Archivos del mes: 28 junio 2014

Adiós, mi bello espejismo

Espejismo¿Cambiarías todo lo que posees por lo único que extrañas?

¿Dejarías el epicúreo oasis en el que vives desde hace tanto, te mudarías al árido desierto de la realidad a cambio de paliar el hondo vacío que sientes en tu corazón?

Imagina que la fantasía en la que vives te resulta tan real como los sueños de Calderón. Tus sentidos la perciben como cierta, al igual que todas las células de tu cuerpo. Como tú mismo la has diseñado, has cuidado con celo cada detalle. Las formas son voluptuosas y suaves. Los colores, amables y alegres. Emanan fuentes de agradables sensaciones y el agua es fresca y clara. Los sonidos son sugerentes y sensuales y los sabores, placenteros e impúdicos.

Parece que nada falta… ¿o casi nada?

Cuando el anhelo te acecha, sueles mirar hacia otro lado. Te recreas en tu fantasía. La sientes como real. La vives.

A veces viene con más fuerza y no puedes no mirarlo. Es inevitable y adopta forma de herida en el corazón. Quizá has aprendido a vivir con ella. Con esta aflicción que te aguarda.

De repente alguien te ofrece una pastillita roja, como le brindaron a Neo. Si te la tomas, vivirás la realidad como “es”. En honor a la verdad, no es la primera vez que alguien te hace esta sugerencia. Hace más de quince años, mi amiga Ana de San Martín me dijo que vivir una situación es más agradable que imaginarla. Mi amigo Paco solía decirme que aquello que yo vivía con tanta intensidad no existía más que en mi cabeza. Y mi querida Carmen, que tiene la maldita habilidad de mostrarme la realidad, suele repetirme que vivo en mi mundo inventado, que poseo una gran imaginación y que lo interpreto todo a mi más que subjetiva manera.

Evidentemente, yo era más lista que todos ellos y no los escuchaba. Escogía la pastilla azul. ¿Quién en su sano juicio va a cambiar un delicioso pastel por una simple fruta? ¿Por qué, porque es más sana? ¿Porque es natural y sincera? Sin azúcares refinados, alteraciones ni sustancias artificiales? Y yo elegía el mejor camino, es decir, seguir viviendo en mi sueño. ¡Tan cómodo! ¡Tan agradable! Además, era envidiada por todos. Me provocaba una sonrisa infinita en el rostro. Llegaba a temblar de placer. ¿Por qué razón abandonar este sinuoso espejismo que a mí me resulta tan real como a los otros su dura realidad?

¿Por qué limpiar los cristales de estas gafas y ver el árido desierto? Sentirlo cada día. Reconocer qué parte de mi vida es una quimera y caminar sobre el -en ocasiones- asfixiante asfalto. Sentir las aristas de la vida, los grises, el amargo de algunos tragos.

¿Por fidelidad a la verdad? ¿Porque se trata de una falacia desde el punto de vista espiritual? Querido Antonio, parece que esta razón es de peso, pero no bastó para convencerme. Este argumento no me resultó suficiente para abandonar ese tan delicioso paraíso inventado.

¿Pero qué sucede si encuentras una razón que quizá sí te parezca de peso? Si bajar al mundo real pueda ser el camino para volver a conectar con tu Ser (aunque todavía no sepa qué significa el Ser). Caminar sobre el polvoriento desierto quizá te conduzca de vuelta a la Fuente. Es posible que te reencuentres. O, aunque no llegues, puede que recorras unos pasos. Y estos pasos, que puedes ir dando mientras vivas, es posible que te conduzcan hasta el punto en el que descubras que en realidad la herida no estaba, pues nunca había habido abandono, desconexión. Que aún formabas parte del todo. Desde el principio.

No existe una vuelta a casa porque nunca te habías ido. Solo era una sensación.

El verdadero espejismo era ese anhelo.

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¿Y a mí qué me gusta?

Majlis 2A lo largo de toda mi carrera profesional me han acechado de manera intermitente dudas sobre el concepto de belleza. ¿Qué me gusta en arquitectura? ¿Qué no? ¿Qué tipo de espacios, de ritmos, de colores deberían seducirme y cuáles provocarme rechazo?

¿Es ésta una pura cuestión subjetiva y cada uno tiene sus propios cánones de belleza o, por el contrario, existen patrones comunes?

¿Se educa el gusto? Cuando estudiábamos historia de la arquitectura en la universidad, existía un mensaje implícito que te susurraba “debes deleitarte con la obra de los grandes maestros del siglo XX”. Entonces se convertía en cool loar ciertas obras y detestar otras. Imitar e interpretar unas pautas en nuestros proyectos era lo más. Criticar simetrías como si de una ofensa personal se tratara era lo más.

Entonces empezábamos a sentirnos seres superiores al resto de la gente. Íbamos a ser arquitectos, nosotros sí sabíamos lo que era belleza y el resto del mundo, esos simples mortales que adornaban sus salones con molduras y querían tejados con cubiertas inclinadas no tenían ni idea.

En ocasiones me sentía decaída porque no experimentaba ese éxtasis que parecían vivir mis compañeros escudriñando libros de arquitecturas y revistas especializadas (y todavía no teníamos google imágenes). Si racionalizaba lo que veía, sí podía juzgar, pues ya empezaba a estar adiestrada con la estética “correcta”. Pero ese “me encanta” o “qué horror” no era innato, sino que provenía de mi mente.

Por algún tiempo, incluso, me metí en el personaje y empecé un ciclo de discusiones con mi padre sobre la forma, función y estética en la arquitectura. Claro, él “no se enteraba de nada” porque no había leído sobre los cinco pilares de la arquitectura de Le Corbusier, ni tampoco sabía sobre el espacio fluido del que hacía gala Mies en sus obras. Por lo visto, no me faltaba orgullo ni soberbia.

A día de hoy no he obtenido respuestas absolutas sobre le tema de la belleza, pero he esbozado una serie de conclusiones. En primer lugar, el factor histórico-cultural es fundamental en la percepción estética. No sólo en cuanto a edificios y espacios, también lo es respecto a las personas y en todo lo relativo al diseñó y la moda.

Es indudable que existen proporciones, ritmos y combinaciones que a la mayoría nos resultan hermosos. Ya los clásicos usaban la sección áurea en sus obras.

Por otra parte, una misma imagen, situación u obra artística nos puede parecer sugerente o detestable debido a asociaciones basadas en experiencias del pasado. Pueden resultar anclajes emocionales de los cuales, en ocasiones no somos ni tan siquiera conscientes.

Entonces, ¿dónde hay belleza? ¿Qué más conclusiones o hipótesis podrías añadir?

¿Cómo podemos valorar una obra de arte? ¿Nos basamos en cánones sociales y culturalmente aprendidos o manifestamos una reacción innata?

¿La belleza la sentimos, la pensamos o la notamos?

¿Es el gusto la sensibilidad educada?

Profesionalidad y emociones

Job dismissal noticeCreo que me ha costado tanto tomar esta decisión porque todavía me parece reciente el día en que yo estuve en el otro lado. Hace unos nueve meses que me entregaron una carta de despido. Me llegó por sorpresa, sin previo aviso. Entendí que la empresa es una empresa y procuré no sentirlo como algo personal, aun sabiendo quién la había preparado.

Hoy soy yo quien firma la sentencia de este chico. Es un delinenate indio. Buen chaval. Pero no desarrolla su trabajo. No enteinde el inglés ni tampoco me capta cuando se lo explico con dibujos. Las más de las veces son sus compañeros quienes le socorren.

He sido paciente. He creído en él en muchas ocasiones. He procurado motivarlo y también castigarlo. Pero hemos llegado a un punto en el que él está de vuelta, es como si por dentro hubiera tirado la toalla.

En el fondo todo el tiempo he sido consciente de mis responsabilidades como manager del departamento. Suena grande la palabra, ¿verdad? A veces la uso con esa intención, pero en realidad no es para tanto. Uno de mis cometidos es decidir quién entra y quién sale y esto debo hacerlo en beneficio de la empresa. Si un empleado no produce, no tiene sentido que lo mantengamos dentro del equipo.

Desde que estoy aquí he procurado desvincularme emocionalmente de mis chicos. Empatizo, sí. Pero no más de la cuenta. Cada uno tiene su situación. Algunos de ellos están casados y sus mujeres e hijos viven en su país, al que ellos visitan una vez al año. Y así, probablemente, transcurran los próximos cuarenta años de sus vidas.
Yo he aprendido a distanciarme emocionalmente de ese tipo de situaciones.

También he aceptado que las jerarquías se han de respetar. Normalizar el hecho de que me llamen señora y no sufrir por el trato de ciudadanos de tercera que reciben aquí por su nacionalidad y color de piel se ha convertido en algo habitual.

Sí me implico, sí permito que fluyan las emociones. Sí los veo como personas y no como empleados. Pero hasta un cierto punto. Con límites. Quienes se hayan visto en esta situación sabrán de lo que hablo.

Emociones y responsabilidad hacia el cargo. Se puede seguir a ambas. Es posible integrarlas. No obstante, es la primera vez en mi vida que despido a alguien y voy a otorgarme el derecho de que resulte, al menos, raro.

¿En alguna ocasión has tomado decisiones cuyas consecuencias repercutían en otras personas? ¿Te ha resultado sencillo? ¿Sabes separar lo profesional y lo personal en estos casos?

Aire, Tierra, Fuego, Agua

Aire TierraHace años asistí junto a mis amigas a un taller de creatividad. Mucho aprendimos con aquellas actividades y a menudo recuerdo una comparación entre los cuatro elementos y las tendencias de cada persona en el momento de desarrollar un proyecto o llevar a cabo una empresa.

Primero debe nacer la idea. Conozco personas, como mi amiga Noelia que parecen preñadas de éstas. Generan propuestas y lanzan pensamientos a cuál más original y creativo. Son las “personas Aire”. Yo creo que tengo poco de Aire. Cuando estudiaba me convertí en una hábil recogedora de ideas ajenas y así aprovechaba propuestas de mis profesores o de algún compañero. Lo mismo me sucede ahora. Si debo generar ideas nuevas, lo hago, pero no es donde más cómoda me siento. Prefiero escuchar a mis clientes y estoy atenta a toda sugerencia.

Una vez que las ideas se han lanzado, hay que depurarlas. Estudiar cuáles son válidas y cuáles es mejor desechar. Las “personas Agua” limpian con maestría las propuestas antes de llevarlas a cabo. ¿Has hecho algún estudio de viabilidad? ¿Has sopesado las consecuencias antes de lanzarte hacia un nuevo proyecto, personal o profesional? ¿Eres “persona Agua”? Yo a veces sí, hago uso de mi mente analítica y de mi formación técnica. Sopeso las consecuencias y me avanzo al futuro. Pero en otras ocasiones mi actitud es desastrosa porque el entusiasmo me ciega. Me ilusiono en exceso y me vuelvo incapaz de ver los puntos débiles porque la pasión me embarga ante el nuevo proyecto.

Una vez que tenemos las ideas concebidas y elegidas, es el paso de la acción. Y entran en juego la ejecución y la motivación. Si eres de los que empujan en un equipo, de acuerdo con esta clasificación, tienes una conducta de “persona Fuego”. Trasmites ilusión, entusiasmo y fuerza, que tanta falta hacen a lo largo del camino. Cuando yo creo en un proyecto firmemente, apuesto por él. Me motivo, me alegro, me ilusiono y lo transmito al resto de los miembros. Creo que soy buena transmitiendo entusiasmo.

Y por últimos, las “Personas Tierra”, que son con las que más me identifico. Las que materializan, las que llevan a cabo la ejecución, dando cada paso de los indicados en el en proyecto.

Aunque todos somos capaces de llevar a cabo las cuatro etapas, solemos sentirnos más cómodos en una o dos de ellas que en el resto. ¿En cuál te encuentras mejor? ¿Cuál se te da realmente bien? ¿Eres más resolutivo o más creativo?
En un equipo conviene tener personas de los cuatro elementos. Así, me viene a la cabeza la empresa de interiorismo de mi amigo Ossama. Diseñan y ejecutan palacios en Oriente Medio. Su socia es una artista y cada vez que habla con el cliente emana ideas, formas, dibujos y bocetos. Luego llega él, se echa las manos a la cabeza por las propuestas que ella ha hecho al cliente y le dice que está loca. Pero después es capaz de materializar estas ideas. Una Aire y un Tierra perfectamente combinados.

Como siempre, recordaremos que podemos entrenarnos y mejorar cualquier habilidad. No obstante, en los últimos tiempos me inclino más por averiguar qué me resulta más sencillo y potenciarlo en lugar de descubrir lo que más me cuesta e invertir mi energía en ello, a modo de reto. Quizá nunca tenga una respuesta sobre el punto de equilibrio entre a qué es mejor dedicar el tiempo. ¿Tú qué sueles hacer? ¿Trabajas más tus habilidades más innatas o refuerzas lo que más te cuesta? ¿Es una buena opción para ti? Quizá el equilibrio sea distinto para cada persona.