Archivos del mes: 30 mayo 2015

MIRADAS

Miradas. Intensas, penetrantes, esquivas. Miradas de todos los colores. Curiosas, inquietantes, de reojo. Profundas, inquietas, sesgadas.

En los dos años y medio que he vivido en Qatar nunca he recibido ningún comentario molesto por parte de un desconocido. Si bien somos pocas mujeres aquí y las que no nos cubrimos con hijab constituimos una minoría, nunca he tenido que escuchar un requiebro, ni amable ni desagradable, por parte de nadie. En algunos países de Oriente Medio está incluso, prohibido por ley importunar a una mujer.

Todavía tengo el recuerdo de aquella tarde que me perdí en el zoco de Marrakech, un enorme laberinto de callejuelas y tenderetes que comienza en la famosa Plaza de Jamaa el Fna. Fue un momento muy desagradable. Vendedores y caminantes me acosaban para que comprara sus baratijas y muchos hombres de tez morena, al verme desubicada y aturdida, en un contexto ajeno para mí, me decían cosas. Creo que era algo así como “compra” y “guapa”. Ni siquiera recuerdo en qué idioma lo hacían. Comencé a caminar sin mirar a los lados y tratando de buscar una salida a lo que parecía un sueño bastante desagradable hasta que me encontré con un compañero del viaje, que me rescató del momento y que me invitó a un delicioso té marroquí.

Según me han contado no es extraño que en los países del norte de África las europeas reciban ciertos piropos por parte de algunos autóctonos. Por suerte para nosotras, esto no sucede aquí, en Qata y, sin embargo, me he sentido en ocasiones incómoda y tensa. Apuesto a que mis compatriotas han vivido aquí la misma sensación en determinados contextos… por las miradas.

Cuando trabajaba en Al Gharrafa me costaba cincuenta minutos volver a casa por las tardes, a la hora en que se terminaba la jornada laboral en las obras y las fábricas y los empleados volvían metidos en autobuses al lugar donde dormían. Parada en los semáforos, si levantaba la vista, podía ver decenas de indios mirándome con curiosidad. Son hombres que vienen a este país a trabajar y sus dos contextos son la obra o la fábrica y la habitación donde duermen. No tienen ocio y no socializan con nadie aparte de los compañeros que están en su misma situación. No ven mujeres durante varios años, más allá de las pocas que paran en los semáforos. Porque somos muy pocas las conductoras aquí.

Ahora siempre compro en Carrefour u otros supermercados occidentales. Hace tiempo que dejé de ir a tiendas pequeñas, locales, aunque me pillaran de paso, aunque fueran más baratas. Aparte de ser la única mujer en todo el local, sentía las miradas curiosas, extrañadas. Supongo que porque mi piel es blanca. Y he llegado a pensar que para algunas personas ver a una mujer con el cabello descubierto debe de ser como para nosotros encontrarnos a una señora haciendo topless. Incluso recuerdo a un niño de unos diez años que se se quedó parado, mirándome –en uno de esos supermercados de barrio- como si yo fuera un extraterrestre.

En este contexto de silencios las miradas hablan por sí solas. Las he visto cargadas de desidia. También arrogantes y otras, humilladas. De extrañeza, de sorpresa. Cansadas. Tristes, agotadas.

Algunos árabes tienen una mirada que me resulta seductora. Normalmente la de los europeos es suave y dulce mientras que la de ellos, por lo general, es intensa y profunda. La mirada de muchos árabes, desde esos ojos, que suelen ser oscuros, me parece cautivadora.

De nuevo la parte hostil y la simpática vuelven a estar unidas. He vivido la dureza de muchas miradas y he admirado la intensidad de otras.

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Y A LA VUELTA… ¿QUÉ?

IMG-20140524-WA0009Parece que los expatriados estamos de moda. Somos muchos y el hecho de salir para trabajar –y vivir- más allá de nuestras fronteras se ha normalizado en la sociedad. Y lo ha hecho hasta tal punto que cuando nuestros padres se reúnen con sus amigos, quienes tienen todos sus hijos cerca se convierten en la excepción. Este hecho nos facilita la vida. A nosotros y a los nuestros.

Nos llaman exiliados, expatriados, fuga de cerebros, jóvenes aventureros o emigrantes. A mí la palabra emigrante no me gusta porque de pequeña aprendí su significado con una pátina de melancolía, pues mi madre la empleaba al recordar sus años en Francia.

Erasmus-Dos-Punto-Cero me suena mejor. Bromas aparte, al igual que el Erasmus, esta aventura incluye billete de vuelta. Quizá otros compatriotas se queden en su país de acogida, pero Oriente Medio no es para siempre. Todo el mundo regresa y todos quieren volver a su país. Aquí no hay ancianos, aparte de los qataríes (población que supone una pequeña minoría). Incluso, quienes vienen a trabajar durante toda la vida, preparan su jubilación allende los mares.

No sé muy bien por qué, quizá porque las últimas semanas eché de menos España, me he puesto a pensar cómo será la vuelta. En todo caso, el regreso no será una vuelta a casa. Habrá que inventar una nueva etapa. Nueva.

¿Dónde vivir? Sé que no volveré a Vilamarxant, que es el pueblo dondé residí los últimos años en España. Quiero estar vinculada a él. Allí viven mis padres y tengo personas a las que estimo mucho. Y también un piso, pero sé que esa ubicación pertenece al pasado y no al futuro. ¿Dónde vivir? ¿Valencia? ¿Madrid? No lo sé…

¿A qué dedicarme? Soy optimista sobre el futuro del país, pero la arquitectura como negocio se ha extinguido. No me imagino dedicándome a ello en España. Ni por cuenta propia ni ajena.

Podría buscar un empleo o emprender. O quizá vivir de mis palabras (cumpliéndose así mi sueño).

Nunca busqué un empleo en España ni sé en qué sector debería hacerlo. ¿Quizá en cualquier empresa en el departamento de internacionalización? Hablo inglés y francés… Es una opción, pero no sé hasta qué punto funcionaría.

Para emprender dicen que ha de ser en un sector que te apasione. A mí lo que me más me entusiasma, después de escribir, es todo lo vinculado a la inteligencia emocional y la psicología positiva, aunque no tengo ninguna formación oficial y no sé si podría hacerme un hueco en el mercado…

¿Y mis amigos? Conforme ha pasado el tiempo me he ido despegando de ellos. No ha sido por dejadez, sino para evitar el sufrimiento de saberlos lejos. Desvincularme de DTP ha resultado muy duro, pero no podía pasar el tiempo pensando en las actividades, en las reuniones, los cursos, las clases…

¿Cómo sería la vuelta después de varios años fuera? ¿Nos sentiremos desubicados?

¿Cómo se crea una nueva vida?

Psicólogos del mundo, expatriados regresados, ¿cómo es la vuelta? ¿Cómo gestionar la adaptación a nivel emocional? ¿Cómo regresar a casa?

HERRAMIENTAS Y LENGUAJES

Logo OsoLos últimos días me he acordado mucho de algo que me enseñó mi hermano: la diferencia entre el diseño y la herramienta para comunicarlo.

Cuando él descubrió su talento comenzó a asistir a cursos de lo que entonces creíamos que era “diseño gráfico”. Empezó con el mítico photoshop y luego aprendió otros programas (herramientas) más profesionales, enfocados de manera más técnica a la gestión de imágenes. Aquélla fue su primera etapa y no se limitó a las aulas. Una vez en casa, se sentaba frente al ordenador durante horas. Carteles, tarjetas, montajes, imágenes corporativas, logos… parecía que todo saliera solo. Era bueno y lo hacía bien.

La segunda etapa de su formación como diseñador fue el máster. Y esta vez, el aprendizaje sí versaba sobre el diseño propiamente dicho. Cuando acabó me explicó que había aprendido, esta vez sí, sobre composición, color, formas, tipografías, escalas, etcétera, etcétera, y que todo lo que había cursado previamente era sobre el uso de herramientas. Por supuesto, las necesitaba, pero se limitaban a un medio para expresar lo que ahora sí dominaba.

A lo largo de toda mi carrera he escuchado a muchas personas decir que ahora, con autocad, ser arquitecto es muy fácil. Amigos, los arquitectos e ingenieros del mundo estamos encantados con esta herramienta, pero no es más que eso, una herramienta. Precisa, eficiente y útil, pero incapaz de sustituir los conocimientos técnicos y de diseño. Es más, para ser un arquitecto me parece imprescindible saber dibujar a mano y supongo que en las escuelas de arquitectura –al menos en las de España- sigue siendo fundamental.

Todo esto viene a cuento de que en mi nuevo trabajo he descubierto nuevas herramientas y lenguajes para expresar nuestros proyectos, que son de interiorismo y tienen una escala diferente a la que yo siempre utilicé.

En mi anterior empresa anduve perdida al principio y aprendí como pude a elaborar proyectos de interiorismo. Pero es en ésta donde estoy descubriendo herramientas y lenguajes propios del diseño de interiores, en el que reinan los detalles, los colores y las texturas.

Con mi formación y experiencia soy capaz de pensar espacios, materiales y acabados a esta escala pero carecía de la destreza para comunicarlos, para plasmarlos en un documento. Desde que he descubierto una serie herramientas y lenguaje mi vida profesional se ha tornado mucho más sencilla y abarcable.

Y es que en cualquier profesión necesitamos los conocimientos propios y también las herramientas para materializarlos. Y el lenguaje, una vez que lo interiorizas, que lo haces tuyo, te permite crecer e ir más allá, pues es el medio que usamos. Como el idioma es el instrumento con el que pensamos.

De pequeña me explicó mi padre que las personas podían tener un talento innato para llevar a cabo ciertas tareas, como pintar. Pero el hecho de que “se les de bien” no es suficiente, hay que complementarlo con una formación para aprender la técnica. Quizá se refería al aprendizaje de las herramientas.

Y para terminar quiero preguntarte, en tu profesión y en el desarrollo de otras actividades, ¿qué herramientas utilizas? ¿Podrías desarrollar tus tareas sin ellas?

Mi lenguaje en la profesión son principalmente los dibujos y los planos. ¿Cuál es el tuyo?