Archivos del mes: 25 abril 2014

Canal visual

Canales de comunicación¿Alguna vez has escuchado hablar sobre los canales de comunicación? Si no es así, te invito a hacer un ejercicio. Para ello debes estar concentrado/a y enfocarte en los tres pasos que te voy a indicar. Procura que no haya muchos estímulos a tu alrededor, te pueden distraer.

Elige una de tus manos y une el dedo índice y el corazón. Los otros tres permanecen replegados, vamos, como si tuvieras el puño cerrado a excepción de los dos que tienes estirados y unidos. Mantenlos a unos treinta centímetros de tu cara y empezamos.

Imagina un hilo que bordea tus dedos, mira cómo éste cordel gira varias veces alrededor de ellos y observa cómo se hacen dos nudos. Uno primero y el otro después. Cuando lo hayas imaginado, intenta separarlos.

Muy bien, descansa unos segundos y vuelve a juntarlos. Ahora quiero que escuches el sonido de una puerta al cerrarse. Es un ruido que va a mantener tus dedos unidos. Tómate tu tiempo y cuando lo hayas percibido, sepáralos.

Sigue concentrado, que vamos a por la última parte. Tus dedos vuelven a estar juntos y en esta ocasión sientes la textura de un pegamento que los une. Nota cómo se seca y los junta y luego, desúnelos.

Los resultados de este ejercicio dependen, en gran medida, de lo concentrados que estemos, de lo sugestionables que seamos y de cuán en serio nos lo hayamos tomado. ¿Te ha costado separar los dedos en alguna de las tres fases? ¿En una más que en las otras? No es matemático, pero nos puede ayudar a saber si nos resulta más cómodo el canal de comunicación visual, el auditivo o el kinestésico.

En la primera parte del ejercicio hemos visto, mirado y observado. Algunas personas utilizan mucho estos verbos. Y adjetivos de color, de forma y de imagen. Una vez escuché a mi prima Arancha decir “hace un frío negro”. A mí, por ejemplo, nunca se me habría ocurrido aplicarle un adjetivo de color al clima.

La segunda fase estaba relacionada con el canal auditivo. La del ruido de la puerta. Algunas personas recuerdan lo que oyen con mucha facilidad. Aprenden y se comunican con verbos y adjetivos relacionados con los sonidos. Aunque éste no es mi canal predominante, confieso que una de las características físicas que más me atrae (o me repele) en un hombre es la voz. ¿Cuán importantes son los sonidos, las voces y los ruidos para ti?

Si recuerdas una película, ¿te vienen a la cabeza las imágenes, la banda sonora o la sensación física que experimentaste? Esto último está relacionado con la sinestesia. Las personas que tenemos el canal kinestésico como predominante, utilizamos con mucha frecuencia verbos como notar, sentir, percibir y adjetivos de texturas y sensaciones. Para mí la temperatura podría ser áspera o seca, por ejemplo.

¿Tú en qué canal te comunicas y aprendes de manera más cómoda? Te invito a que lo averigües y, en segundo lugar, a que observes el de las otras personas y empatices con ellas, adaptándote al canal de tu interlocutor. Resulta complejo al principio, pero es un buen ejercicio que puede convertirse en automático si lo entrenamos.

¿Y todo esto a cuento de qué venía? Pues lo cuento porque el mundo de la arquitectura y del interiorismo se comunican a través de los tres canales -pensemos en el sonido de una fuente o en la textura de una pared- pero, principalmente, se expresan a través de las imágenes. Del canal visual. Colores, formas, luz, tamaño, proporción. Todo ello, para trabajar, para cargar en la memoria, para utilizar al proyectar y ver un espacio que todavía no existe.

Piensa en una persona a la que quieres. ¿Ya? Bien, ¿qué te ha venido a la cabeza, una imagen nítida de él o de ella, su voz o una sensación? Yo no puedo recrear caras, para mí cada nombre tiene asociada una sensación física, una emoción. Pero cuando empecé a estudiar arquitectura, aprendí a “ver” espacios, volúmenes y formas. Para mí fue –y sigue siendo- un verdadero aprendizaje. Y sigo haciéndolo, ahora a menor escala y centrándome más en los colores, los estampados, los muebles y los elementos de decoración.

Y en esto me encuentro. Trabajando lo visual. ¿En qué canal te mueves tú mejor? ¿Cuál predomina en tu profesión? ¿Cuál has desarrollado más con los años? ¿Cómo aprendes mejor, viendo, oyendo o sintiendo? Y por último, ¿te animas a desarrollar más alguno de los tres?

Intención y sentidos

946365_10151785265527867_918114994_nCuando realizamos un trabajo que va mucho más allá de la pura funcionalidad, cuando tenemos en cuenta la belleza en nuestra obra, cuando uno de los objetivos de nuestro proyecto es conseguir un disfrute estético, es mejor tener una intención.

Mi amigo Luis me ha hablado muchas veces de la intención en la arquitectura. Y me resultó curioso cuando me descubrí hablando con Macarena, su mujer, que también es arquitecta, y ella me decía que en el interiorismo lo interesante era tener una intención.

A veces creo que entiendo este concepto y otras me siento perdida. ¿Qué significa realmente tener una intención? Cuando elaborábamos nuestros proyectos en la universidad partíamos de una premisa. Muchos de mis compañeros eran fieles a ella hasta el final. Yo me solía encontrar entre las que iban cambiando conforme transcurría el proyecto. Incluso, los había quienes iban más allá. Preparaban su proyecto y, una vez terminado, inventaban un significado. Le ponían imaginación y creaban una excéntrica historia que lo justificaba. Lo más increíble era que algunos de ellos eran tan buenos vendedores que conseguían buenos resultados.

Yo siempre me preocupé de que mis proyectos tuvieran una buena funcionalidad. Procuré trabajar bien ritmo, la armonía, las proporciones… Pero nunca fui capaz de contar una historia que justificara mis proyectos. Si bien habría podido inventarla, no me habría atrevido a venderla, ni a decir que los muros de mi centro cultural eran como las hojas de un libro. Que ondean al viento y que llegan, como pájaros, hasta nuestro corazón. Por eso, el ritmo de los volúmenes y las cubiertas descuadradas y blablabla… Vamos, que nunca me he visto capaz de justificar un proyecto con una historia de este tipo. No obstante, lo he visto hacer infinidad de veces a mis compañeros o a ciertos artistas.

Ahora que me dedico al interiorismo se reduce la escala. Me siento más cómoda, me parecen medidas más abarcables. De hecho, confieso que el urbanismo siempre me ha causado cierta zozobra por la escala en la que se trabaja. El caso es que me encuentro ante una estancia. Puede ser una oficina, una parte de la casa o una tienda y antes de empezar, procuro definir cuál es mi intención. Y puede ser conseguir un lugar cálido, tranquilizador, inquietante. ¿Qué quiero conseguir? ¿Qué quiero que perciban las personas cuando entren, cuando trabajen allí o cuando se sienten a comer? ¿Qué emociones quiero que sientan esos habitantes o esos visitantes? Y una vez que están claras, paso a materializarlas. Y lo hago con las texturas, los colores, los ritmos, la posición del mobiliario y con todos los recursos que poseo. Intento transmitir mi intención a través de los sentidos.

En mi vida personal siento que, de nuevo, me he vuelto a descolocar y tengo la necesidad de volverme a colocar. Y no estoy segura de cuál es mi intención. ¿Qué quiero transmitir? ¿Qué necesito? ¿Qué me haría realmente feliz? Estoy eliminando capas, quitando máscaras (algunas de ellas dulces y cómodas). Y he comenzado una nueva etapa de autoconocimiento. Más desnuda. Quitando colores, texturas y adornos. Desde aquí es mucho más difícil averiguar la intención. Y aquí lo hago en el sentido inverso. Tenemos el edificio y averiguamos cuál es la dirección que “él” tenía desde el principio.

¿Tú sabes cuál es tu intención? Y más difícil todavía, si te desnudas de esos revestimientos, sacas los muebles y las cortinas y despintas las paredes, ¿sabes cuál es tu intención original?

Interiorismo y emociones

iDDe repente veo colores, texturas, acabados, estampados, uniones, juntas… Aparece ante mí un mundo de elementos y de características al que nunca me había asomado tan de cerca.
A lo largo de mi carrera profesional, y también cuando era estudiante, trabajaba los espacios con la escala de un arquitecto.

Mis principales variables eran volúmenes, orientación, estructura, distribución, instalación eléctrica, alturas, circulaciones… Trabajaba el proyecto y solía parar al llegar a la piel. Esta piel y sus vestidos normalmente la elegía el cliente. Si me pedían asesoramiento yo les ayudaba pero entendían mi tarea como algo más técnico y general.

De repente, y no sé muy bien cómo, me veo dirigiendo el departamento de interiorismo de una empresa. Mi vida ha vuelto a dar un giro y me encuentro ante este nuevo reto. Mi tarea es diseñar la piel de esos proyectos que otro arquitecto ha concebido, completándolos, definiéndolos. Trabajando a otra escala. Distribuyo el trabajo entre los delineantes y visualizadores de 3D. Organizo, selecciono, elijo. Tomo decisiones. Me reúno con clientes y con los responsables de los otros departamentos de la empresa.

Los últimos días he sentido el vértigo por dos motivos. En primer lugar nunca he realizado diseño de interiores propiamente dicho (¿o sí?). Y en segundo, por la responsabilidad que conlleva.

Y así, he sentido entusiasmo, miedo, alegría, inquietud, frenesí, susto y, sobre todo, he sentido un nuevo reto aparecer ante mí. Considerable y abordable a un tiempo. ¿Te has dado cuenta de que crecemos cuando un ejercicio es complejo pero no excesivamente? Si nuestro contrincante, reto o novedad es fácil, nos aburrimos. No supone un desafío y puede que no nos atraiga demasiado. Si es sumamente alto para el nivel que tenemos, no lo podemos abarcar y sentimos frustración. Pero… ¡ay si nuestro adversario es grande y abarcable! Entonces es cuando podemos fluir, trabajar y alcanzarlo. Aunque, confieso que siento inquietud y zozobra en muchos momentos.

Así que aquí comienza una nueva etapa de mi vida. En mi viaje a través del interiorismo compartiré descubrimientos, conocimientos y experiencias. Hablaré de emociones y de su relación con la piel del hogar y con sus vestidos. Contaré qué quieren los qataríes, anécdotas curiosas y extravagantes y volveré a lanzar preguntas para que me ayudéis a reflexionar. Por otra parte, compartiré mis avances personales ante este nuevo desafío que me trae la vida. ¿Me acompañas?