Archivos del mes: 25 octubre 2013

Instalaciones

GetAttachmentEstaba sentada en mi habitación, leyendo y, de repente, me di cuenta de que una insólita paz interior me invadía. Era una sensación de tranquilidad, de silencio. ¡Esa era la palabra! ¡Silencio! ¿Me habré iluminado? ¿Acaso he alcanzado la sabiduría?

Un minuto después me di cuenta de que el silencio no venía de dentro sino de fuera. ¡No oía la máquina de aire acondicionado! ¿Por qué? Porque estaba apagada y esto era una novedad. Después de tantos meses con esa estridencia de fondo en mi vida, ya fuera en casa, en la oficina o en el coche, dejé de oír el ruido del inevitable aire acondicionado.

Y me pregunto, ¿realmente esto es necesario? Arquitectos e ingenieros del mundo. Constructores y promotores, ¿podemos diseñar otros sistemas? Pues claro que sí. Por ejemplo, climatización por conductos. ¿Y por qué no lo hacemos?

Cuando trabajaba en España a menudo proyectábamos y construíamos las viviendas con una instalación de aire por conductos. O como mínimo, una preinstalación. Allí funcionaban generando calor en invierno y quitándolo en verano. Vamos, enfriando. Aquí el primero sería innecesario. Lo que necesitamos, durante casi todo el año es enfriar los espacios. Digo casi porque hay unos tres meses en que no es necesario. Aquí lo llaman invierno y a mí me hace gracia que así sea.

Entonces, ¿por qué no construyen las viviendas con una instalación centralizada? Me imagino que porque el promotor es consciente de que es más cara. Aunque con el tiempo se amortiza, pues resulta más eficiente y consume menos energía.
Aquí no parece que le den demasiada importancia al consumo energético. Si hay algo que les sobra, es eso. Por eso resulta tan barata la gasolina y la factura de la luz. La electricidad cuesta poco dinero, pero no podemos olvidarnos del planeta, de cuestiones ecológicas y de que un día se agotará ese oro negro y ese gas que ha enriquecido al país.

Efectivamente, en el momento de llevar a cabo la construcción es más caro realizar una instalación de aire acondicionado por conductos, con todas las cuestiones constructivas y de diseño que conlleva, como los falsos techos.
Recuerdo que trabajé para un promotor que tenía como prioridad construir barato y vender caro. Con personajes de ese tipo, que por desgracia, tanto abundaron en España años atrás, ¿qué nos podemos esperar?

Mi sugerencia como técnico es que si construyes o compras una vivienda, una oficina o un local comercial, que tengas en cuenta que una mayor inversión inicial puede ahorrarte dinero con el tiempo, puede respetar más el medio ambiente y es capaz de ofrecerte un mayor disfrute y confort de los espacios. ¿Lo tienes en cuenta, por ejemplo, cuando compras una bombilla? Espero que poco a poco nos vayamos concienciando un poco más entre todos.

Por cierto, no me he iluminado. Seguiré explorando mi interior, haciendo meditación y yoga. Trabajando apegos, ego y emociones. Pero por ahora, el único silencio que escucho es el de mi aire acondicionado.

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Nuestro cuerpo, nuestra casa

shishaHace unos días leí en alguna parte “no somos un cuerpo que tiene un alma, somos un alma que tiene un cuerpo”. Y recordé a mi profesora de yoga que solía decirnos que vivimos dentro de nuestro cuerpo y y que tenemos dos opciones. Una es convertirlo en un lugar maravilloso, en el medio a través del cual vivíamos “aquí” y la otra, no cuidarlo. En ese caso, se convertirá en una jaula y nosotros, en sus prisioneros.

Y si nuestro cuerpo es la casa de nuestro espíritu, y si solo tenemos uno, que no podemos cambiar, solamente mantener, ¿por qué lo maltratamos tanto? Yo, la primera. Algunas veces llevo a cabo acciones que me perjudican. Como cuando me voy al zoco a fumar una shisha. Y no es sin querer, soy consciente de lo que perjudica. Y aun así, allá que voy. El ejemplo de la pipa de agua se puede extender a todas las sustancias tóxicas que introducimos deliberadamente dentro de la casa de nuestra alma.

Entre ellas, alcohol, tabaco y otras drogas. Suerte que aquí no bebo alcohol. Porque mis amigos son musulmanes y porque no tengo carnet para ir a la licorería. El caso es que esta sociedad me ha puesto muy fácil la abstinencia.
Fui consciente de lo bien que me sentaba no beber un día que me tomé una cerveza. Tan limpio debía estar mi organismo que me sentó como un rayo. Pasé toda la tarde durmiendo y sintiéndome mal. Espero mantener este hábito cuando vuelva a España.

Cuando hacemos la analogía con nuestra casa lo tenemos muy claro. No nos dedicamos a hacer hogueritas que ahumarían las paredes y que podrían quemar algún mueble. Tampoco acumulamos en nuestra despensa, junto a los alimentos, sustancias nocivas y peligrosas.

Cuando se estropea una instalación, queremos que la atienda un profesional en la materia. Y llamamos a un electricista o a alguien que sepa de fontanería o del caso que nos ocupe. Sin embargo, nuestro cuerpo, que necesita una serie de nutrientes –y bien conocemos cuáles- no siempre es atendido con los necesarios. Y a veces llamamos a quien no tiene que venir. Este verano cometí excesos con la comida rápida, la coca-cola y los dulces. Y era consciente del daño que le hacían a mi cuerpo. Y allá que iba.

Para completar la base de la salud de nuestro cuerpo, el deporte. ¿Cumplimos con este mantenimiento de nuestro organismo? Es una fuente de bienestar y necesario si queremos conservarnos bien a largo plazo. Antes de los veinticuatro años no hice nada de ejercicio. Solamente la educación física del colegio, y porque me obligaban. Desde entonces, practico deporte con regularidad. Aunque con excepciones, que suelen darse en los momentos de grandes cambios de mi vida. Siento que toda la energía se la dedico a digerir lo pasado y acomodarme a lo presente. Pero mi cuerpo no entiende de esto. Es más, en etapas críticas es todavía más importante hacer ejercicio. Y en ese momento lo sé. Y llega la hora de mi clase de natación, o de salir a correr. Y comienza un diálogo interno en el que en unas ocasiones vence esa supuesta necesidad de descanso (¿pereza?) y en otras, el cuidado a mi casa-cuerpo.

Y si nuestra casa la mantenemos limpia, sacamos la basura, la ordenamos y cuidamos de cuáles son las personas que entran, ¿por qué no hacemos lo mismo con nuestro cuerpo? Porque sobre la gente a la que invitamos a pasar también hay mucho que decir. Vampiros emocionales y otros ladrones de alegría y bienestar están demasiado cerca de nuestros cuerpos y de nuestros oídos. ¿Por qué no les cerramos la puerta para que no pasen?

¿Tú cuidas tu cuerpo? ¿Le das los nutrientes que necesita? ¿Haces ejercicio? ¿Evitas sustancias nocivas (algunas dentro de la propia comida)? ¿Realizas meditación o relajación?

Vamos a proponernos hoy cuidar un poquito más de nuestros muros, de nuestros muebles y de nuestro tejado. No nos pongamos metas demasiado altas, porque nos llevarán a no cumplirlas y sentirnos más frustrados. Dos o tres propósitos. Realistas y sinceros, ¿lo hacemos?

Las secciones de la vida

E:escritorioPROYECTOS GELESproyectos200717_Casa Henarejos CEn el instituto aprendimos a dibujar las diferentes caras de una pieza. Sistema diédrico, lo llamaban. Dado un objeto, ya fuera real o dibujado en tres dimensiones, nosotros plasmábamos en los diferentes planos las caras de éste. Si estudiaste dibujo técnico lo recordarás bien. A partir del elemento, las caras y viceversa. Dados alzado, planta y perfil, debíamos “descubrir” el objeto al que se referían.

De un modo quizá innato cada uno de nosotros presentaba mayor o menor facilidad para trabajar estas cuestiones. Dependía de la visión espacial, de la inteligencia espacial que trajéramos puesta.

Tenía una compañera brillante que no veía, de ninguna manera, lo que escondían las líneas. Creo que me admiraba porque me resultaba fácil, para mí eran como pasatiempos. Yo la admiraba a ella por su aptitud y predisposición por la –para mí- infumable biología. Y más todavía por su capacidad para la educación física y para el baile. Por su inteligencia corporal y cinética. Yo me sentía torpe y falta de gracia, por más que me esforzaba.

¿Qué asignaturas se te daban bien en el colegio o en el instituto? ¿Cuáles son tus mejores habilidades hoy? ¿Qué inteligencias tienes más desarrolladas?

Y siguiendo con los planos de las caras de las piezas, que sin querer me voy del tema, llegó la Universidad y me enseñaron a dibujar planos, pero esta vez… ¡de edificios! Menos mal que no estudié una ingeniería porque esas piezas siempre me habían parecido frías y tediosas. Me parecía enriquecedor dibujar y trabajar con las caras de una vivienda, de un colegio, de un establecimiento comercial.

Ahora los alzados representaban fachadas. Lo que antes llamábamos planta, mostraba las cubiertas, el tejado, visto desde arriba. Y había un nuevo tipo de planos, que además era esencial: las plantas. Pero no a vista de pájaro sino cortando horizontalmente cada nivel. Así descubrimos la distribución, los distintos espacios, las circulaciones, el mobiliario… bonito, ¿verdad? Y no hace falta ser un técnico para entenderlas. Todos podemos hacerlo. ¿A que puedes dibujar la planta de tu casa? Con ellas explicamos el edificio a los clientes y a los usuarios. Son nuestra principal herramienta. Radiografías horizontales de la construcción.

Pero todavía queda otro tipo de planos, otra clase de radiografías: la sección. Cortas el edificio en vertical y dibujas una sección. Así revelamos cómo se organizan los espacios, la relación entre los “de arriba” y los “de debajo”.

A veces las diferentes secciones del edificio se parecen mucho entre sí. Otras, la edificación es más compleja y son diferentes.

Imagínate que dibujas una línea en un papel. Puedes hacerlo si quieres. En un extremo sitúas el momento en que naciste. En el otro, el día de hoy. Conforme vayas viviendo, la línea continuará, pero ahora hasta aquí podemos dibujar. Ésta va a ser la planta de nuestra vida, una representación gráfica de lo que ha sido. En cada punto intermedio emplazamos los acontecimientos importantes que hemos vivido. Ahora vamos a realizar cortes transversales. Uno puede ser desde el extremo final. ¿Qué ves? Tu vida ahora. Y así podemos ir dibujando las secciones en los distintos puntos de esa línea. ¿Se parecen mucho entre sí?

Algunos de estos cortes nos habrían resultado inimaginables cuando estábamos en un punto anterior, es decir, antes de vivirlos. Porque cuando dibujas una sección no ves lo que hay “detrás de ella”. Así como ahora no podemos ver lo que está por venir. Quizá nos sorprendan siguientes. Es posible que se parezcan a las anteriores. ¡Es posible que sean muy distintas!

Forma y Función

TorchFirmitas, utilitas y venustas era la triada sobre la que se apoyaba la arquitectura, según nos contaba Vitrubio, allá por el siglo I a.C.

Creo que a nadie se le ocurre discutir sobre la primera característica, firmitas, que significa resistencia. Las edificaciones deben sustentarse a sí mismas y a las personas y objetos que las ocupan a lo largo del tiempo.

Hoy quiero reflexionar sobre las otras dos, utilitas y venustas. Vamos, sobre la funcionalidad y la belleza, otro de los grandes debates en torno a la arquitectura a lo largo de todos los tiempos.

Para mí la virtud, como en todo, está en el equilibrio. Pero no todos los arquitectos y movimientos artísticos se han declinado de igual manera por la una y por la otra. Igual que nosotros no nos movemos por la vida con un completo equilibrio entre la función y la estética.

Buscando ejemplos en los que se haya elegido la estética, rápidamente me viene a la cabeza la obra de Santiago Calatrava. No puedo decir que prime la hermosura, eso que lo juzgue cada cual según sus parámetros de belleza. Ahora bien, las necesidades funcionales no las cubre de una manera escrupulosa. Por eso recibe tantas críticas por parte de muchos de sus compañeros. Abandona las necesidades de uso para atender la forma.

Y sin llegar a estos extremos, casi todos hemos elegido alguna vez la estética a pesar de no responder adecuadamente al uso. ¿Alguien se ha comprado unos incómodos pero preciosos zapatos? Me confieso, yo lo he hecho. ¿Cuándo has sacrificado tú la funcionalidad en pro de la imagen, la belleza o la estética?

Vámonos al otro extremo. El abandono de la forma. Una oda a la función. Muchos clientes me pedían que sus viviendas fueran cómodas. Se repetía a menudo la frase “no quiero un museo, sino una casa para disfrutarla”. Aunque mis clientes no sacrificaban para ello la estética de sus viviendas.

A principios del siglo XX Luis Soullivan nos contaba eso de “la forma sigue a la función” y una serie de arquitectos estudiaron y crearon edificios basándose en los principios del funcionalismo. Le Corbusier llamaba a la casa “máquina de vivir” y yo tengo la impresión de que consiguieron, de esa manera, una determinada estética. Pero ésa es otra cuestión.

El caso es que todos nos hemos visto en una situación en la que hemos elegido la utilidad a la imagen. Me vienen a la cabeza las palabras de Góngora, el famoso “ande yo caliente y ríase la gente”. ¿Cuándo has elegido tú la función o el uso a la forma?

Y entendiendo que no nos vamos a los extremos, que consideramos ambas opciones, ¿hacia qué lado tienes más tendencia? Yo me confieso, mi actitud pragmática y práctica pesa más que mi sentido de la belleza. ¿Por cuál te inclinas tú más normalmente?