EMOCIONES VERDADERAS O REVESTIDAS COMO PILARES

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¿Mostramos nuestras emociones? ¿Somos conscientes de ellas? ¿Es posible que respondamos que sí y así lo creamos pero que en realidad no estemos conectados con nuestro interior?

Voy a explicarlo con una metáfora de las que a mí me interesan, una sobre elementos constructivos. Comenzaré con una pequeña referencia a unos pilares emblemáticos y enseguida regreso con las cuestiones emocionales.

El gran maestro Mies Van der Rohe proyectó el Seagram Building, que es un rascacielos ubicado en el centro de Manhattan y que fue construido entre el año 1954 y el 1958. Los pilares son metálicos, tal y como este arquitecto solía utilizar. Pero aparece una nueva variable: la normativa contra incendios no permite dejar los pilares de acero vistos, así que se revisten de hormigón. Viéndolos podrían parecer pilares comunes de hormigón (armado). Pero no quedaron así, pues el perímetro se revistió de cobre para hacer referencia al metal que en realidad había dentro.

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Detalle constructivo de los pilares del Seagram Building

Y yo me pregunto, ¿es posible que algunas personas no conectemos que lo que también tenemos dentro? Me refiero a necesidades, a emociones, a anhelos básicos. No los que se ven desde fuera, pues están envueltos por todo un revestimiento del tipo que sea. En los pilares del Seagram era de hormigón, en nosotros quizá sea una máscara social. Pero para rizar más el rizo, luego nos inventamos una cobertura metálica para enseñar al mundo nuestro carácter emocional. Pero resulta que ese cobre no es estructural, no resiste ninguna carga. Es mentira, puro adorno.

Voy a explicar mi caso como ejemplo. Es posible que yo no estuviera demasiado conectada con mis verdaderas emociones y carencias. Por alguna razón, esas eran enmascaradas con varios metros cúbicos de hormigón, que quedaran bien aislados los pilares verdaderos. Así yo no los veía ni los demás tampoco. Que quedaran tan recubiertas mis necesidades que pareciera que no existían. Es más, que pareciera que yo estaba rebosante y sobrada. Tan sobrada, que me quedaba para repartir por ahí. Para compartir con otros que sí tenían necesidades (no como yo, abundante y repleta de todo). Pues bien, esas emociones verdaderas se revisten. ¿Y luego qué? Luego envolvemos todo el pilar con una capa de cobre, que ya puestos a poner metal, que sea uno interesante y vistoso. A partir de ahí se crea un discurso que me acompañaría siempre y que tendría una imagen de lo más sugestiva. Viéndolo, todos “sabían” que yo era metálica, que diga, emocional.

Continuando con el gran Mies, viajamos en el tiempo hacia atrás y nos paramos en otra de sus grandes obras, el Pabellón de Barcelona, del año 1929, una edificación de belleza única y exquisita. De nuevo, nos centramos en los pilares. Otra vez nos encontramos con un elemento estructural “verdadero” y con un revestimiento. Lo que realmente sustenta la cubierta son unos perfiles de acero. Pero no se ven, estos están recubiertos por una chapa de acero cromado.

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Esta solución no es tan rebuscada como la anterior. Existen unas emociones que son las verdaderas pero no se muestran, más bien se envuelven con otras que quedan más vistosas. Aquí el proceso es distinto. La diferencia en este caso es que el pilar en sí sabe que la cara que los visitantes observan no es la de dentro, la real, pero es consciente de que en el interior hay algo distinto. Quizá no cromado, ni pulido como lo que se muestra.

¡Ay! ¡Si Mies levantara la cabeza! O si mis profesores se dieran cuanta de lo que hago con las enseñanzas que recibí en la escuela de arquitectura. En lugar de diseñar y proyectar aprendiendo de los grandes, me dedico a establecer conexiones con poco sentido que ni yo misma acabo de entender.

El caso es que esta inquietud la sentía desde hace un tiempo y necesitaba verbalizarla. Y aquí está. No sé si te habrás sentido identificado en lo de enmascarar las emociones, no ser consciente de ellas y crear -de manera subconsciente- otras nuevas y diferentes. Eso sí, puestos a diseñarlas, mejor que sean vistosas. O si te pasará alguna vez lo de nuestro segundo pilar, que hay unas por dentro y otras expuestas al público. En todo caso, creo que es conveniente que seamos conscientes de ellas, que al menos, nos demos cuenta.

 

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