NUEVA PIEL

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FACHADA EN LAVA COVERLAM (GRESPANIA)

Tras casi cinco años viviendo en Oriente Medio y ocho meses de descanso en España, he comenzado una nueva aventura profesional. Resultó difícil tomar la decisión: quedarme en España. Me llevó tiempo darme cuenta de que ahora tocaba permanecer en casa y de que en este lugar podía haber un sitio para mí.

Una vez aquí (ya, en cuerpo y alma), habría que buscar un empleo, pero yo no quería ejercer la arquitectura al uso como hice antes de marcharme. La sola idea me repelía. Diseñar viviendas es una labor gratificante. Sí. También tratar con los clientes y visitar obra. Pero el trabajo como arquitecto es mucho más amplio. Abarca una labor administrativa tremenda. Requiere una parte comercial, burocrática y de organización que convierten esta profesión en una labor ardua.

Por otra parte, el proyecto, además de un diseño y una definición constructiva, comprende una masa infinita de documentos a elaborar. Son tantos y tan complejos que a mí me resulta difícil manejarlos todos con soltura.

La situación del mercado y, en concreto, en este sector, es por todos conocida. Si bien se ha activado el mercado y se vuelve a construir, somos muchos arquitectos, muchísimos más de los que el la demanda es capaz de absorber. Durante los últimos años los precios se han banalizado hasta límites insospechados. Una cuestión de supervivencia, supongo.

A estas razones para no trabajar como arquitecta se le suma la cuarta y más pesada de ellas: no quiero pasar mi vida encerrada en una oficina, trabajando de cara a un ordenador. No me entusiasma ni me hace feliz. Es más, me consume.

Y así es como comencé mi proceso de búsqueda (interior primero) para reenfocar mi vida y mi carrera profesional. En primer lugar, mi coach y amiga, que me ha acompañado durante todo el proceso, me encomendó preparar una lista. Una lista de puestos de trabajo que yo sería capaz de desarrollar con los recursos que traigo, es decir, con mi formación, mi experiencia y mis capacidades. Además, junto a cada uno de ellos debía escribir los prejuicios, sensaciones y otras cuestiones que me provocaran.

Durante las semanas que preparé este trabajo, la vida me envió a varias personas que me regalaron información desde su propia experiencia laboral. Mi amiga Cristina me contó cómo había reconducido su carrera hacia la enseñanza y cómo ahora se siente satisfecha. La idea de “hacerme profe” me resonaba.

Otra opción, claro, era la de trabajar como arquitecta y dibujé una cara que lloraba al lado de una pantalla de ordenador. Otra alternativa sería buscar un empleo en una constructora. No me atraía en absoluto. Ser jefa de obra, project manager o algo así no me sentaría bien. Supongo que sería capaz de defenderlo, pero no me haría feliz. La obra es territorio hostil. Aquí y en todas partes.

Una cuarta posibilidad que anoté consistía en pasarme a ventas. Sí, ser comercial. Comencé a pensar en ello desde que me lo propuso mi amigo Miguel, que es técnico comercial. Me sonó raro al principio, pero cuantas más vueltas le daba, más claro lo veía. Agente de ventas en el sector de la construcción. Sí… ¡sonaba muy bien!

Una vez que llegué hasta ahí, el proceso fue rápido, limpio y sencillo. Currículum, linkedin, entrevistas, y contrato. ¡Así!

Antes de que me diera tiempo a asimilar, estaba trabajando para una empresa líder en el sector de la cerámica. En el departamento técnico comercial. Trabajamos con los productos más técnicos: fachadas ventiladas, suelos elevados, gran formato. Estoy todavía en la etapa de formación y ya me he enamorado del producto. Cuando lo domine del todo, viajaré a Francia para asistir a los comerciales de allí con soluciones técnicas. Y también para presentar nuestra propuesta a los arquitectos de allí.

Me siento ilusionada y joven otra vez. Contenta con el equipo de trabajo. Con ganas de salir ya a la calle para explicar en el país vecino las bondades de esta piel que nosotros vendemos. Esta piel cerámica que se ha reinventado, que apunta hacia el futuro, que ofrece baldosas Coverlam de más de tres metros de largo por más de uno de ancho y que llega a espesores de tres milímetros y medio.

Sí, especializándome en una gama de productos, sí puedo seguir en la arquitectura. Y sí, saliendo a la calle, puedo seguir en la profesión.

Y así es por dónde ando. Compartiré mi andadura, anécdotas y cuestiones relacionadas con la arquitectura, las emociones y la cerámica. En esta nueva etapa.

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