Archivos del mes: 18 julio 2014

Calidez de casa

Hace unos días que estoy pensando sobre la calidez de lo de siempre. Vivo lejos de mi país y en España permanece mi familia y mis amigos de toda la vida (o de parte de ella). Desde que llegué aquí me he sentido cautivada, fascinada por la novedad y ahora me he doy cuenta de que la calidez que ofrece lo de siempre es muy agradable.

¿Y qué es lo de siempre? Pues en arquitectura y, en concreto en vivienda, me refiero a la casa de nuestros padres, el hogar donde te sientes protegido. Los aromas te resultan familiares, las conversaciones, el tono que se usa, las personas que frecuentan el hogar… Hasta la textura del sofá nos resulta cotidiana. Conocemos el sitio y hemos vivido momentos agradables en su seno. Volver a casa es muy grato.

Sin embargo, cuando visitamos a alguien por primera vez, si el lugar nos agrada podemos sentir la emoción del descubrimiento, el cambio, el conjunto de estímulos que nos atraen. Cuando volvemos a casa no nos llama la atención el decorado, pues es bien conocido. Todas las imágenes, los sonidos y hasta los aromas nos resultan usuales. En un espacio nuevo nos puede atraer su contenido por ser desconocido, sorprendente.

Lo mismo siento con las personas. Cuando conocemos gente nueva podemos sentirnos fascinados, especialmente, cuando damos con alguien interesante. Nuevos amigos, compañeros de trabajo o un reciente novio. Lo desconocido nos estimula, nos atrae y nos agita.

Pero hoy quiero hacer un homenaje a lo conocido, a la sensación de estar en casa. Ya sea en un hogar, con los amigos o con una persona especial. Quiero perderme en la sensación que me produce una conversación tranquila con mis padres, un café con amigos de siempre o un abrazo familiar. La sensación es de tranquilidad. Estamos relajados, no tenemos que demostrar nada pues bien nos conocemos. Y si decidimos compartir tiempo es porque sabemos de antemano que disfrutamos de la otra persona. Somos mucho más nosotros mismos y no necesitamos trabajar por ganarnos un sitio en esa casa o con esa gente. Ya lo tenemos. Y la sensación es de tranquilidad, de distensión, de saberse protegido es acogedora.

A veces te reencuentras con un viejo amigo y te sorprende la amabilidad del tiempo al estar juntos. No necesitas impresionarlo, ya sabe cómo eres. Por esa misma razón, la otra persona es ella misma. Sin máscaras. Con sinceridad. Y el abrazo es cálido, conocido, agradable. Estar juntos es una vuelta a casa, un sentirse seguro, reconocer la tibieza de una piel. Es estar en terreno conocido, sabiendo lo bueno y lo malo y eligiendo el sitio.

¡Cuánto valoro lo conocido, lo familiar, el estar en casa! Llegué a Qatar con ansias de aventura, con anhelo de emociones, con fascinación por descubrir. Mi sed de hazañas se va saciando a medida que vivo aquí mis días. Y al mismo tiempo ha crecido una apetencia por lo conocido, un aprecio de lo familiar. Agradezco un rato con una persona de siempre. Mucho.

Y, de repente… ¡¡llega la sorpresa!! Cuando creía que todo lo de Qatar era novedoso, empieza a haber lugares y personas “de siempre”. Algunas de ellas empiezan a ser viejos amigos, algunos de los sitios comienzan a resultarme familiares y no puedo más que agradecerlo. He disfrutado de suficiente novedad y doy gracias por tener cotidianidad, por recibir un abrazo familiar, por compartir un café con alguien de sobra conocido.

Ramadán Karim

ramadan-karimEn primer lugar, Ramadán Karim. Ramadán Mubarak a todo el pueblo musulmán y, en concreto, a todos mis amigos que profesan la fe mahometana.

Este año lo vivo desde fuera. No ayuno, no celebro nada y los días transcurren con mis propios ritmos.

En primer lugar, la jornada laboral termina a las dos, aunque siempre suelo alargar porque me siento algo desbordada en la oficina ante el número de proyectos que tenemos en marcha. Por suerte, no me molesta porque me siento motivada y porque al no ayunar, mantengo la energía. Puedo comer y beber té libremente porque no comparto oficina con nadie. En lugares públicos y en entornos laborales con compañeros no se come ni se bebe. Son normas sociales y una muestra de respeto hacia aquellos que ayunan.

Entre las seis y media y las siete se pone el sol y se rompe el ayuno. Lo anuncian los cantos que emiten desde los minaretes de las mezquitas así como los que se escuchan por los altavoces de cuanto lugar público hay en la ciudad. Varias veces me han sorprendido en algún centro comercial o supermercado, pues como ya he dicho, sigo mis propios ritmos aunque la ciudad entera parece haber cambiado los suyos. Durante aproximadamente una hora la gente desaparece. Los pasillos se quedan vacíos y sólo hay servicios mínimos. En ese momento me siento parte de la minoría e imagino a los musulmanes viviendo –como yo hice el año pasado- el decaimiento y la falta de energía de las últimas horas así como el gozo de la comida y la recompensa que supone calmar la sed.

Me siento desconectada del sentir general. Así como el año pasado me esforzaba por entender, quería saber cómo se sentían y qué los movía a celebrar con tanto ahínco este mes, vivo un momento en que estoy conectada a mi cultura, a mi identidad (sin demasiado apego, por supuesto). Y desde ahí estoy aquí, en perfecta armonía.

Cuando se aproxima el Iftar (comida que rompe el ayuno) en los centros comerciales, administraciones, bancos y otras zonas públicas hay mostradores con té, dátiles y dulces. Y cualquiera puede tomarlos. Se reaviva el concepto de compartir comida y de celebrar en torno a una mesa.

Uno de los cinco pilares del Islam es el Zakat, es decir, el dinero que se entrega para la gente con recursos limitados y es obligación de los musulmanes ofrecerlo. También se dan durante todo el mes numerosos movimientos de reparto de alimentos. El Corán obliga a compartir la comida con las personas que no tienen, aunque sean desconocidos y los buenos musulmanes lo tienen muy presente durante todo el año. Se considera el Ramadán, pues, una renovación de esta conciencia de repartir y compartir.

Recordando lo que aprendí con mis compañeros el año pasado, en este noveno mes del calendario lunar no sólo se ayuna. El principal objetivo es renovar la relación con Dios. Reforzar la fe y el buen comportamiento. Especialmente en estas fechas no se puede mentir ni criticar. Y hacerse mal a uno mismo o dañar a otros se convierte en pecado más grave si cabe.

Y así es como transcurren los días de este mes sagrado de Ramadán.

Mis días en Doha II

LamparetaHa transcurrido ya más de un año y medio desde que llegué a esta ciudad y hasta ahora me he sentido arrollada por el frenético ritmo de los acontecimientos.

Si echo la vista atrás puedo ver dos etapas. La primera la constituye mi tiempo en Gharnata. Mi vida se paralizó de alguna manera al llegar aquí y me centré en vivir la experiencia. Asimilar los cambios, aprender, conocer, disfrutar… Me esforcé por empatizar con la cultura, con la ciudad, con las costumbres. Y no sé si se me fue la mano, pues en mi primer viaje a España, tras haber pasado aquí un año, me sentí perdida, desubicada. Si bien sabía que ésta no era mi cultura, sino más bien una vivencia temporal. Pero al mismo tiempo me había despegado de mis costumbres, de mis rutinas, de mis maneras y hasta de mi forma habitual de comportarme.

Así pues, ésa fue una primera parte: llegar, aprender, conocer. Luego hubo una segunda, aunque no empieza donde concluye la primera. Me despidieron de la empresa y vagué errante en busca de un empleo que tardó en llegar más de lo esperado. Comencé en un nuevo trabajo en el que no acabé de sentirme cómoda y de nuevo volví a buscar, esta vez, recogiendo mejores frutos. Me hicieron una oferta interesante y, de nuevo, arrastrada por el frenesí. Viaje relámpago a España, nueva oficina, un puesto con responsabilidad y el miedo que a veces aparecía de poder volver a perder el trabajo.

A principios del verano pasado me compré un coche. Yo sola me ocupé de todo. Eché mucho de menos a mi padre, aunque todo hay que decirlo, me ayudó en la distancia. Talleres, revisiones, papeleo, contratos en árabe… Todo eso para que se rompiera seis meses después y venderlo a precio de saldo. Creedme, regatear con egipcios es toda una lección. Desde entonces conduzco un coche de alquiler y la empresa se ocupa de todo.

De modo que había solventado dos de las tres ces: coche y curro. Pues esta semana me he mudado. He alquilado un estudio muy cerca de la oficina. Amueblarlo está suponiendo un verdadero trabajo de interiorismo porque cuenta con una superficie de treinta metros cuadrados y le estoy sacando más partido del que era posible. Agotada y entusiasmada me siento. No solo por esta nueva mudanza sino por todas las anteriores. Esta es mi cuarta casa desde que vivo en Qatar.

Es curioso este país, puedo trabajar en una villa de dos mil metros cuadrados por la mañana y dibujar a escala las opciones de mi piso por la noche. De nuevo, éste es un lugar de contrastes.

Por fin tengo la sensación de estabilidad que llevaba tanto tiempo buscando. Necesito descansar, descansar en una rutina, en mi vida diaria, sentir que los días se suceden de manera ordenada. Sé que la vida es cambio. También, que la incertidumbre siempre viaja con nosotros, no obstante, voy a disfrutar este remanso de paz, esta calma que ahora puebla mi vida. Y voy a agradecerlo cada día.