querido a mí. Y, por cierto, me han llamado la henarejera.

Aunque hace años que vendieron la casa de mi abuela, yo sigo yendo de vez en cuando. Todo el mundo me saluda y se alegra de verme. Siempre hay varias personas que me ofrecen quedarme en su casa a comer. Y a mí estos gestos me alimentan el alma.

Conservo muchos amigos de San Martín. Aunque no tengo una relación frecuente con ellos sí mantengo el contacto y el cariño hacia ellos. Con esas personas y en esas calles he vivido momentos muy importantes de mi biografía. No sería la misma sin esa parte de mi historia, sin mi grupo de amigos, sin Vero y sin esas aventuras de la adolescencia. En aquellas calles.

Y tú, ¿en qué calles has tenido distintas percepciones? ¿Qué vivencias “en las calles” forman parte de lo que hoy eres? Y por último, lo que las hace tan especiales ¿realmente son las personas que las viven y las transitan?

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Disciplina y grandes obras

Hace tres días estuve en un campus deportivo en el que participa mi amigo Emilio como monitor y entrenador de balonmano. A pesar de que tan solo pasé una tarde y una noche allí, disfruté mucho de mi estancia y me llevé algunas reflexiones.

El campus tenía lugar en un colegio. Las aulas se habían convertido en dormitorios de un modo muy natural, cambiando pupitres por camas. Esto me recordó a los espacios versátiles de los que ya hablé hace un tiempo. ¡Qué sensación más agradable fue habitar ese particular campamento! Es un ejemplo perfecto de aprovechamiento de equipamientos públicos.

Pero la esencia con la que volví de mi visita fueron las personas que conocí. Un grupo de monitores se encargaba de que aquellos niños tuvieran una semana de convivencias, de deporte, de diversión y de trabajo personal. El grupo constaba de más de cuarenta chicos y chicas con edades comprendidas entre cuatro y dieciocho años. Y estaban dirigidos, muy bien dirigidos, por un equipo de monitores que tenían como vínculo el balonmano y una sana amistad.

Los monitores, incluido mi amigo Emilio, habían sido deportistas de élite y esto, de algún modo, se percibía. En la organización, en la estructura del campamento, en las actividades y en la actitud que transmitían a los chavales. Trabajo, constancia, dedicación y mucho esfuerzo. Estos ingredientes –entre otros- los habían llevado a ellos a lo más alto. Y por medio del deporte y la convivencia, los transmitían a los alumnos.

¡Qué buen ejemplo tuve aquella tarde! A veces nos viene bien un soplo de inspiración. Personas que suponen un ejemplo a seguir y que nos recuerdan que si trabajamos mucho y tenemos una buena estrategia podemos conseguir grandes logros. Yo, en mi caso, me traje más ganas y una motivación renovada para dedicar a mis proyectos. Para hacer de cada casa y de cada reforma un trabajo bien hecho. Con dedicación, con esmero, con mucho esfuerzo. ¿Te lo propones tú también?

Por supuesto, estos entrenadores eran “personas normales”. A menudo tendemos a pensar que determinados logros solo los consiguen “otros”. Pues no, a estos resultados llegan gente como tú y como yo, hechos del mismo material que nosotros. Y bien sabemos cuál es el camino. El del trabajo. ¿Nos animamos a hacer nuestras tareas un poquito mejor? Con más dedicación, con esfuerzo y con pasión en cada paso que demos.

Además, eran personas muy agradables en el trato. Cordiales, sociables y humildes. Cada uno de ellos, un ejemplo a seguir.

Creo que con esto me he ganado una invitación para el año que viene. Bromas aparte, fue una experiencia divertida y muy rica. Me recordó el valor del trabajo, del esfuerzo y de la disciplina: ingredientes indispensables para conseguir nuestros objetivos y unos trabajos bien hechos. ¿Nos animamos?

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Imitar o interpretar

Hace más de diez años que leí El lenguaje clásico de la arquitectura, un libro de John Summerson. En su momento estuve reflexionando sobre su contenido y me di cuenta de que el mensaje de Summerson es aplicable a muchos otros lenguajes.

No voy a explayarme demasiado en lo que cuenta. Si te interesan la arquitectura y el arte clásico, te animo a su lectura. Aunque es riguroso, se lee rápido y tiene muchas imágenes. El caso es que habla de columnas, de entablamentos y de otros elementos de la Roma y la Grecia Clásicas. Se utilizaron en su momento y se retomaron en el Renacimiento. ¿Cómo? Aprendiendo este lenguaje e interpretándolo. Los grandes, como Bramante y Palladio, entendieron bien la esencia, la gramática y el significado de cada elemento. Y crearon nuevos edificios utilizando esos componentes, conjugándolos. No conocían el copia-pega. Cada una de sus obras eran creaciones nuevas y clásicas a la vez. ¡Una arquitectura impresionante!

Después pasaron unos siglos y llegó el Neoclasicismo, acompañado de ciertas corrientes de pensamiento. Con una fascinación por “lo puro” y un espíritu de arqueólogos. ¿Y qué hicieron? Copiaron. Sí, ¡imitaron! Sus edificios, la disposición de las columnatas, las combinaciones de volúmenes… En fin, copiaron.

Y no voy a atreverme a decir que lo que hicieron los arquitectos del Neoclasicismo estuviera mal. Incluso, mi interpretación ha sido demasiado simplista. Pero para el mensaje que quiero transmitir creo que me sirve.

¿Sabes diferenciar, en el comportamiento de las personas, alguien que es “auténtico” de otro “que copia”? Por ejemplo, en la forma de hablar. Nuestro rico lenguaje nos da infinitas posibilidades y no hay dos hablas iguales. ¿Has observado alguna vez a una persona que imita a otra? Yo sigo convencida de que la prima de una amiga mía plagiaba a mi amiga -su prima- en el estilo de expresarse, de comunicarse. Mi amiga es muy genuina, todo hay que decirlo. Y su prima utilizaba expresiones, ritmos, tono, etc. sospechosamente similares.

¿Y en las pautas de comportamiento? Está claro que los seres humanos aprendemos por imitación. Pero a mí me gusta lo de imitar para aprender “el lenguaje”. Después, ¡hazlo tuyo! Cada uno de nosotros tiene una serie de características únicas. Aprende de los otros pero no los imites. Integra cada elemento que quieras incorporar a tu persona. Si lo haces bien, como los arquitectos del Renacimiento, acabarás siendo una verdadera obra de arte.

¿Y de quién aprender? Pues de los grandes, de los mejores. ¿De qué fuentes bebieron Alberti y Brunelleschi? Pues de la mismísima Roma y Grecia clásicas, de aquél momento de la historia tan grandioso. Pues lo mismo vamos a hacer nosotros, fijarnos en los extraordinarios.

Por tanto, primero pondremos atención en los grandes, en los mejores. Que pueden ser personajes de la historia o uno de esos seres especiales que tenemos muy cerquita, entre nuestros amigos y familia. Después aprenderemos de ellos el lenguaje. Y, por últimos lo “haremos nuestro”, lo integraremos en nuestra persona, sin copiar, ¡interpretando!

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