Archivos del mes: 29 mayo 2011

¿Qué lugar te emociona?

A lo largo de mi vida he tenido la suerte de vivir en distintos contextos. Lo que en alguna etapa de mi vida detesté por la energía que requería cada cambio y por lo incómodo de las mudanzas hoy sé que ha sido una importante fuente de enriquecimiento y un conjunto de experiencias que me ayudan a plantear alternativas y tomar decisiones cuando tengo delante un proyecto.

He vivido en un pueblo pequeñito, en otro no tan pequeño, en dos ciudades; en casa de pueblo, en piso, en el campo, en chalet y hasta en residencia universitaria. He estado con mi familia, con compañeras piso, en pareja, con mi hermano y también he vivido sola. He observado, en distintas visitas, cómo vive mi familia y cómo mis amigos, en diferentes lugares de Europa. Además, existe una vivienda a la que le tengo un especial cariño y que para mí es todo un referente tanto a nivel constructivo y de de diseño como a nivel afectivo. Es la casa que construyeron mis padres con sus propias manos en Henarejos, Cuenca, que es el pueblo en el que me crié.

Se comenzó cuando yo tenía unos siete años, mi padre había dibujado los planos y él mismo la construyó, con la ayuda de mi madre. Yo lo observaba todo con avidez, me fascinaba. Y preguntaba continuamente el porqué de cada cosa. Los fines de semana mi hermano y yo convivíamos con los bloque de hormigón, con la arena, las paletas y la gravilla. Jugábamos con el poliestireno expandido -corcho blanco- y con las arcillas expandidas. Todavía hoy me emociono cuando llego a una visita de obra y noto el olor a hormigón recién fraguado, cuando siento la humedad y el frescor característicos de la vivienda con los tabiques recién hechos.

Cuando nos trasladamos a Valencia la obra se paralizó. Así estuvo durante más de diez años, hasta que por fin se culminó. Es nuestra casa de vacaciones. Una vivienda unifamiliar grande, con un tejado de cuento, rodeada de jardín y con un patio cautivador. No es solo un espacio físico, es mucho más. Alberga el esfuerzo y la ilusión de mis padres. Es un referente emocional y arquitectónico para mí. Cuando me he sentido abrumada, cuando he estado triste, cuando he sentido dolor en el alma, me he ido a pasar unos días allí. Sola. En aquella casa se paraliza el mundo, me hace olvidar todo lo que sucede fuera.Me reencuentro conmigo misma y se alivia mi alma.

Además, en los diez años que lleva terminada hemos tenido vivencias divertidas y alegres. Ha habido muchas fiestas y hemos tenido increíbles invitados e invitadas. Todos esos amigos y amigas que han venido, aunque sólo haya sido a pasar un fin de semana, la han impregnado de ellos, pasando a formar parte de su espiritu y la han enriquecido todavía más.

Y ahora te quiero preguntar, amiga lectora, amigo lector, ¿dónde te sientes tú tan bien? Dime qué lugar te alivia la tristeza y te potencia la calma, el bienestar interior. Independientemente de con quién estés o si estás solo o sola. No tiene porqué ser un espacio construido. Todas las personas tenemos un lugar que nos hace sentir bien. Tómate tu tiempo para recordar cuál es el tuyo. Puede ser algún rincón de tu casa, o un sitio que has visitado, ¡o una playa!, ¡o un bosque! Vamos a explotar las sensaciones que nos tranmite. Cuando te sientas desbordado emocionalmente, puedes hacer un ejercicio: siéntate o túmbate en un sitio cómodo, cuida que la temperatura sea agradable y pon una música relajante. Cierra los ojos y, respirando con el diafragma, relaja todo tu cuerpo. Distensa músculo por músculo, empezando por un pie, la pantorrilla, la rodilla… Cuando te sientas relajado, respira profundamente varias veces, siempre con el diafragma y comienza a imaginar. Te imaginas inmerso en ese espacio que te aporta tanto bienestar. Fíjate en cada detalle. Observa todo lo que te rodea ¡y siéntelo! Tómate tu tiempo para recrear los sonidos, los olores, la temperatura y disfruta del hecho de esatar allí. Si te has concentrado bien, tus preocupaciones se quedarán lejanas, se harán pequeñitas.

Con la práctica cada vez viajarás más fácilmente al “sitio”, que no tiene porqué ser siempre el mismo. Tenemos una herramienta increíble que es la imaginación. La podemos utilizar siempre y nos puede acompañar a diversos estados emocionales. Usémosla, por tanto, para situarnos en estados emocionales positivos. Seremos más felices.

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¿De qué color?

Acabo de terminar de prepararme un tema para mañana. Como en otras ocasiones, iré a un instituto a dar una clase de asertividad dentro del programa de la asociación sin ánimo de lucro Desata TU Potencial. La de mañana es asertividad, uno de los temas de inteligencia emocional y psicología positiva que llevamos a las aulas y que explicamos de forma divertida y amena, tal y como nos han enseñado en la asociación. Ya he estado varias veces en el instituto al que iré mañana y puedo decir que la formación es buena, que el centro tiene una buena gestión y que me gustan los profesores y el personal con el que he tratado, pero cada vez que voy hay algo que me entristece. Un aspecto de este centro me resta alegría y son sus colores. Es un edificio en altura, de cinco plantas, con una distribución eficiente, pero con unos acabados deprimentes. Los pasillos son grises. El suelo, el pavimento, es de un terrazo oscuro, muy viejo. Las paredes están revestidas hasta una altura de 1,10m (por motivos de limpieza) con unos azulejos de un color que me cuesta definir, entre crudo y verde melancólico. A mí me encanta imaginarlo con un suelo en colores alegres, por ejemplo, con un tipo de pavimento a base de resinas, que permite una gran variedad de tonos y tiene un acabado muy apropiado para edificios de pública concurrencia. Cierro los ojos y pienso en las pareces con otros colores, bastaría pintar los azulejos y el resto de pared. ¡Y las carpinterías! La puertas, en lugar de tener ese acabado en barniz de color marrón taciturno, estarían lacadas, quizá en blanco o tal vez en un color alegre. La instalación de calefacción, que es vista, se pintaría, dejaría de ser un montón de tuberías molestas y tendría su propio interés, como en el museo Pompidou de París, que en lugar de esconder las instalaciones las muestra y alardea de ellas, a la vista de seguidores y con un cierto tono de burla hacia sus detractores. Pues así me imagino yo este centro, tanto en los pasillos como en las aulas y demás espacios que lo componen. Seguro que el día que consigan una subvención llevarán a cabo una modificación de este tipo. No es necesario hacer una intervención de gran envergaduro, ni gastar mucho dinero… ¡hay que atender al color!

Y es que los colores, además de generarnos distintas emociones o de hacernos estar más propensos a ellas, pueden estimular nuestra creatividad. ¿Qué mejor para estudiar que un ambiente que nos transmita alegría y potencie nuestra creatividad? Este poder que tienen los colores lo conocen muy bien los diseñadores de interiores. Así, por ejemplo, vemos que en McDonalds predomina el rojo, el color de la sangre, que nos incita -sin ser conscientes- a comer deprisa, para así poder dejar la mesa rápidamente a los siguientes comensales. Algunos hospitales se pintan de colores fríos, como el azul, que nos ofrece serenidad y tranquilidad. Y ya sabemos que el blanco, que técnicamente es la mezcla de todos los colores, pero que nosotros lo consideraremos un color más, está relacionado con la neutralidad, con la pureza, con la limpieza. Y tiene la capacidad de producir una sensación de espacialidad, de amplitud. Pensando en esto hemos elegido los azulejos de un baño en una obra que estoy dirigindo. El espacio es estrecho y alargado. A las dos paredes mayores se les ha puesto un revestimiento muy claro, causando una sensación de anchura. Los dos paramentos pequeños se han resuelto con un azulejo muy oscuro, casi negro, que acorta considreablemente el recinto.

También son conscientes de esto en la empresa de mi amigo Pako, que siendo una consultora tecnológica, no se limita a ceros y unos, sino que piensan en colores. Se dedican al mundo de la informática y tienen una actitud creativa, innovadora, fresca… ¡piensan en colores!

Por último, deciros que todos sabemos que el efecto de los colores es muy fuerte, y así elegimos la ropa que nos ponemos en consecuencia a nuestro estado emocional o a la impresión que queremos causar en cada situación. Y cada uno de nosotros tiene preferencia por unos u otros colores. Muchos ya somos consicientes de ello. Si tú no lo eres, te animo a que te unas. Puedes vestirte, pintar tu casa, elegir tu coche… Es decir, podemos utilizar esta herramienta para modificar o mantener nuestros estados emocionales. ¡Usémosla!