Archivos del mes: 27 mayo 2012

Labores de mantenimiento

Cuando estudiaba la carrera en muchos temas se repetía el mismo inicio: “los edificios deben diseñarse, construirse y mantenerse para…” Está muy claro que la parte del proyecto es fundamental. La de la construcción también lo es. ¿Y la del mantenimiento? ¿La tenemos clara? ¿Conservamos con esmero nuestras viviendas? ¿Nuestras oficinas, locales comerciales, colegios…?

Y una nueva pregunta, ¿conservamos eficazmente a nuestras personas? Dicen que la amistad es como las plantas. Para que crezcan sanas hay que regarlas. Estamos de acuerdo, ¿verdad? Yo digo que también es como los edificios. Para que mantengan un buen estado vamos a protegerlas, a realizar labores de mantenimiento y a intervenir con alguna reparación cuando sea necesario.

Cuando llueve cerramos las ventanas. Así protegemos nuestra edificación de las humedades. Bajamos las persianas cuando hay tormenta. También nos limpiamos los pies antes de entrar en casa y limitamos el tipo de prácticas que realizamos en el interior. Por lo general, claro. Cuando vivía con mi hermano, en el piso de estudiantes, pintamos unas puertas en la galería sin proteger el suelo. Han pasado unos diez años y las manchas de pintura todavía están en el pavimento.

El caso es que protegemos el inmueble de agentes externos y de nuestros propios actos. ¿Hacemos lo mismo con nuestros amigos? ¿Somos conscientes de que se pueden mojar cuando llueve? Esa lluvia puede ser una situación externa, un incidente, una agresión. ¿Nos damos cuenta de que podemos herirlos con nuestras prácticas o nuestra actitud? ¿Somos conscientes de ello y trabajamos por evitarlo?

Después, están las labores más rutinarias como limpiar periódicamente y las que se hacen de manera esporádica, como pintar las paredes, mover un mueble, arreglar un grifo, cambiar una bombilla. Si no llevamos a cabo este tipo de labores, nuestro hogar se va estropeando poco a poco. Y lo sabemos bien. ¿Por qué nos relajamos, entonces, cuando se trata de trabajar por una amiga, un hermano o por nuestros padres? Esas relaciones necesitan que les dediquemos un sábado por la tarde. Que chequeemos su estado a menudo y que invirtamos energía para que estén siempre a punto.

¿Sabes lo que es una ITE? Es una inspección técnica del edificio. Como la ITV, pero para un inmueble. Es obligatoria para todos los edificios que tengan más de 50 años y se realizará periódicamente por un técnico competente. Para llevar a cabo la inspección tenemos un protocolo a seguir y revisamos los distintos aspectos de la edificación. Sería interesante hacer lo mismo con nuestras relaciones. Chequearlas, revisar cómo están y proceder a subsanar las posibles deficiencias antes de que provoquen una grieta, un desprendimiento o de que una instalación deje de funcionar.

Podríamos rellenar, por escrito o de manera mental una serie de fichas para hacer nuestra ITA, inspección técnica de la amistad. ¿Con qué frecuencia nos vemos? ¿Cómo es nuestra comunicación? ¿Le digo lo que significa para mí? ¿He dedicado tiempo en él/ella últimamente? ¿Está pasando un momento de dificultad y me necesita para apoyarse? ¿Está pasando un momento de celebración y se sentirá bien si lo comparte conmigo? ¿Le aporto lo que puedo y quiero? ¿Sé tomar y recibir lo que necesito? Sería interesante hacernos nuestras propias fichas con éstas y otras preguntas e ir rellenándolas para cada persona o grupo. Detectaremos las posibles carencias o posibilidades de mejora y actuaremos antes de que sea demasiado tarde.

¿Sabes lo bueno de todo esto? Rehabilitar una estructura afectada puede resultar caro y hace falta especialistas y técnicas sofisticadas. Reparar una grieta entre dos personas es muy barato. Normalmente pide dedicación, tiempo y cariño.  ¿Empezamos hoy nuestras ITAs?

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Nuevas generaciones

Este fin de semana ha tenido lugar el seminario de Alicante. Juan Planes y los colaboradores de Desata TU Potencial hemos hecho todo lo posible para que los más de quinientos asistentes destaparan toda su capacidad a la vez que se divertían y se emocionaban. Edición tras edición no deja de sorprenderme. Y, a pesar de que el contenido siempre es el mismo, nunca hay dos seminarios iguales.

Mucho podría decir de este último pero voy a centrarme en el grupo de voluntarios que asistió, que trabajó y que lo dio todo durante dos intensos días. Éramos más de veinte personas con camiseta verde: una rica mezcla. Estábamos algunos de los veteranos. Eché de menos a personas importantes que no pudieron asistir, pero cuya presencia sentíamos de alguna manera dentro del salón de actos. Y vinieron chicos y chicas de la nueva generación de DTP. Personas llenas de energía, de entusiasmo, de ganas y lo inundaron todo con su frescura, con su dinamismo y con su pasión. Me cautivó la juventud de su carácter. ¡Cómo empujaban! ¡Cómo transmitían!

A menudo escucho cómo se valora la experiencia, los años, las canas. En mis primeros tiempos como arquitecta me resultó duró conseguir que me respetaran y me vieran como una profesional. Sobre todo, en la obra. Además de ser mujer, era joven y aquello parecía un estigma. Algunos personas no terminan de confiar en los recién titulados, en los que acaban de llegar, en los que tienen pocos años. ¿Por qué? ¿Por qué hacemos esto?

Mies van der Rohe realizó su primera obra a los veintiún años. Y muy joven comenzó a proyectar diseños innovadores de acero y vidrio. Le Corbusier construyó Villa Fallet con dieciocho años. Y sin necesidad de citar a todos los grandes maestros de la arquitectura, en las Escuelas se genera una ingente cantidad de obra y surge de las mentes y del trabajo de los alumnos, de personas muy jóvenes. Y seguramente esto sucede por su frescura, por su capacidad de imaginar, porque todavía no están viciados.

Cuando yo estudiaba existía el rumor de que algunos profesores enunciaban los proyectos de clase según las necesidades que ellos tenían y que sacaban de ahí las ideas para realizar sus propios proyectos. Cierto o no, esta hipótesis está cargada de coherencia. La mente fresca y sin querencias de un alumno puede generar proyectos que ya no se les ocurrirían a algunos experimentados y resabiados arquitectos.

Pues bien, quiero romper una lanza a favor de los jóvenes. Tengan la edad que tengan, pues conozco viejos de veinte años y muchachos de más de sesenta. Y quiero homenajear a la nueva generación de compañeros de Desata TU Potencial. Muchos de ellos estuvieron en el seminario este fin de semana. Otros no pudieron venir pero sé que traen el mismo empuje y las mismas ganas.

Por la ilusión que le han puesto, por el ímpetu y por el derroche de fuerza que han demostrado. ¡Amigos, sois muy grandes!

El humor de mi casa

Hemos escuchado tantísimas veces que el humor con el que nos dirijamos al mundo influirá enormemente en todos los ámbitos de nuestra vida, que nos sabemos la teoría de memoria. De sobra conocemos que tener una actitud mental positiva determinará nuestros actos, nuestra percepción y, finalmente, nuestros resultados. Ya reflexionamos sobre esto en Esperanza, optimismo, confianza en el futuro. No obstante, yo me pregunto ¿realmente lo aplicamos?

Sabemos que con esta manera de posicionarnos, ente cualquier situación, daremos mucho más de nosotros mismos, nos planteamos más posibilidades y lucharemos hasta el final. Tendremos más fuerza para levantarnos cada vez que tropecemos y seguiremos adelante sin rendirnos.

Hay quienes van más allá y confían en que creyendo somos capaces de crear situaciones; que nuestros pensamientos pueden transmutarse, de manera que se materialicen nuestros anhelos –o, en su caso, nuestros malos augurios-. Incluso, hay quienes defienden que esto se puede demostrar mediante la física cuántica

La cuestión es que somos capaces de intervenir en nuestro entorno, bien porque desatamos todo nuestro potencial o bien porque creamos nuestra realidad a través de nuestros pensamientos. Y esto se nota en nuestros hogares. Hace unos días mis padres pasaron un fin de semana en nuestra casa de Henarejos. A la vuelta mi madre me contó, entusiasmada, cómo había experimentado los resultados de sus “buenas vibraciones”.

La lavadora de allí algunas veces funciona mal y el lavavajillas hace tiempo que no va. Casi lo hemos dado por perdido. Pues ella me contó que estuvo todo el fin de semana alegre, con una actitud mental muy positiva. Ante lo bueno y lo menos bueno. Se sentía animada y, tras hacer una colada sin ningún problema, se animó con el lavavajillas. ¡Funcionó! Y a la primera. Ella estaba convencida de que había sido su actitud la que lo había hecho marchar. Y, seguramente, así había sido. Por haber elegido el programa o el sistema correcto al estar ella tan optimista o por haberle “transmitido energía positiva”.

El caso es que los aparatos de nuestra casa se contagian de nuestro humor. ¿Alguna vez te has sentido mal y se te ha estropeado algo? ¿O se ha roto algún objeto? Y mejor al revés ¿en cuántas ocasiones estabas radiante y todo funcionaba a la perfección en tu hogar?

¿Y cuántas veces buscamos algo y nuestra casa parece habérselo tragado? ¡No aparece por ningún lado! Sin embargo, cambiamos nuestro humor, nos sentimos bien y enseguida surge o recordamos con claridad dónde estaba.

Una vez más vamos a tener conciencia de la influencia que tiene nuestro estado de ánimo en lo que nos rodea. Y, en concreto, en nuestras casas. ¿No es un buen momento para renovar nuestro buen humor? ¡Allá vamos!

Coche-casa

A veces vemos en películas estadounidenses a algunas personas que residen en caravanas. Qué concepto más curioso, vivir en una casa móvil. Mi pregunta es ¿nos podríamos sentir en un espacio así “en casa”?

Cuando era pequeña, durante unos años, me fascinaba la idea de tener una casa que se podía conducir a distintos lugares y les pedí a mis padres que compraran una autocaravana. Nunca conseguí convencerlos y, por tanto, nunca viví esa experiencia. Si has viajado en caravana, ¿podrías compartir tu vivencia? ¿Era como estar en una casa?

Mis padres tienen unos amigos con los que han hecho alguna excursión de fin de semana. Cada pareja llevaba una furgoneta equipada con un colchón. No necesitaban mucho más. Ni siquiera iban a ningún campamento. Les bastaba con encontrar un lugar agradable en la montaña. Y conquistaban ese espacio durante dos o tres días. Siempre volvían con buena cara y contaban que no estaban en la furgoneta sino en ese espacio silvestre, rodeados de naturaleza. Un claro en el bosque se convertía en su hogar por un fin de semana.

Para los amigos de mis padres estas acampadas eran un simple aperitivo, pues con su furgoneta-casa han recorrido, a lo largo de los años, toda Europa y también Marruecos. Ahora su furgoneta se ha estropeado definitivamente, tras diecinueve años de vida y ellos están tristes. Le tenían cariño. Con ella no solo han recorrido miles y miles de kilómetros sino que han vivido dentro. La habían convertido en su hogar durante aquellos viajes… ¿no era, por tanto, una casa?

Otro espacio distinto es un tren-cama. Eso sí que lo he experimentado y tengo el recuerdo de “estar de paso”, como cuando pasas una noche en un hotel. Te sientes extraño, no es tu casa, no es tu hogar. Simplemente es una cama donde pasarás una o varias noches. Es un lugar de nadie. Así fue como me sentí por una noche en aquel tren. ¿Has viajado alguna vez en uno?

Y otra casa, no con ruedas sino con quilla podría ser un barco. ¿Has viajado alguna vez en un barco o has disfrutado de un crucero? ¿Cómo fue la experiencia? Supongo que debe de ser parecido a estar en una pequeña ciudad, con espacios públicos y en la que cada uno vive en su casa-camarote.

Tampoco he viajado en yate pero intuyo que debe ser la versión fastuosa de la autocaravana en el mar.

Una vez más llego a la conclusión de que la esencia de una casa no está en su estructura, sus cerramientos, en sus paredes y acabados. Un hogar es algo más. Y, de manera excepcional, puede suponer una vivienda (permanente o esporádica) otro tipo de espacios. Como era el caso de la furgoneta.