Archivos del mes: 21 octubre 2014

Pasión por amor

bandera-de-qatar_511df5fc6d41d-pPronto hará dos años que empezó mi relación con este país. A lo largo de este tiempo hemos atravesado diversas etapas. Todas buenas aunque no todas fáciles.

Cuando llegué me sentí fascinada por él. Tanto, que me olvidé de mí misma para empatizar con su carácter y su forma de ser, o mejor dicho, con lo que yo interpretaba que era su personalidad. En este intento de fusión comencé a pensar diferente, a comportarme de manera distinta, a vestir de otro modo…

Partí de la idea errónea de que mimetizándome con él, Qatar me amaría más. Pero no fue así. Con el tiempo descubrí que este país me quiere tal y como soy. Mostrándole respeto, considerando ciertos límites, pero siendo yo. Comportándome como lo he hecho siempre y pensando con mi propio criterio.

He vivido con pasión este tiempo, las emociones han sido intensas y cada nuevo día era una explosión de entusiasmo. Yo no era consciente de que la euforia me absorbía tan gran cantidad de energía.

Agotada esta etapa de pasión, con cierto atontamiento incluido, creo que empieza el amor, que es un sentimiento más sereno y profundo.

Me he recolocado en un punto de vista más objetivo. Ahora veo sus defectos y su cara menos bonita. Reconozco sus sombras y las acepto. Así es, las noto y no me gustan. Podría irme y elijo quedarme.

Ahora mi vida es algo más que él. Sí, vivo aquí. Esta ciudad, esta gente y esta cultura forman parte de mi día a día, pero mi vida es algo más. Qatar supone una parte, pero no es el centro del todo.

Posiblemente haya despertado de la hipnosis, del estupor y apabullamiento que el país despertó en mí cuando llegué.

Por Qatar dejé a otro novio que se llamaba Desata TU Potencial. Fue duro y costoso. Me separé de la asociación aunque sigo manteniendo el contacto y queriéndola. Eso sí, de un modo más sereno y sosegado. Sigo enamorada de DTP y creo que lo estaré siempre. ¿Cómo no estarlo?

Al principio me sucedió lo mismo que con Qatar (quizá deba revisar mis patrones de comportamiento), me sentí eclipsada por los valores de la asociación, las actividades que se realizaban y, sobre todo, por las personas que la formaban.

Durante un tiempo descuidé mi trabajo y ciertos aspectos de mi vida porque quería pasar más tiempo en las actividades de DTP, con mis amigos de la asociación, asistir a más cursos, más clases, más cenas. Mi familia llegó a decirme que estaba obsesionada y que no hablaba de otra cosa. Cinco mil kilómetros de distancia pusieron freno a esa pasión desaforada con la que vivía.

Y entonces llegó Qatar y comenzamos nuestra andadura juntos. Con él he tenido alegrías y también momentos de dificultad. He echado de menos a mi familia y a mis amigos y aquí han aparecido personas nuevas y maravillosas.

He añorado mis paisajes, mi serranía y el aroma de la atmósfera en la que antes vivía. También he descubierto la intensidad y la magia del desierto.

He cambiado la cerveza por el lemon mint.

En definitiva, he vivido dos años de pasión ante los descubrimientos y mi nuevo día a día. Y ahora me siento más serena, apaciguada. Mis días son menos intensos y más calmados. He cambiado la pasión por una relación más serena, quizá por amor.

Gracias, Qatar.

Majlis y reuniones

MajlisEn cualquier manual sobre negocios e internacionalización podemos encontrar las bases y ciertos consejos para comerciar en el mundo árabe. Aunque hablar del “pueblo árabe” me parece generalizar demasiado, pues cuanto más tiempo vivo aquí y conforme voy conociendo a más personas de diversas procedencias, más consciente soy de su diversidad. Por zonas, por regiones, por países… Hablamos de una cultura, pero en realidad son muchas.

Aun teniendo en cuenta la heterogeneidad de este pueblo, sí tienen una manera de hacer negocios similar. Aquí el tempo es diferente. Todo se ralentiza. Si estás pensando en internacionalizar tu empresa y abrir mercado, por ejemplo, en un país del Golfo, antes de empezar vas a tener que relajarte. Calma, paciencia y relaciones personales.

Seguramente necesitarás varios viajes antes de hablar estrictamente del business. Los árabes valoran mucho las relaciones humanas, les gusta charlar y son hospitalarios. Te invitarán a su casa, te llevarán al desierto, tomarás té con ellos y una vez que somos amigos, entonces podemos hablar de negocios.

Yo lo he experimentado a menor escala. Cuando visitaba empresas como comercial de los mármoles. Primero me ofrecían café o té y está mal visto rechazarlo. Menos mal que no beben alcohol, porque con tantas reuniones se podrían desencadenar situaciones complicadas…

Y el mismo proceso sigo ahora con mis clientes. Primero se charla sobre la vida, Qatar, Europa, el calor y otros temas varios. Después se pasa a la cuestión que nos atañe.

Si un día vuelvo a Europa creo que lo echaré en falta. Y me alegro de proceder del Sur. Mi cultura es latina, mediterránea. Esto lo notas cuando tratas con personas de otras latitudes. Nosotros también somos sociables, cálidos, extrovertidos y adoramos relacionarnos con otras personas.

En fin, que si los países del Sur de Europa valoramos la vida social, los árabes lo hacen todavía más. Aunque tienen sus códigos y sus maneras de hacer y éstas son muy distintas a las nuestras. Por ejemplo, en Qatar yo trato directamente con algunos clientes. Con otros lo hace mi jefe, que es varón.

Muchas reuniones de trabajo tienen lugar en los majlis, por las noches. Los majlis son edificaciones auxiliares dentro de la misma parcela pero separadas de la vivienda, salones donde se reúnen los señores. Si la visita es femenina, se le recibe en la casa. Los hombres se quedan en el majlis y allí conversan, toman té y fuman shisha. Y en ese contexto tienen lugar muchos negocios, que se trenzan con el devenir de las relaciones sociales.

En ocasiones me alegro de ser mujer y no tener que asistir a reuniones fuera del horario laboral. Otras veces me siento celosa e imagino cómo son esos encuentros informales y relajados, con un murmullo continuo, difuminados por el humo de las shishas y con sabor a café árabe y a té.

Y así es como vivo las reuniones en Oriente Medio. ¿Cómo son las tuyas? ¿Serias o desenfadadas? ¿Se tienen en cuenta cuestiones personales? ¿Hay muchos preámbulos como tenemos aquí? Supongo que como miembros que somos de ellas quizás podamos influir en el tono que adquieran…

Arquitecta de fantasías

FantasíaHoy voy a confesarlo. Diseño fantasías. Luego me las creo y las vivo. Como si de auténticos proyectos se tratara, voy dándoles forma, definiéndolas, vistiéndolas y revistiéndolas. Y ello, con todo tipo de acabados. Bueno, con todo tipo no, con los que a mí más me convienen.

Fue mi amiga Carmen, hace ahora un año, quien me dijo que tenía mucha imaginación y que vivía mi realidad con una enorme subjetividad. Al principio me gustó la crítica porque yo creía carecer de inventiva y esto, para una persona que desea ser escritora, puede resultar limitante. ¡Qué bien, tengo imaginación! Y tanta, que a veces me cuesta diferenciarla de la realidad.

Sobrepasada la etapa de embriaguez tras este descubrimiento, seguí desentrañando el mensaje de mi amiga y descubrí que cargaba una poderosa crítica constructiva. Además, me invitaba a llevar una vida más próxima a la realidad. Muy bien, acepto que quizá sea un poco fantasiosa, pero me niego a cambiar. Me gustan estos sueños que yo voy construyendo, ladrillo a ladrillo. Y me acomodan… ¡¡tan bien!!

Aparqué el tema, aunque en mi interior siguió latente de algún modo, hasta que otra persona volvió a ponerlo sobre la mesa. Esta vez, Antonio, mi coach. Antes de conocerlo yo creía que un coach era una persona que te acompañaba dulcemente en tu camino de crecimiento y desarrollo personal. Ahora pienso que un buen coach es la persona a la que le pagas para que te putee (perdón por el vocablo, pero es el que más se ajusta a los hechos). Me empuja a ver partes de mí que desconocía y que me disgustan. Ilumina mis sobras y suelo pensar que me sentía más cómoda sin nuestras sesiones. También sin el feedback de Carmen. Ellos me incitan a reconocer recovecos y ángulos oscuros que yo ocultaba. Destapan mi ego y mi orgullo, tan celosamente disimulados. Y lo peor de todo, me invitan a trabajar. Ha habido momentos dolorosos y quizá sea cierto eso de que el mayor enfrentamiento es el que uno tiene consigo mismo.

El caso es que me siento en el camino. En cada hito alcanzado reconozco que vale la pena, que quiero seguir y que me siento más feliz.

Me aplico para percibir el mundo de una manera más objetiva, acercándome más a la realidad y tomando conciencia de mi tendencia a fantasear. No dejo de imaginar, pero lo hago siendo consciente de que son sueños y, aunque los personajes de mis cuentos estén basados en personas reales, sueños son.

Por ejemplo, cuando me gusta un chico, me imagino un futuro con él. Lo diseño todo en mi mente y me olvido de la persona de carne y hueso (aunque yo creo que el imaginado existe y es el real). Esto me ha llevado desde siempre a perder interés por el mundo real, aunque nunca había sido consciente de ello.

Lo mismo me ha sucedido con mis empleos. Mi optimismo compulsivo me ha empujado a ver lo maravilloso de cada puesto. Trabajando como arquitecta en España, sufrí la crisis durante años sin tomar conciencia de la gravedad de la situación. Todo era perfecto y estupendo. O eso creía yo, hasta que alguien me pidió que hiciera un DAFO. Entonces bajé de mi fantasía para seguir las instrucciones del ejercicio y me asusté ante la realidad que llevaba viviendo los últimos años.

Tengo facilidad para idolatrar a gente y para enamorarme de lugares, de personas y de acontecimientos. Admiro, mitifico, reverencio a algunas personas de mi entorno, ensalzando sus bondades y ciega ante su parte menos virtuosa.

A lo largo de mi vida he desarrollado filtros para interpretar la realidad. Y me llega de tal manera que siento que cuanto me sucede es lo más maravilloso de cuanto puede acaecerle a un ser humano. Mi orgullo toma partido en este proceso y cierto protagonismo, también quiere salir beneficiado.

Hoy confieso que fantaseo. Pero también, que estoy limpiando mis cristales. Que salto al vacío y estoy en el camino que me lleva a pisar tierra firme, a vivir la realidad como es. Dentro de lo posible, claro, pues no se puede ser completamente objetivo y cada uno tiene su propia realidad. Me entrego a sentir el placer y el dolor que otorga la vida aquí abajo. A saborear los sucesos eliminando edulcorantes y conservantes. ¡Y asusta! Asusta porque es un terreno nuevo para mí. ¡¡Allá voy!!