Archivos del mes: 30 agosto 2014

Atrapada

Qatar-manVarias personas me han preguntado si todo va bien, pues me he mantenido bastante silenciosa últimamente. Y, de repente, soy consciente de que ha pasado el verano sin que me haya dado cuenta. Quizá porque he pasado un tiempo “p’adentro”, en un estado introspectivo.

Y también porque este trabajo, que es a un tiempo condena y salvación, me ha mantenido absorta, casi apartada del mundo. Para lo bueno y para lo malo. Por una parte, me atrae, me absorbe, me atrapa y consigue mantenerme en estado de fluidez durante horas. Normalmente no miro el reloj y tengo la sensación de que las semanas vuelan. Me reta a nivel intelectual y emocional.

Por otro lado, ocupa mucho tiempo de mi vida. Solo descanso un día cada semana y las jornadas son largas, dejando poco tiempo para el ocio, para mi vida, para mí.

Me habría gustado haber ido a España en agosto, pasar unos días en Cuenca y descansar con mis padres. No fue y ahora me doy cuenta de que no sé cuándo podré viajar. Me siento de algún modo atrapada en este país por cuestiones burocráticas y no pediré vacaciones hasta que no se resuelva mi visado.

Para viajar fuera de Qatar necesitas un permiso de la persona que te esponsorice, en mi caso, mi antiguo jefe, un arquitecto afgano. Hace meses que me concedió el permiso –también requerido- para trabajar en otra empresa y la nueva me solicitó como empleada. Todavía no lo han aprobado. ¿Por qué? Porque nuestra oficina es demasiado pequeña para que convivan hombres y mujeres. Si los del ministerio de trabajo vinieran se darían cuenta de que tengo un despacho para mí sola, incluso, con mi propio cuarto de baño.

El caso es que la deniegan y estoy esperando a que nos mudemos de oficina para que me autoricen a trabajar junto a varones. Pero primero deberán concedernos el permiso de obras que solicitamos en junio. En algunos aspectos no echo de menos a la administración española.

Total, que si quiero salir del país he de pedir el exit permit a mi antiguo jefe y eso supone recordarle que todavía estoy a su cargo, a pesar de que hace meses me dio un ultimátum (que conste que no me quejo, que en octubre dejé su empresa y bastante ha hecho).

Mientras tanto, sigo a la espera de que me transfieran el visado, que el Estado apruebe que trabaje junto a personas del otro sexo. Señores qataríes, nada pecaminoso existe en ello, además, visto con modestia, sin mostrar piernas, ni hombros (como mucho, el antebrazo). Camisas anchas disimulan la forma de mi cuerpo y coloridos pañuelos cubren mi cuello y mi busto.

Tampoco toco a los varones, solo un apretón de manos cuando uno de mis compañeros o mi jefe ha estado fuera.

Tan pronto como me transfieran el visado, pediré unos días de vacaciones para viajar a España.

He odiado a cuantos compartían información sobre sus vacaciones por vías varias, especialmente, a los que lo hacían sobre la Serranía de Cuenca. Mi única salida, mi vía de escape este tiempo ha sido mi trabajo (condena y salvación), mis proyectos y mis villas.

Te preguntaría qué has hecho en verano, si has disfrutado de vacaciones, de montaña, de la magia de algún pueblo del interior. Si has vestido faldas y tirantes, si has bailado en verbenas o si has tomado cerveza. Pero no voy a hacerlo porque si alguna respuesta es afirmativa, te odio. Te envidio y te odio.

Cerraré este texto con otra pregunta, ¿qué ha sido, alguna vez en tu vida, condena y salvación al mismo tiempo?

Cuando el proyecto hace clic

1El proceso de diseño en arquitectura suele comenzar con un papel casi en blanco. Y digo casi porque solemos partir con una parcela que tiene una determinada forma, con un programa por parte del cliente y con una normativa urbanística. A partir de ahí comienza el juego. Visualización de imágenes, ideas abstractas e intenciones se van sucediendo y nosotros vamos dibujando. Probando, experimentando. Es importante no descartar ninguna propuesta, por loca que parezca. Las ideas más extravagantes se dibujan, se analizan, se comprueban y después, se pueden incluir o descartar.

Solemos trabajar de lo global a lo particular. Empezamos por lo general, a una escala grande y después, poco a poco, hacemos zoom hasta llegar a los detalles. En una primera etapa necesitamos las líneas globales del proyecto, lo fundamental, los ejes de su personalidad. Hasta encontrarlo necesitamos divagar y comprobar las distintas opciones que se nos van ocurriendo o que el propio proyecto nos pide. Con cada una probamos y después analizamos. A veces no funciona. En ocasiones, no es la solución pero puede abrir caminos y en otras… voilà! Notamos que el proyecto hace clic. ¿Cómo sabemos que esa opción es la buena? Porque todo cuadra. Dibujamos, calculamos superficies, analizamos circulaciones, revisamos las proporciones y proyecto parece bailar pidiéndote que continúes trabajando por ese camino porque ES el apropiado.

Puede ser que casi todo cuadre pero nos falle la estructura. O las fachadas. Las circulaciones, la relación entre dos espacios, las instalaciones… En ese caso seguimos buscando. Con propuestas nuevas o modificando las que en no funcionan.

Entiendo que sucede lo mismo cuando estamos preparando cualquier tipo de proyecto en nuestra vida personal o profesional. Partimos de una base y necesitamos la estructura de lo que vamos a llevar a cabo. Ahí empezamos a plantear posibilidades y a combinar opciones. Introducimos en ocasiones ideas creativas o nos basamos en experiencias anteriores.

¿Cuándo has pronunciado por última vez un “¡ya lo tengo!”? Ése es el momento al que me refiero, cuando todo hace clic. Las piezas encajan, el eureka. Por supuesto, no llega solo a modo de idea feliz, es el resultado de un trabajo, de un proceso. Proceso que puede ser más sencillo o directo cuando se posee una cierta experiencia. O quizá más rico y creativo en alguna ocasión en que la experiencia no sea tan dilatada y nos permita experimentar.

Este clic también lo escuchamos con las entre dos personas, o con un grupo. A menudo conocemos a alguien, hablamos con esta nueva persona durante diez minutos y ya podemos intuir si seríamos amigos o no. Es gratificante cuando escuchamos ese encaje, esa adaptación. Existe una explicación ciertamente mística que atribuye el vínculo a relaciones en vidas pasadas. En cualquier caso, es muy agradable coincidir con alguien y sentir rápidamente esa conexión.

Ahora que convivo con diversas culturas noto que con españoles es mucho más fácil escuchar ese clic. No solo por la cuestión del idioma, que también. Es porque sintonizamos la misma cultura y porque los perfiles de las personas que están aquí son muy similares al mío.

¿Cuándo has hecho clic por última vez con una persona nueva o un grupo al que acabas de conocer? ¿Cómo notas esa sintonía, ese encaje? ¿Nos animamos a observar cuándo suceden estas conexiones?

¿Hablamos de chimeneas?

ChimeneaSí, de chimeneas. Porque siempre me han parecido un elemento emblemático, mucho más allá de una simple pieza de decoración en estancias. Empecemos por el principio, las palabas hogar y hoguera provienen del latín focāris, derivado de focus (fuego). Y por extensión, hogar referido a la casa.

En épocas en que la tecnología de las instalaciones y de la construcción estaba menos desarrollada, la climatización de la vivienda se conseguía quemando madera, quemando leña. Las chimeneas eran el espacio creado con este fin y provistas de un tiro vertical que sacaba los humos al exterior. En muchas casas la lumbre era el único foco de calor en invierno y la familia se reunía en torno a él. Si tenemos en cuenta que en el pasado no había televisión, ni internet, ni redes sociales, era alrededor del fuego donde se alimentaban las relaciones, donde se compartía tiempo y donde se disfrutaba del descanso en el hogar. Por tanto, estas hogueras dentro de casa no calentaban solo la materia sino que creaban momentos, uniones. Caldeaban el alma y reconfortaban a ambos niveles.

En el interior de España es muy habitual seguir utilizando chimeneas para calefactar la sala principal de la vivienda. No sé muy bien si esto es por inercia, por cierta facilidad para obtener la materia prima en algunas áreas o por lo cálido que resulta un fuego a nivel emocional.

Cuando vivía en mi pueblo de Cuenca todavía se impartían las clases en la escuela vieja. Cada aula disponía de una estufa de leña y existía un edificio anexo donde ésta se almacenaba. Cada mañana era el turno de un niño o niña para encender el fuego. Bajábamos palos de las leñeras y nos afanábamos a la tarea ayudados de alguna piña.

En casa teníamos chimenea pero siempre estaba acompañada de una estufa que era donde realmente se hacía el fuego y mi madre lo encendía por las mañanas con premura para que el comedor estuviera caliente y así poder vestirnos a mi hermano y a mí con comodidad. Ahora, cuando vamos al pueblo en invierno la primera actividad es esa y una vez que hemos descargado el coche nos concentramos alrededor de ese calor, la mayoría de veces, sin hacer nada. Simplemente estar allí.

En la actualidad las chimeneas se han convertido en un elemento casi exclusivamente decorativo. Aquí, en Oriente Medio también se instalan, aunque sin tiro, por supuesto y nunca se utilizan. Al volver del trabajo mi coche marcaba hoy cuarenta y nueve grados, así que el único sentido que tienen es dotar de una cierta sofisticación y calidez emocional un espacio de la casa (o del palacio).

En cuanto a los elementos constructivos, muy restringidos por las altas temperaturas que deben soportar, yo destacaría el ladrillo (refractario) y algunos tipos de piedra natural como, el mármol, que además permite un alto grado de esculpido y muestra opulencia. El ladrillo otorga la posibilidad de jugar con el aparejo, es decir, la disposición de éstos entre sí. Mi padre vertía toda su creatividad en las chimeneas, como la última que hizo en la casa del pueblo, hace pocos años. Hubo una época en que me contaba cómo disponía los ladrillos refractarios en las distintas chimeneas que había construido. Ahora me arrepiento de no haberle hecho caso y pensar que aquello era un rollo. Cuando vaya a España le pediré que me lo vuelva a contar.

Pretendía escribir unas líneas más técnicas sobre las chimeneas, materiales, historia y su construcción y finalmente ha surgido un texto sobre mis recuerdos y emociones ligadas a las chimeneas de mi pasado. Volveré al tema en una futura entrada y expondré más datos sobre hogares y su relación con el interiorismo. Por ahora… ¿qué vivencias has experimentado con chimeneas? ¿Qué recuerdos tienes con la calidez del fuego como centro de una reunión? ¿Qué hogueras caldeaban tu alma?