Archivos del mes: 27 septiembre 2014

Cuestión de escala

escalimetro_02Cuando trabajo en un nuevo proyecto comienzo desde un planteamiento general, desde el concepto global. A un tiempo voy jugando con las plantas, las secciones y la relación entre los distintos espacios. 

Circulaciones, estructura y volúmenes bailan al unísono. Tratándose de viviendas unifamiliares, se repiten ciertos patrones, parto de lo aprendido a lo largo de los años. Me siento segura porque el trabajo me resulta familiar, conocido. Además, no es tan diferente proyectar un chalet de doscientos metros cuadrados, como solía diseñar en España, que una villa de mil quinientos, labor habitual en Qatar.

Una vez que la distribución y las alturas quedan fijadas, que tenemos los alzados y las compartimentaciones, vamos a aumentar la escala para seguir con el proceso.

Y aquí es donde me muevo con menos fluidez. A veces siento miedos e inseguridades. Temo no realizar bien mi trabajo.

Vamos a imaginar que hacemos zoom en un salón o un dormitorio. Los paramentos ya están dibujados y los muebles, posicionados. Puertas y ventanas, en su sitio. Ha llegado el momento de vestir el espacio.

Las paredes nos piden paneles, molduras, colores, papel pintado. Los suelos no se conforman con un solo material, con un solo color. Los falsos techos suben y bajan, describiendo formas, jugando con los volúmenes y con la luz. Los muebles constituyen todo un capítulo dentro del interiorismo.

Y dando el salto que necesito en el hilo de este texto, recuerdo que hace años leí un libro para aprender a hablar en público. Estaba escrito por un orador brillante y aun recuerdo una anécdota que contaba. Explicaba que le incomodaba hablar con un solo oyente. Era ejemplar cuando se trataba de un gran auditorio, pero experimentaba cierta ansiedad cuando lo hacía ante una o dos personas.

Si bien con los proyectos me desenvuelvo con comodidad con ciertas “escalas grandes” y siento que estoy a prueba cuando se trata de las pequeñas, como a aquel orador le sucedía cuando hablaba para un solo oyente, a la hora de interactuar con personas, sin duda, elijo la pequeña escala. 

Si dedicas toda tu atención a la persona que tienes enfrente, si la calibras, empatizas y te olvidas del resto del mundo, la comunicación no puede salir mal.

En cambio, ante un grupo, las variables se multiplican. Lo experimenté cuando impartía talleres de inteligencia emocional en institutos. Un grupo no es la suma de todos, sino que tiene un “alma propia” y calibrarla me resulta complejo. No encuentro ojos a los que mirar ni respiración que sincronizar. Detectar y empatizar con el latido del grupo me resulta etéreo y complejo.

Al mismo tiempo el grupo está formado por diferentes individuos. Manifestar una actitud que pueda complacer a todos es realmente difícil.

Por supuesto estas conclusiones se basan tan solo en mi propia experiencia y percepción. ¿Cómo es la tuya? ¿Te resulta más sencillo conversar con una persona o hacerlo para una multitud? ¿En qué “escala social” sientes más comodidad? ¿O quizá se dará en un grupo reducido, en un punto intermedio?

¿Y en tu trabajo? ¿Disfrutas más resolviendo pequeños detalles o te motiva la organización general?

Y para terminar, me comprometo a desarrollar habilidades en las áreas del diseño de interiores. Quizá pueda importar alguna de las usadas con las personas. Escuchar el espacio, calibrarlo y centrarme en él, olvidando el resto del mundo. Percibir sus necesidades y su latido. Y tú, ¿qué te propones hoy?

Al Koot Cafe

Al KootOnce again in Souq Waqif. For me, the best place in Doha and perhaps one of my favorites in the world.

Today I came alone, as so often. I enjoy walking. I am captivated by the aromas and feel the energy of the place. Withstands the weather becomes already a challenge, but worth coming here. I watch the parade of people, this is a rich contrast. I evade myself among the murmur of multiple conversations and reach my favorite terrace. Al Koot Café.

Here it’s prepared -for me- the best lemon mint.

The waiters are friendly. They know me, say hello and smile. Sometimes they say a few words in Spanish and I accompanied my juice with a shisha. As usual, it is flavored with mint.

I am not alone, my words join me and I liberate them through the lines of this notebook, which always comes with me.

Fans soft the feeling of hot and spray tiny drops of water to relieve the sultriness offered by this climate.

I’m still smoking and my view is recreated in the landscape. Irregular yellowish stucco facades cut the skyline. The majestic moon hangs overhead and provides magic to the night.

I come back to myself. Come back to the one I was when I arrived to this city. To the one I have been the past few troubled months. And I leave again myself, breathing.

I feel peaceful, lucky to be here, grateful for the sense of peace and I enjoy the moment.

I do not think about the future. I forget the past and enjoy my lemon mint, my shisha and the simple moment, sitting right here. Al Koot Café.

Doha, May 29th, 2014

Al Koot Café

Al KootDe nuevo en Souq Waqif. Para mí, el mejor lugar de Doha y quizá uno de mis favoritos en el mundo.

Hoy vengo sola, como tantas otras veces. Disfruto de un paseo, me dejo embriagar por sus aromas, siento la energía del lugar. En estas fechas ya nos reta el calor, pero merece la pena venir. Observo el desfile de gente, un rico contraste de personas. Me evado entre el murmullo de múltiples conversaciones y llego a mi terraza favorita. Al Koot Café.

Aquí preparan los que para mí son los mejores lemon mint.

Los camareros son amables. Me conocen, me saludan y me sonríen. A veces me dicen algunas palabras en español. Yo acompaño mi zumo con una shisha. Como siempre, con sabor a menta.

No estoy sola, me acompañan mis palabras, a las que libero despacio en las líneas de esta libreta, que siempre viene conmigo.

Los ventiladores suavizan la sensación de calor y pulverizan minúsculas gotas de agua para atenuar el sofoco que nos ofrece este clima.

Sigo fumando y mi vista se recrea en el paisaje. Las fachadas irregulares revestidas con estuco amarillento recortan el cielo. La luna cuelga majestuosa en lo alto y aporta magia a la noche.

Me reencuentro conmigo misma. Con la que yo era cuando llegué a esta ciudad. Con la que he sido los últimos y atribulados meses.

Me siento tranquila. Afortunada por estar aquí. Agradecida por la sensación de paz y por poder disfrutar el momento.

No pienso en el futuro. Me olvido del pasado y disfruto de mi lemon mint, de mi shisha y del Ahora, sentada en este sitio. Al Koot Café.

 

Doha, a 29 de mayo de 2014

Cocinas

CocinaNos han encargado el interiorismo de una nueva villa. La distribución está completa y mi ego tarda poco en manifestarse criticando con dureza los planos, las circulaciones y la relación de espacios, “seguro de que yo lo habría hecho mejor” me dice. Luego me relajo, intento callarlo y recuerdo que mi labor no consiste en juzgar ni despreciar el trabajo previo sino en aceptar lo que llega y vestirlo de manera que consiga los mejores resultados.

Así que me pongo manos a la obra. ¡Vamos a por los interiores! Cuando llego a la cocina combino medidas, colores y texturas. Distribuyo, asigno, dibujo, decido… ¡y me paro! Me paro a pensar en la importancia de esta pieza, mucho más allá de su función.

La cocina es el lugar donde se almacenan y preparan los alimentos, pero también es, en muchas ocasiones, el espacio donde se desarrolla una parte importante de la vida de una familia.

Cuando trabajaba en España algunos clientes me pedían cocinas espaciosas porque no la iban a utilizar solo para cocinar, sino que “iban a hacer la vida” en esta pieza.

Cuando vivía con mis padres la cocina se utilizaba para preparar los alimentos. Nunca tuvimos televisión, ni mesa donde reunirnos a comer. Mi madre pasaba muchas horas dentro, afición que yo nunca he heredado, por cierto, pero sí recuerdo haber compartido muchos momentos con ella, sentada yo en un taburete, con una taza de té en la mano, mientras ella despiezaba un pollo sin inmutarse, amasaba pan o experimentaba con nuevas recetas. Mientras tanto, yo tomaba mi té y charlábamos. Supongo que nunca conquistaré a un hombre por el estómago… ¿qué le vamos a hacer?

Continuando con la función social de esta pieza dentro de la vivienda, existen casas donde se come, se cena y se desayuna en la cocina. Éstas se convierten en una estancia cálida del hogar, en uno de los principales espacios públicos de la casa.

El piso donde viví con mi hermano disponía de una cocina grande y la mesa de comer estaba dentro y no en el salón, aunque muy diferenciados el lugar donde cocinar y el de comer. Eran dos espacios distintos pero sin que ningún tabique los dividiera, en realidad no se abrazaban como sí lo hacen en otras cocinas.

Así que he vivido en casas con ambos tipos. Y antes de volver al diseño de la cocina para nuestro cliente qatarí, dime, ¿cómo es la tuya? ¿Qué usos le das o le dais? ¿Lugar para preparar alimentos solamente o es el verdadero corazón del hogar?

¿Está integrada con la zona de estar, con el salón, o es una pieza cerrada? ¿O quizá está en un punto medio, como una cocina americana?

¿Qué recuerdos te traen las cocinas de tu niñez? ¿Quién cocinaba en casa? ¿Qué importancia le atribuíais a esta labor, preparar comida como si de un mero combustible se tratar o era un verdadero ritual?

Y por último, ¿cómo sería la cocina de tus sueños? En caso, claro, de que tengas una cocina de tus sueños porque para mí tres metros cuadrados me bastan, nunca anhelaría más.