Archivos del mes: 31 marzo 2015

UN SUEÑO DIFERENTE

IMG-20140607-WA0002Me siento cansada. Agotada por las vivencias de los últimos tiempos y no me había dado cuenta, por lo árido del camino, de que estoy teniendo la vida que soñé durante años.

Desde siempre he sentido una serie de inquietudes. Inquietudes poco originales, acuciantes en muchas personas, poco singulares, pero están ahí. Desde pequeña he sentido fascinación por descubrir otros lugares, experimentar otras vidas, escuchar otras historias, hablar diferentes idiomas, conocer culturas y probarme los zapatos de otros.

En el año 2003 obtuve una beca Erasmus para cursar un año en Francia (lo de “obtuve” no se entienda como meritorio pues había más becas que solicitudes). El caso es que disfruté de esta oportunidad y, al igual que ahora, la experiencia no fue gratuita. El precio era responder a un nuevo escenario, rodearme de gente desconocida, con un idioma que no entendía y echar de menos a los míos.

¿Por qué estas experiencias, con lo incómodas que se presentan, nos resultan tan satisfactorias? Me cuesta entender por qué hay personas que disfrutan, por ejemplo, con una película de terror. ¿Esto no supone sufrir de manera gratuita? Del mismo modo, tampoco entiendo por qué siento atracción –al igual que tantas personas- por lo desconocido… ¡con lo que cuesta!

Me he cambiado de empresa. Nueva oficina y un desempeño similar al anterior. Los primeros días has sido duros. Y no he tenido tiempo de tomar conciencia de que estoy viviendo lo que anhelé durante tantos años: un puesto de trabajo en una oficina internacional. Con el inglés como idioma vehicular. Con un buen horario, una gestión adecuada y un sueldo que me permite vivir con comodidad. Prometo que soñé con esto muchas veces. Sufrir la crisis los últimos tiempos de España, diversos cambios y luchas durante más de dos años aquí me habían hecho perder la perspectiva y confío en recuperar pronto mi energía para poder disfrutar del que fue mi sueño durante tanto tiempo y hoy es mi realidad.

¿Por qué muchas personas sentimos atracción por lo diferente? Mi amiga Chelo y yo buscábamos trabajo a la vez. Ella apuntaba a empresas españolas y lo consiguió. Mi estrategia fue la contraria. Cuando hablo con ella me siento un poco masoquista, ¿acaso tengo predilección por lo complicado? Ella opina que para tener una relación es mejor un chico español o, al menos hispanohablante. Argumenta, y con razón, que compartir idioma, religión y cultura facilita las cosas. A mí, con esta predilección por lo diferente, no me importaría caminar con alguien distinto. Me resultaría, incluso, enriquecedor.

¿Y tú, qué prefieres, la comodidad de lo familiar o la aventura de lo desconocido?

¿Te atrae más lo diferente o lo acostumbrado? ¿Te resulta apasionante, como a mí, cambiar de entorno, conocer y explorar? Si es así, ¿qué precio estarías dispuesto a pagar a cambio de esa experiencia?

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¿AVE FÉNIX?

Ave FénixDe nuevo te vuelves a caer. Cuando todavía no te habías recuperado de los últimos reveses. Cuando creías que esta vez sí, que era la definitiva y que todo iba a salir bien.

Entonces sientes un nuevo zarpazo. Inesperado y certero. Y cuando estás ahí abajo, aun antes de asimilar este nuevo batacazo, te levantas. No por valentía ni por fortaleza. No haciendo gala de esa frase que tanto repiten algunos, “¡qué fuerte eres!” o “tu capacidad es admirable”. ¡Al cuerno mi capacidad!, exclamas con furia, de hecho ni siquiera creo que la tenga, ni tampoco que sea valiente.

Y me levanto porque no tengo otra opción, porque es la única salida, porque no existe más alternativa que volver a la carga. Esta vez con menos ilusión, quizá, lastrando con el peso y sintiendo el hastío del agotamiento acumulado por las últimas caídas. O por los últimos restablecimientos acaso.

Entonces te repiten eso de que vas a aprender de esta nueva sacudida. Que el final de una situación y el principio de la siguiente te van a aportar mucho, que crecerás como persona y blablablá… Pero yo, que durante tanto tiempo fui seguidora de la actitud positiva, ahora pienso “que le den a la actitud positiva”. Estoy cansada de aprender a base de dolor, de crecer alimentada por situaciones duras. Estoy harta de sentir que no llego, que voy corriendo, que llevo la lengua fuera pero la vida no se detiene a esperarme, necesito ir más deprisa…

Me siento extenuada.

Me dan ganas de perder la esperanza, de cabrearme con el mundo y de gritar “¿QUÉ MÁS, QUÉ MÁS ME PUEDE PASAR?”. Esta vez iba a ser la buena y entonces mi mente me recuerda que no estoy tan mal y que tan solo debería tomar perspectiva, relativizar la situación, incluso, dar gracias. Pero mis emociones son más fuertes y callan a los pensamientos, esa vocecilla racional que ahora no quiero escuchar. Yo sigo atenta a las emociones, que por momentos se tornan arrebatadoras y me hacen sentir frustración.

Frustración. Me hacen sentirme de nuevo en la casilla de salida. Vuelta al inicio. Adiós a esas hermosas expectativas, empezamos otra vez el camino… ¡pero es agotador! Me gustaría caer, dejarme caer, rendirme… Y no, no tengo esa opción. Mi única alternativa posible es seguir caminando. Puede que con cierto cansancio en el corazón y sintiendo el hastío. Empezaremos, pues, a dar lo pasos. Sin entusiasmo. A pesar de que ésta fue en un tiempo mi palabra favorita. Sin ilusión por el nuevo camino que aparece ante mí. Uno mejor que el anterior, rodeado de flores y con una hermosa alfombra de color rojo brillante que se despliega ante mis pies. Lástima que mi estado no me permita verlo, que este hartazgo que me invade no me deje sentir la atmósfera suave y templada que envuelve la nueva etapa, una etapa que, por cierto, no ha vuelto atrás, porque nunca se regresa a la casilla de salida. Lástima que la sal de mis lágrimas no me permita saborear la nueva situación, que la tensión de mi cuerpo no me deje sentir la tibieza del ambiente y que la congestión de mi llanto bloquee estos aromas de la casilla de continuación de la partida.

Pero si levantara la mirada, pues yo me he levantado pero mi cabeza todavía está reclinada hacia abajo, entonces vería el brillo y los colores que la vida ha dispuesto para mí, esos que no aparecían en la casilla anterior, justo antes de caerme.