EN EL PARKING

ParkingHoy no voy a contar ninguna historia de amor, solo recordaré una anécdota que me sucedió cuando aún era una recién llegada en Qatar. Pero antes, voy a cerrar un capítulo de esta sección y para ello, mataré a un personaje. Lo siento por la gente que quería seguir el curso de la historia con El Escritor, pero no hubo historia ni hubo nada. Tras el entusiasmo de aquella primera –y única- cita, averigüé su apellido con la ayuda de google y me lancé a la labor de investigación. Ya sé que suena un poco paranoico, pero es algo que todas hemos hecho, lo reconozcamos o no. Investigación con mayúsculas.

De facebook obtuve información sobre dos cuestiones. Por una parte, era una persona que se quería demasiado a sí misma. Por demasiado me refiero a rozar el egocentrismo. Con fotos de él en el perfil y en la portada. Me pareció engreído, pero esto lo vamos a dejar en una cuestión secundaria. Lo importante era el estado civil. Él me había dicho que estaba divorciado y en facebook aparecía como casado… ¡jalás! No necesito averiguar nada más. Me he visto en tantas situaciones en las que los hombres inventan su estado civil y se presentan como solteros o divorciados, que no quiero más.

Fue fácil. Primero me olvidé de él, y es que no era para tanto (¿será orgullo o será que no me interesaba realmente?). En las varias semanas que han transcurrido desde aquella cita, solo me ha escrito un par de veces para quedar. Lo esquivé y ya no he vuelto a saber de él. Ni siquiera me he acordado. Quería cerrar el capítulo porque había lectores que me pidieron un seguimiento de esta historia. Y lo siento si decepciono a alguien… no ha habido historia.

Y ahora que he actualizado mi estado, puedo contar la anécdota de uno de aquellos días en que iba sola al Souq Waquif para escribir y fumar shisha. Parece que no haya más sitios en este país, siempre nombro lo mismo. Pero es que es así, aparte del Souq solo tenemos hoteles y centros comerciales… ¿qué se le va a hacer? El caso es que acabé mi tarde y me dirigí a la zona del parking. Por aquel entonces todavía no estaba construido el edificio con varias plantas de sótano donde ahora todos los coches tienen cabida. El parking viejo era una superficie al aire libre donde encontrar un sitio podía costar mucho tiempo. Mucho. Caminaba buscando mi coche cuando un todoterreno paró a mi lado y se bajó la ventanilla. El qatarí me preguntó si me iba y si podía aparcar en mi sitio. Le dije que sí, siempre y cuando fuera capaz de encontrar mi coche. Me ofreció a subir al suyo y ayudarme a buscarlo, así él tendría un sitio donde aparcar. Esto es algo que nunca habría hecho en España, pero estábamos en Qatar y, además, en un recinto cerrado. Las dos salidas tenían barreras móviles. Estaba a salvo.

Era un chico muy joven, aunque el traje nacional siempre pone años. Se presentó, me dio la mano e intentó ligar conmigo. Repetidas veces me ofreció ir a pasear al Corniche o volver al zoco para invitarme a un zumo. El chico insistió lo suyo y lo que más me llamó la atención es que me ofreció dinero. Pero creo que no lo hizo de una manera ofensiva, o al menos no era su intención. Tampoco creo que hubiera ningún malentendido sobre mi profesión. Lo que yo interpreté es que quería ser amable. No creo que se viera en muchas situaciones en las que poder hablar con una mujer a pelo descubierto y su forma de ser cortés era ofreciendo lo (¿único?) que tenía… dinero.

Y esta fue la primera vez y no la única en que un árabe me ha ofrecido dinero. Yo quiero pensar que siempre lo han hecho como un intento (bochornoso) de ser amables. No le he dado más importancia y se ha quedado siempre en una anécdota. Eso sí, soy tan orgullosa que antes me muero de hambre que acepto una oferta de este tipo.

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2 comentarios

  1. Entiendo que si un hombre te ofrece dinero es para provocar un desequilibrio entre lo que tomas y lo que das. Si lo recibes, estas en deuda con él. Es algo parecido a invitar a una chica un fin de semana a algún hotel espectacular. Si ella acepta, es probable que se sienta obligada a devolverle el favor. Tambien hay mujeres que pagan vacaciones a chicos con la expectativa de estar bien atendidas. Salu2.

    1. Claro, Antonio… la sensación de estar en deuda.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo!

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