Archivos del mes: 30 octubre 2011

Catarsis

Catarsis. La primera vez que escuché esta palabra fue en segundo de carrera, en una asignatura llamada Estética y Composición. Según Aranda, el profesor que nos lo explicó, uno de los objetivos del arte en general y de la arquitectura en particular era realizar una función catártica. No recuerdo si se refería en el alma, en la mente o dónde. El caso es que el artista, mediante su creación, se liberaba o desahogaba de las inquietudes o emociones arrebatadoras.

Todos tenemos en el recuerdo imágenes que hemos recogido del cine o de la literatura donde el artista, en los momentos que se encuentra más atormentado, es capaz de generar sus mejores creaciones. Las emociones y pasiones que lo torturan son las causantes de que produzca semejantes obras. Y es mediante esta creación como consigue librarse de sus tribulaciones.

La catarsis se refiere a esa liberación mediante la producción de arte. Una obra de arquitectura, una novela o una pintura serán diferentes dependiendo del estado emocional del creador en el momento de concebirlas. Creo que todos hemos experimentado esta sensación alguna vez. ¿Cómo te expresas tú en los momentos de mayor carga emocional? Y me refiero a creaciones que liberan, que se convierten en contenedoras de esas emociones y por eso llegan a ser obras con tanta carga.

¿En alguna ocasión has escrito de manera automática? A veces nos hemos podido sentir tristes o irritados y hemos plasmado directamente en un papel lo que sentíamos sin ni siquiera pensar en lo que estábamos anotando. Es una manera de aliviarse, como si dejáramos parte de esas inquietudes en la hoja.  Eso sí, surgen textos con una fuerte carga emocional. En cambio, si nos decidimos a escribir en un momento de serenidad, de calma emocional, es muy probable que no seamos capaces de crear narraciones tan intensas.

Yo he experimentado la catarsis con dos herramientas: espacios y palabras. En momentos de mayor inquietud emocional he diseñado proyectos con espacios que incluso a mí misma me han sorprendido. Y el único fruto no han sido estos diseños, sino la consecución de la calma. También lo he vivido escribiendo. En los momentos de mi vida más emocionalmente inestables he escrito los textos más impactantes. Y gracias a ellos conseguía sobrellevar aquellos estados.

¿De qué manera expresas tú los arrebatos emocionales? ¿Compones canciones, pintas, bailas, dibujas? ¿Mediante qué vía eres capaz de canalizar esas emociones? Si tomas conciencia de ello puedes sumirte a la tarea en el mismo instante en que sientas el impulso. Producirás obra y conseguirás purgarte de un secuestro emocional, restablecerás el orden en tu interior.

En mis clases de gestión emocional les pregunto a los chavales si las emociones ira, miedo y tristeza son buenas o malas. Al unísono contestan que malas. La siguiente pregunta es si siempre lo son. Piensan durante unos segundos y contestan que sí, aunque con menos seguridad. A continuación les pongo ejemplos donde momentos de rabia, de temor o de melancolía realizan una función positiva en nosotros. Al igual que existen otros en que la alegría o el entusiasmo en exceso pueden no ser buenos. Haciendo otra lectura sobre lo positivas o negativas que son las emociones, ¿podemos decir que gracias a ellas disfrutamos de ciertas obras de arte fruto de la vehemencia de ciertos pintores o compositores?

En definitiva, todos tenemos una o varias formas de expresarnos en nuestros momentos de mayor carga emocional. Aprovechemos esta vía para retomar nuestro propio equilibrio. ¡Empezaremos hoy mismo!

Equilibrio

Hace unos días vi un programa en televisión en el que hablaban sobre casas inteligentes y decían que la domótica era el futuro de nuestros hogares. Igual que estos avances tecnológicos han llegado a los teléfonos, a los coches y a otros elementos que utilizamos a diario, era el turno de que llegara a las viviendas. Y decían que no serían las casas del futuro, sino del presente, que la tecnología está lo suficientemente avanzada como para incorporarla desde ya. Y no a unas viviendas elitistas, sino para todos.

Yo me imagino que es dar un salto más. En algunas casas viejas todavía vemos que la instalación eléctrica está por fuera de las paredes, protegida por una canaleta o, incluso, el propio cable está a la vista. Dentro de unos años nuestros actuales hogares también incorporarán instalaciones colocadas a posteriori, instalaciones de seguridad, de ahorro energético, de confort, accesibilidad o telecomunicaciones. Y, por supuesto, estarán incorporadas en las nuevas viviendas.

Lo que más me gustó del programa fue cuando el presentador le preguntó a Jordi Ludevid, Presidente del Consejo de Arquitectos de España, cómo se iba a llevar esto a cabo, cómo se iban a incorporar estas novedades dentro de las viviendas. Él, muy convencido, contestó que los arquitectos lo integrarían, pasaría a ser una parte más del proyecto y los arquitectos sabrían integrarlas sin problema.

Cuando se proyecta, cuando se piensa en una nueva edificación, se consideran todos los factores a la vez. Para concebir un buen proyecto debes pensar en la estructura, en la distribución, en las circulaciones, las instalaciones, las vistas, la orientación… al mismo tiempo. En el proceso de ideación del proyecto todas las variables avanzan juntas. Si piensas en la forma y después intentas meter la distribución como sea, no sale bien. Si diseñas la distribución y luego le pones la estructura con calzador, tampoco.

A lo largo del proceso creativo hay momentos en que te paras y piensas, ¿esto va bien? Te separas un poco del proyecto e intentas juzgar cómo lo llevas. Yo sé perfectamente cuándo he llegado a la buena solución. Cuando todas las variables van juntas sé que lo estoy haciendo bien. Según mi amigo y profesor, Boro Borcha, sabemos que el proyecto es bueno haciéndole una radiografía, viendo su esqueleto. Y el esqueleto de un edificio es su estructura, el sistema de pilares, vigas y forjados. Si tiene un orden, el proyecto está bien. Yo estoy de acuerdo con él.

Y lo mismo sucede con las personas. Para que marchemos bien, todas las facetas de nuestra vida deben estar compensadas, en equilibrio. Seguro que conoces a alguien a quien le funciona muy bien el trabajo, por ejemplo, pero tiene cuestiones pendientes de resolver en su vida personal. O personas con unas áreas que funcionan muy bien y otras que fallan.

El equilibrio es difícil de encontrar, no obstante, yo estoy convencida de que podemos acercarnos a él. Para ello, identifiquemos qué es lo que queremos mejorar. Atrevámonos a verlo. Cuando yo iba al instituto solía sacar sobresalientes en casi todas las asignaturas. Sin embargo, sacaba cincos en educación física y tenía dificultades para relacionarme con mis compañeros. Yo me engañaba pensando que el no tener amigos y el no estar en forma no era importante… para eso sacaba buenas notas. Pues no es así, era importante y mucho. Lo primero que vamos a hacer es reconocer esas facetas que queremos mejorar. Y tomaremos conciencia de que podemos hacerlo. Por supuesto que podemos. Es más, en muchas ocasiones hemos logrado objetivos que creíamos inalcanzables. Yo, por ejemplo, me considero una persona deportista y con unas buenas relaciones sociales, algo que en aquél momento para mí era impensable. ¿Qué has conseguido tú? Busca en tu memoria y date cuenta de que puedes romper barreras.

Una vez que hemos identificado esas áreas que queremos mejorar, trazaremos una estrategia y empezaremos a ponerla en práctica. Habrá que luchar contra los hábitos establecidos y saber levantarnos cada vez que nos tropecemos. ¡Puedes hacerlo! ¡Empieza hoy mismo a equilibrar tu vida!

La personalidad de la casa visitada

Hoy, de nuevo, tengo ganas de reflexionar sobre la personalidad de las casas. Por si no has leído entradas anteriores -y si lo has hecho, servirá de recuerdo-, cuento que las viviendas primero se conciben y proyectan; en segundo lugar, se construyen, se da forma a lo que es su cuerpo; y por último, se habitan. Las tres etapas me atraen muchísimo, pero es la tercera (en la que yo no intervengo de manera directa) la que más me fascina. Una persona, una familia o unos compañeros de piso la visten e impregnan los muros de vida, le confieren un alma. Y ésta se va formando a partir de esas vivencias y de las emociones del ambiente. Por eso no hay dos casas iguales, aunque provengan de pisos idénticos o de adosados construidos igual.

Pues bien, hoy me apetece ver rasgos de la personalidad de estas casas. Cuando estás con una persona que conoces desde hace tiempo, con un amigo o un familiar, normalmente te sientes cómodo, la relación se ha ido definiendo de manera implícita, ya existen vínculos establecidos. Lo mismo sucede cuando estás en una casa que conoces, en la que te sientes a gusto. ¿Pero qué sucede cuando tratas a alguien por primera vez? A veces nos presentan a alguien o llegamos a un grupo y conectamos poco. Otras, sin embargo, nos adaptamos como si nos conociéramos desde siempre. Piensa en una ocasión donde no encontraras tu sitio y otra en la que encajarás desde el primer minuto. Ahora recuerda alguna casa en la que hayas estado por primera vez y con la que no empatizaste demasiado.  Por último, en una que te haya acogido como si ya existiera tu lugar dentro de ella. ¿Y esto de que depende? Pues del vínculo que creéis ese espacio y tú, de cómo sintonicéis. Y no sólo por el estilo. Puedes llegar a un sitio con una decoración que no es exactamente de tu gusto y sin embargo conectar desde el principio. Sucede como con las personas, ¿cuántas veces hemos conocido a alguien totalmente diferente y enseguida hemos sintonizado?

¿Cómo nos habla una casa? Lo hace con su mobiliario, con los objetos que la visten, con sus olores, sus colores, con su luz, sus sonidos, con su temperatura y con sus texturas. Y la entendemos perfectamente. Sabemos cuándo podemos sentarnos y dónde o dónde no. Hasta qué punto podemos llegar sin que se nos invite y cuáles son los límites de las zonas públicas. Algunas nos abrazan y  nos seducen para que nos quedemos más tiempo, al igual que lo hacen esas personas que, sin saber cómo, su compañía nos resulta irresistible. Con la misma temperatura hay casas frías y cálidas. En algunas se siente la tensión y otras tienen una atmósfera pura y armoniosa.

También las hay más masculinas o más femeninas. Algunas son organizadas, racionales, sistemáticas. Otras son más desordenadas. Las hay creativas y las hay previsibles.

¿Te has dado cuenta de que algunas son muy extrovertidas? Te hablan, te mandan mensajes con una espontaneidad pasmosa. Otras, en cambio, son tímidas e introvertidas. Envían señales con mucha cautela y muestras sólo una pequeña parte de lo que son. A menudo no se atreven a mostrar lo más interesante… ¡igual que las personas!

Está claro que un factor importante para trazar una relación entre la vivienda visitada y tú es el nexo, la persona que te invita a ella. Es como cuando llegas a un grupo nuevo, la forma en que te recibirán y en la que tú entrarás dependerá del miembro de ese grupo que te introduzca. En muchas ocasiones serás tú ese enlace, la persona que presentará a alguien o el anfitrión que recibirá en su casa a una visita. Hazlo con cariño. Dale una buena bienvenida tanto si llega a tu grupo de amigos como si lo hace a tu casa. ¡Serás un buen enlace!

La elección adecuada

Hace unos días estuve de visita de obra en la casa de mis clientes, y ya amigos, Mario y Mayra. La obra ya está bastante adelantada y estuvimos comentando los avances. A lo largo tanto de la fase del proyecto como la de la construcción, hay que tomar muchas decisiones, tanto los propietarios como yo debemos elegir. El tamaño, la imagen global, los acabados, el número de dormitorios, los espacios más o menos abiertos… Hay que tomar muchas decisiones.

Un día Gonzalo García, profesor de marketing para arquitectos, nos dijo que tomar decisiones era difícil porque elegir una suponía desechar el resto. Luego lo comprobó diciendo que tomar la decisión de casarse era tan complicado porque suponía no quedarte con todos los chicos o chicas que no eran tu pareja, aunque esto yo creo que más bien lo contó haciendo un pequeño chiste para que recordáramos el concepto.

Elegir… tomar, dejar. Mario me enseñó esa mañana una muestra del pavimento que había escogido. Dice que lo vio cuando estábamos construyendo la cimentación y le llamó mucho la atención. Pero, como quedaba tanto tiempo para colocarlo había pensado que seguramente vería otros suelos que desbancarían aquel parquet de color gris. Para su sorpresa, habían transcurrido los meses, la obra había avanzado, habían visto muchos suelos y ninguno le había llegado a cautivar como aquél. Por tanto, ése sería el que se pondría. Todo hay que decirlo, como Mayra prefería otros, aunque con menos vehemencia, había negociado con ella y le había dejado escoger otros acabados a cabio.

Cuando tenemos varias opciones nos solemos sentir incómodos, no sé muy bien si es por el miedo a equivocarnos. Hay personas muy habituadas a tomar decisiones profesionales, grandes determinaciones que atañen a diversos proyectos y después tienen dificultades para dilucidar en cuestiones personales o emocionales. También hay gente muy resolutiva, como mi amiga Cristina Navarro, que analiza las posibilidades y elige una de ellas con una soltura pasmosa. Y además, en el futuro son consecuentes con el camino que han tomado. Si han analizado bien, la mayoría de veces habrán tomado la mejor opción. Estadísticamente, puede que no haya sido así un pequeño porcentaje de ellas, pero lo asumen.

Hay quien no puede decidir, se paraliza, duda, y es incapaz de posicionarse. Y alargan la toma de la decisión en el tiempo, convirtiendo ese camino en una agonía.

¿Y en base a qué elegimos? ¿Nos hacemos una lista con pros y contras? Si salen más ventajas, elijo que sí y si hay más inconvenientes, que no. A veces una razón de una de esas listas pesa más que diez en la otra. ¿No te ha pasado alguna vez que te has decidido por una sola razón aunque el resto de motivos apuntaba a la otra elección?

Visto así parece que racionalmente podemos hacernos listas para comparar con razones que apoyen cada una de nuestras opciones. Además, todas esas razones no pesan lo mismo. Yo suelo tener un comportamiento bastante racional, creo que uso más mi hemisferio izquierdo que el derecho y además tengo formación técnica. Me gusta hacer listas de pros y contras. Ahora bien… algunas veces he tomado decisiones sin listas, sin saber por qué y estando totalmente segura. Tan segura que no cabía la posibilidad de equivocarme. No me lo decía la cabeza, me lo decía el corazón. ¿Te ha pasado esto alguna vez?

Puede suceder con situaciones banales, como comprar unos zapatos o elegir qué plato del menú vas a elegir. Pero también puede darse con elecciones mucho más trascendentales, como elegir la profesión a la que te vas a dedicar o la persona con la que vas a compartir tu vida.

Cuando tienes que elegir, ¿te guías más por la razón o por la intuición? ¿De qué te sueles fiar más, de tu cabeza o de un pálpito? ¿Decides bien cuando escuchas a tu corazón?

Arquitectura Efímera

Después de pasar dos días enteros en la Feria del Comercio de Vilamarxant y varios meses participando en la organización de ésta no se me ocurre otro tema sobre el que hablar. En todas las ediciones anteriores mi despacho ha estado presente en uno de los stands de la feria. Este año no he expuesto pero sí he estado en la caseta de la Asociación de Comerciantes y Profesionales de Vilamarxant, de la cual soy presidenta.

Durante dos días la Replaza ha albergado las casetas que representaban a muchos de los comercios y despachos de este pueblo, se ha convertido en un pequeño poblado, con sus calles, sus espacios públicos, sus zonas de relación, que en realidad era toda la plaza. Esto es una muestra de lo que se llama Arquitectura Efímera, es decir, espacios que se crean para ser utilizados durante un corto período de tiempo. Normalmente son escenografías o decorados.

Pues así hemos pasado estos dos días, en un vecindario muy particular donde cada uno tenía su caseta, sus vecinos, su calle y lo hemos vivido de forma natural. Debo decir que los stands han sido especialmente bonitos; los comerciantes y profesionales han tenido una actitud de lo más agradable y entre todos hemos creado un ambiente muy especial.

El gran acierto de este año ha sido la ubicación. Al ser una plaza se ha dispuesto un perímetro de stands y una serie de calles en el interior, creando así una gran cantidad de cruces y posibilidades de encuentro. En las ediciones anteriores la feria se disponía a lo largo de una calle, como si del modelo de ciudad lineal del ingeniero Arturo Soria se tratara. Funcionalmente era adecuado pero limitaba las posibilidades de encuentro y separaba demasiado las casetas.

El viernes por la tarde se colocaron las casetas. El domingo por la noche, hace un ratito, hemos recogido. Ha sido un barrio con una duración de dos días y, sin embargo, un verdadero entorno urbano. Yo me pregunto, ¿sucede lo mismo con las relaciones efímeras? En ocasiones tenemos encuentros más o menos casuales con algunas personas o grupos de personas que son muy breves en el tiempo y sin embargo, muy intensos. Te voy a pedir que busques alguno de estos encuentros en tu memoria. Albert Espinosa, en su libro El mundo Amarillo nombra este tipo de relaciones y pone varios ejemplos.

Como he dicho, en muchas ocasiones vivimos una relación o una amistad que dura muy poco tiempo pero que es intensa y muy verdadera. Otras veces ese vínculo permanece a pesar de que no tenemos contacto con esa o esas personas. De algún modo queda suspendida en el tiempo, como quedará el escenario de la feria hasta el año próximo. Montaremos las casetas y, de nuevo, viviremos ese espacio como si no hubiera pasado un año.

Voy a proponerme, y te animo a que tú también lo hagas, estar siempre bien atenta para disfrutar de cada amistad efímera que surja en mi vida. Es más, voy a estar predispuesta a ello. De nuevo, vuelvo a la conclusión de que la vida nos regala infinitas oportunidades para disfrutar y para enriquecernos… ¡aprovechémoslas!