Archivos del mes: 26 julio 2015

¿”DE OBRA” O DE MADERA?

CercaoNo solemos ser conscientes de las circunstancias en las que vivimos si no las comparamos con otras referencias, especialmente, durante la infancia.

Yo me crié “entre materiales de obra”. Y no me di cuenta hasta que mis compañeros de universidad me dijeron que nunca habían visto una bovedilla, que su padre no fabricó –literalmente- bloques de hormigón ante ellos y que nunca habían observado encofrar una escalera.

Que se habían encontrado dentro de una obra ni habían olido el cemento fresco. Entonces me di cuenta de lo que yo había experimentado durante mis primeros años. Todo ello, a pequeña escala y con la eterna referencia de nuestra casa del pueblo, cuya construcción se prolongó durante tantos años.

En la asignatura de materiales de construcción aprendí que esas bolitas con las que jugábamos mi hermano y yo no se llamaban garbanzos sino arcillas expansivas y que se utilizan, principalmente, para aligerar cubiertas y aportarles cierto grado de aislamiento.

Cuando iba al instituto mi padre fabricó una mesa de pimpón con chapas de encofrar. Después de haber jugado tantas horas en aquella mesa, al hacerlo en una oficial la única diferencia que percibo es el tipo de rebote. Por todo lo demás era como una reglamentaria: medidas, altura, red… solo que era reciclada con elementos de construcción.

Si hago balance de mi vida profesional, me he sentido más traída por los aspectos constructivos y estructurales de los proyectos que por otras cuestiones. La materialidad de las obras me sigue fascinando.

Desde que trabajo en interiorismo esa materialidad es diferente. Además, mi empresa posee una fábrica y ahora empleamos madera, MDF, enchapados, laminados y melaninas las más de las veces. Los acabados, la forma de trabajarlos, la maleabilidad y el lenguaje son diferentes.

Yo, por inercia, sigo pensando “en obra”. Luego suelo recordad que vivimos de la madera y no de subcontratar bloques y cemento. Todavía no me siento suelta diseñando con este lenguaje (aunque ahora ya, sin culpa), pero he entendido que es una cuestión de aprendizaje. De adquirir conocimientos y experiencia. Observar cómo proceden otros y utilizar mis conocimientos con ese otro lenguaje al que sí estoy habituada.

En definitiva, he cambiado los materiales de obra, con los que tan familiarizada me sentía por las posibilidades que ofrecen las carpinterías y el corte CNC.

Aunque no sea lo que más me mueve en el mundo, lo encuentro interesante. Conforme transcurre el tiempo voy me voy aclimatando y aprendiendo a quererlo. No me imagino dedicándome a esto durante toda una vida, pero siento que un día echaré la vista atrás y encontraré un sentido al haber trabajado en el diseño de interiores. Como decía Steve Jobs, podré unir los puntos.

¡EID MUBARAK!

IMG-20150716-WA0001 (1)¡Eid Mubarak! Así es como felicitan los musulmanes –y los que vivimos entre ellos- el fin del Ramadán, dando comienzo a Shawwal, que es el décimo mes del calendario musulmán y que comienza con festividad. Yo, para entenderlo, lo asimilo a nuestro Veinticinco de Diciembre. Las familias se reúnen y se visitan, comparten banquetes, se hacen regalos y se desean felicidad y bendición.

Personalmente, tenía ganas de terminar el mes de Ramadán este año. No he participado de él como sí hice hace dos años y el tema de los horarios me ha descentrado mucho. Comercios y administraciones mantienen un horario mínimo durante la mañana y la ciudad resucita una vez que se ha puesto el sol.

El ritmo de la oficina cambiaba. Acabábamos a las dos (teóricamente) y no hay pausa. Para tomar café y comer, nos íbamos a la cocina y cuando los clientes nos visitaban, no se ofrecía café ni té.

El ritmo de las actividades se ralentiza, especialmente con el exterior de la oficina. Solo tres de los nuestros estaban ayunando y yo creo que seguían el ritmo habitual. Pero había proveedores a los que casi no me atrevía a llamar, pues parecía que de ellos pendía tan solo un hilo de alma. El resto la recuperarían tras el Iftar, que es la comida con la que se rompe el ayuno.

Yo he llegado a una conclusión y cada año la confirmo. Hay dos clases de ayuno. Uno es el que se elige, sale del corazón y se lleva a cabo con fe, con ilusión y con alegría. Otro es el social, impuesto, el que se hace porque toca. Y fácilmente lo notas qué ayuno sigue cada persona.

Pues bien, acaba Ramadán y celebramos el Eid Al-Fitr. En realidad yo no he celebrado nada, más allá de recibir y enviar numerosas felicitaciones. Eid Mubarak para ti y tu familia, for you and your family, pour toi et ta famille… Y es que todavía mantengo contacto con musulmanes de mi año en Francia.

Por lo demás, un día no laboral como cualquier otro. Con una diferencia: que este es el primero de cinco. Fin de semana más tres días. ¡Aún no me lo creo! En este país en el que no hay puentes, festivos ni santos que celebrar. En este país en el que estuve trabajando seis días a la semana durante más de un año. Cinco días y todos ellos para descansar. Thank God!

Me sorprende que algunos centros comerciales estén abiertos. Es como si lo hicieran en España el día de Navidad. Y todavía me sorprende más ver a tantos musulmanes probándose ropa en nuestro Zara o comprando detergente. Pero luego caigo en la cuenta de que también encontraríamos gente en España haciendo esto si abrieran nuestros supermercados.

Así que finaliza Ramadán, disfrutamos de unas largas vacaciones (cinco días cuenta como largas) y el miércoles volverá todo a la normalidad. Una cotidianidad que voy a recibir con alegría. Una nueva etapa de la que disfrutar. Sin cargas, sin lastres, sin cuestiones pendientes. Y, por ahora… ¡Eid Mubarak!