Archivos del mes: 26 julio 2013

Expanding the comfort area

PatioEight months ago I came to this land and I feel I’ve been beating what my comfort zone was.

In the office I picked up a project I worked on for months. I remember I did the job hard. Fortunately, I had my companions always willing to help. And sometimes I felt embarrassed so often because I need to be helped by people fresh out of college.

The fact is that after a while working with other buildings, I’m back to it and I appreciated my professional growth. I mean basics, but when I brought not put in series, so that I looked hard and I used to drown in a glass of water.

Moreover, my English has improved. Not as much as I should, but I uploaded many steps. And I’m going to become better because I hardly ever speak Spanish . I have moved and now live with three housemates who have English as their mother language (they are from Australia, America and England). So we started off (finally) with the language.

My life in the city has become more comfortable. I begin to feel that this is my site. I begin to have the same vibration as this place. I move with ease, driving without thinking, I know the places. I remember how uncomfortable certain situations that I now go unnoticed. I think I tuned in Doha. I must say, I have made it easy. Here we are all welcome. It is a country where less than twenty percent of its residents are native. The rest come out and greet us so friendly. It is a Muslim country, but all cultures are welcome and there is mutual and exemplary respect.

My coworkers and my friends- who are the same- start to be there “forever.” You know that feeling that the people next to you are your lifelong friends … yeah, whatever how long you know them? That is how I feel. And what happens is that I feel so comfortable when I’m with them, I am myself. And when you are yourself, you flow and bring out the best in you. And feel happy.

So I’ve realized that my comfort zone has expanded. Issues before scared me now I seem natural. Others that made me feel uncomfortable, are part of my daily life.

And I’ve learned that I will not relax at all. I want to keep growing. Maybe now I need some time to explore this new area and lay my growth. But I will never stop.

Tell me, what areas are you growing in now? How often do you leave your territory, which makes you feel comfortable / a?

Check out the story of your life. When did you grow more? What feelings, what experiences did you expand your space?

Are we continuing to grow up?

Expandiendo el área de confort

PatioOcho meses hace que llegué a esta tierra y siento que he ido superando la que era mi área de confort.

En la oficina he retomado un proyecto en el que trabajé durante meses. Recuerdo que la tarea se me hacía grande. Por suerte, tuve a mis compañeras siempre dispuestas a ayudarme. Y en algunos momentos me avergonzaba ser socorrida con tanta frecuencia por personas recién salidas de la Universidad.

El caso es que después de un tiempo trabajando con otros edificios, he vuelto a éste y he apreciado mi crecimiento profesional. Me refiero a cuestiones básicas, pero cuando llegué no las traía puestas de serie, así que a mí me parecían grandes y solía ahogarme en un vaso de agua.

Por otra parte, mi inglés ha mejorado. No todo lo que debería, pero he subido muchos peldaños. Y más que voy a avanzar porque ya no hablo prácticamente nada de español. Me he mudado y ahora vivo con tres housemates que tienen como lengua materna el inglés (de Australia, Estados Unidos e Inglaterra). Así que empezamos a despegar (por fin) con el idioma.

Mi vida en la ciudad se ha tornado más cómoda. Empiezo a sentir que éste es mi sitio. Comienzo a tener la misma vibración que este lugar. Me muevo con soltura, conduzco sin pensarlo, conozco los lugares. Recuerdo cómo me incomodaban ciertas situaciones que ahora me pasan desapercibidas. Creo que he sintonizado con Doha. Todo hay que decirlo, me lo han puesto fácil. Aquí somos todos bienvenidos. Es un país donde menos del veinte por ciento de sus habitantes son autóctonos. El resto venimos de fuera y nos acogen de manera afable. Se trata de un país musulmán, pero todos las culturas son bienvenidas y existe un respeto mutuo ejemplar.

Mis compañeros de trabajo y mis amigos –que son los mismos- empiezan a estar ahí “desde siempre”. ¿Conoces esa sensación de que las personas que tienes a tu lado son tus amigos de toda la vida… sí, independientemente del tiempo que haga que los conoces? Pues así me siento. Y lo que sucede es que me siento tan cómoda que cuando estoy con ellos “soy yo”. Y cuando “eres tú”, pues fluyes y sacas lo mejor de ti. Y te encuentras bien.

Así que me he dado cuenta de que mi zona de confort se ha expandido. Cuestiones que antes me asustaban ahora me resultan naturales. Otras que me hacían sentir incómoda, forman parte de mi vida cotidiana.
Y he aprendido que no voy a relajarme del todo. Quiero seguir creciendo. Quizá ahora necesite una temporada donde explorar esta nueva área y asentar mi crecimiento. Pero sin dejar nunca de hacerlo.

Dime, ¿en qué áreas estás creciendo ahora tú? ¿Te gusta salir a menudo de tu territorio, el que te hace sentir cómodo/a?

Echa un vistazo a la historia de tu vida. ¿En qué momentos creciste más? ¿Qué sensaciones, qué vivencias te hicieron expandir tu espacio?

¿Seguimos creciendo?

¿Con qué te emocionas?

AlhambraTodavía recuerdo algunas clases de un profesor que tuve en segundo de carrera. Impartía estética y composición y solía dar a sus sesiones un tono ameno y desenfadado. Tenía anécdotas, contaba historias e intentaba que viéramos la arquitectura desde un punto de vista teórico y casi filosófico. Un día nos contó que en un viaje visitó un edificio (no recuerdo cuál) y sintió ganas de llorar. Esto solo le había sucedido una vez.

Yo nunca he llorado de emoción al visitar un edificio. Sí me he sentido muy impresionada, como cuando estuve en la Alhambra de Granada. Todo un icono de arquitectura árabe y una obra maestra intemporal. Me fastidia bastante reconocerlo, pero recorrer arquitectura no suele estremecerme hasta lo más adentro de mi ser. Tengo compañeros a los que sí les sucede, o al menos, eso dicen.

Sí me he conmovido en muchas ocasiones ante el comportamiento de ciertas personas o por compartir un tiempo con gente sublime. Lo mío son las personas. Bueno, lo mío y lo de todos. Creo. No se me ocurre nada más importante.
Por otra parte, cada vez voy aprendiendo a sentir más y a pensar menos. A emocionarme de verdad, sin necesidad de ningún pensamiento o razonamiento previo. Esto no es tan fácil. Tiendo a intelectualizarlo todo y en muchas ocasiones he errado intentando pasar los sentimientos por la cabeza.

El caso es que si nos dejamos ir, podemos sentir. Con o sin edificios. Dime, ¿cuándo ha sido el momento de tu vida en que más te has emocionado? Te hablo de esa ocasión en que has sido pura sensación, sin pensar, olvidándote de todo, incluso de ti mismo/a. ¿O en qué momentos has sentido mucho?

Los que son padres dicen que los hijos son fuente de alegría y felicidad. Y de emociones, por supuesto. Cuando alguien describe lo que sintió al tener un hijo se queda sin palabras para hacerlo. ¿Es ese tu caso? Si eres madre o padre, ¿tener hijos es lo que más te ha emocionado en tu vida?

Siguiendo con el tema de la arquitectura, creo que es una cuestión muy visual. Relacionada con la estética, con la belleza. ¿Ante qué imágenes te has emocionado? Aprovecho para dar gracias a la vida (a Dios o al Universo) por el hecho de que exista el arte, por poder disfrutar de tantas obras y de su belleza, creadas con el objetivo de deleitarnos. Aunque no tengo muy claro si algunas de las llamadas obras de arte necesitan pasar por el cerebro para ser apreciadas. Pero éste es otro tema.

Y por último, me pregunto si podemos entrenarnos para emocionarnos. Creo que sí. Como he dicho antes, los últimos años me voy dejando sentir y me va resultando más fácil hacerlo. Como el Caballero que se deshizo de su armadura oxidada. ¿Será que todos llevamos una puesta en uno u otro grado? Propongo que nos la quitemos. Todas las emociones no nos resultan dulces y agradables, pero son necesarias. Incluso, la tristeza, la angustia, el enojo y el miedo nos hacen falta y pueden llegar a resultar sabrosas, como una tónica con limón o un chocolate negro. Propongo que nos atrevamos a sentirlas. Las amargas y, por supuesto, las más gratas. ¿Vamos a ello?

¿Empatizamos?

LámparaCuando trabajaba en España, mi principal tarea consistía en realizar proyectos para viviendas unifamiliares. Me los encargaban mis clientes y yo diseñaba sus casas. Siempre he pensado que mi punto fuere era saber captar lo que querían. Muchas veces, ni siquiera ellos sabían lo que era, pero en las reuniones yo iba sintiendo y escuchando cómo eran los espacios en los que deseaban vivir.

Esto no lo aprendí en la Escuela de Arquitectura, sino que me lo traje de otros lugares. Cuando era pequeña tenía dificultades para comunicarme con otras personas, me costaba hacer amigos y lo que se suele llamar habilidades sociales era algo desconocido para mí. Yo no sabía por qué, pero sí notaba que mis relaciones no eran buenas y desde los catorce años empecé a trabajar para cambiarlo. Fui cogiendo de aquí y de allí y más tarde supe que lo que estaba aprendiendo y acababa por formar parte de mí era empatía.

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Estar en su piel, meterse en sus zapatos, como se dice en inglés. Escuchar y atender a la otra persona se fue convirtiendo en una tarea interesante y cada nueva etapa de aprendizaje era como un juego para mí. Pasaron muchos años y, sin darme cuenta, aprobé mi asignatura pendiente. Me convertí en una persona sociable, sin problemas con las relaciones, con ciertas habilidades para estar con otros. Y una de las claves había sido la empatía.

Como ejemplo diré que hace siete años, cuando me fui a vivir a Vilamarxant, me propuse integrarme en la sociedad de allí. Es un pueblo bilingüe y los autóctonos prefieren hablar valenciano. Yo, aunque lo estudié en el colegio, soy original de Cuenca y provengo de una familia castellanoparlante. Pero eso no era suficiente razón para no intentarlo. Y, efectivamente, acabé hablando valenciano. Sé que nunca me integré del todo (quizá no era realmente mi objetivo) pero sí tuve una gran aproximación a muchas personas de allí.

Para mí es muy importante saber cómo piensa la otra persona, por qué siente lo que siente, entender qué le lleva a decir lo que dice y a ver el mundo desde su perspectiva. Me parece apasionante. Y sólo sintiendo de verdad lo que el otro siente puedes llegar a entenderlo. Y también a crecer. Porque luego te das cuenta de que tu manera de ver el mundo es eso: la tuya.

Pues bien, aprovechando la oportunidad que me ofrece el estar aquí, me propuse un nuevo reto: hacer el Ramadán. Bueno, una parte de él, el ayuno. Y este es mi tercer día. No me puedo permitir forjarme una opinión de los musulmanes sin conocer aquello que estoy valorando. Y también es una forma de aproximarme a mis amigos. Desde mi sitio, pero más cerca.

Durante este mes, desde el amanecer hasta que se pone el sol, de acuerdo con el Islam, no se puede comer, beber, fumar ni tener relaciones sexuales. Es un mes para renovar la fe, para acercarse a Dios y para hacer el bien. Ayudar a los otros, evitar los pensamientos negativos, ser generosos, no mentir y, sobre todo, para rezar.

Yo he decidido ayunar, hacer el bien y no fumar shisha ni beber alcohol durante todo el mes. En realidad no bebo prácticamente nada desde que vivo aquí, eso sí, lo de no fumar mi shisha de los jueves me cuesta un poquito. Fumar una vez que se ha puesto el sol no está prohibido, pero entiendo que este mes también es para cuidar cuerpo y salud, así que no habrá shishas.

Mis amigos suelen decirme que soy una persona muy empática. Y ellos no lo saben, pero no lo soy, no lo traía de serie. Es algo que he trabajado mucho y sigo haciéndolo. Y una prueba más de que podemos entrenar habilidades que no nos resultan tan fáciles como a otras personas.

En el caso de la empatía, ¿tienes facilidad para ponerte en el lugar del otro? ¿Entiendes los sentimientos y las emociones de los que están a tu lado? ¿Puedes comprender la forma de pensar o de actuar de otras personas aunque sea muy diferente a la tuya? Espero que sí y si no es así, te invito a trabajar la empatía.

Sinergias: mucho más

londres 149 Cuando vivía en España trabajaba sola. Era autónoma, freelance, y yo solita debía resolver todas las cuestiones de cada proyecto. A veces me sentía como un hombre orquesta, haciendo un poco de todo. Por suerte, tenía buenos amigos a quienes consultar en caso de necesidad.

Fuera del trabajo, participaba de manera activa en varias asociaciones. En una de ellas, Desata TU Potencial, estaba muy implicada (y todavía lo estoy dentro de lo que la distancia me permite). Fue en estos foros donde aprendí a trabajar en equipo. En mis años de estudiante no era demasiado sociable, especialmente, antes de la universidad y tenía dificultades para desarrollar tareas junto a otras personas, así que solía terminar haciendo trabajos con grupos más que con equipos.

¿Sabes cuál es la principal diferencia entre un grupo y un equipo? Podemos decir que el primero está compuesto por varias personas que obtienen, entre todas, las suma de lo que conseguiría cada una por separado. En un equipo, sin embargo, se logra todavía más. Como fruto de la interacción entre sus miembros, surgen las sinergias, que son los resultados que van más allá de la suma de cada uno.

Vamos a ver algún ejemplo. Piensa en compañeros de trabajo con los que hayas realizado un proyecto, en tus amigos o en tu pareja. ¿Te ha pasado alguna vez que entre los dos resolvéis una cuestión o tenéis una idea brillante a la que no habrías llegado trabajando por separado? Hay veces que uno plantea una cuestión y ésta despierta en otro una apreciación nueva. Solo estando juntos podía surgir.

Casi una semana hemos estado discutiendo sobre un muro conflictivo en uno de los proyectos. Mi compañera y yo solo dibujábamos, pero nos dábamos cuenta de varias cuestiones que no funcionaban. Luego nos reunimos con dos coordinadores, con el jefe y con los chicos del departamento de estructuras. Vino otro coordinador y llegamos a una propuesta entra todos. En este caso fue nuestro jefe quien sentenció la resolución, después de escuchar a los ingenieros de las estructuras que velaban por la estabilidad del edificio y al coordinador que estaba preocupado por la composición de la fachada. Fachada que, por otra parte, no podíamos modificar porque ya tenía el visto bueno de la administración correspondiente.

Y yo me acordé de cuando trabajaba sola. De las vueltas que debía darle a cada cuestión. De que no siempre disponía de todos los conocimientos técnicos que necesitaba. Sentí ternura por esa autónoma que no siempre lo era tanto. Y vi cómo ahora pertenecía a un equipo de trabajo. Ahora es más fácil. Es más cómodo. Aunque no siempre me guste el proceso que seguimos, el protocolo en el despacho, la metodología de trabajo. Y aunque no esté autorizada a tomar muchas de las decisiones para las que me veo capacitada. Mi función está definida. Soy una pieza del engranaje, del sistema que funciona porque todos estamos conectados y que no tendría sentido si cada uno hiciera por su cuenta.

A lo largo de mi vida me he pertenecido a diversos colectivos. En algunos de ellos he sentido que formábamos un verdadero equipo. ¿Dónde has tenido tú esta sensación? ¿Eres consciente de lo lejos que puede llegar un equipo? Quizá no tan rápido como una persona caminando sola, pero sí mucho más allá.

¿En tu grupo de amigos funcionáis como grupo o como equipo? ¿Y con tu pareja (si la tienes)? Cuando dos personas comparten su vida puede suceder que uno más uno sea igual a dos o es posible que sumen, por lo menos, diez. ¿Cuál es tu caso?