Archivos del mes: 30 mayo 2014

Vestida de novia

NoviaPara llevar a cabo mis proyectos a menudo me meto en la piel del usuario, de las personas que van a disfrutar de esos espacios.

Sin perder de vista cuestiones técnicas y funcionales, en el momento de diseñar pienso como ellos, siento como sienten. Durante unos instantes, “soy ellos”. Me resulta más difícil cuando sus gustos y sus inclinaciones realmente distan de las mías. Y aunque a veces me siento tentada a intentar convencerlos de que otras opciones son más convenientes, si se trata de cuestiones estéticas, procuro meterme en el personaje.

Así, he vivido momentos en los que me he inclinado por los fastos, el lujo, la ornamentación prolija y ciertos colores que yo nunca utilizaría en mi casa. A través de estas experiencias me he llevado alguna que otra sorpresa y he acabado apreciando elementos que yo habría desechado y valorado como “de mal gusto” a priori. Esto me sucedió con la mashrabiya.

Dos proyectos tengo ahora entre manos. Uno es nuestra nueva oficina. ¡Cómo disfruto! Las necesidades de la empresa y la visión de mi jefe están alineadas con mi forma de hacer arquitectura. ¡Qué suerte!

El segundo proyecto es totalmente opuesto. Además, se trata de un tipo de espacio que jamás he experimentado: una boutique de vestidos de novia. Con una estética clásica o como dice el cliente, de estilo francés. Se encuentra en La Perla, que la zona más exclusiva de Doha.

A pesar de mi desconocimiento absoluto como usuaria o como acompañante, me he metido en el papel y como resultado, tanto mi jefe como el cliente están encantados con el diseño.

Lo reconozco, estoy disfrutando. Soy mujer y me he visto deleitándome con las imágenes pastelosas de desfiles, vestidos y boutiques. Buscando ideas y generando otras por mí misma.

Qué dulces los colores, los contextos. Qué suaves los tejidos, los revestimientos, la decoración…

Blancos, beiges, crudos y marfiles. Un poco de rosa pastel y pétalos de flores.

Molduras, volutas, cornisas…

Estos días me he sentido… ¡vestida de novia!

Mashrabiya

jean-nouvel-burj-doha-qatar-designboom04Celosías, filtros, entramados, calados, tamices, jali… ¡mashrabiya!

Hoy quiero hablar sobre un elemento arquitectónico muy presente en el arte islámico. Es característico de la estética musulmana, tiene su origen en un aspecto de su cultura y dejó huella en el arte andalusí. Las celosías son pantallas que se colocan en el hueco de una ventana u otras aberturas con el fin de tamizar la visibilidad. Desde dentro, ves sin que te vean. Como he comentado en muchas ocasiones, el pueblo árabe es muy celoso de su intimidad y desde siempre ha hecho uso de estos elementos. Yendo mucho más allá de su original función y convirtiéndolo en un componente ornamental. De modo que se llega a usar incluso cuando no hay que velar por la privacidad.

Los materiales más utilizados son estuco, madera, hierro, mármol o cualquiera susceptible de ser moldeado o labrado hasta conseguir la forma deseada. Habitualmente, líneas entrecruzadas que dan origen a formas estrelladas y poligonales. O arabescos, que tienen una forma más orgánica. A diferencia de la ornamentación cristiana, no se usan formas corporales.

Este juego geométrico ha traspasado la original funcionalidad y se ha convertido en un lenguaje de la arquitectura musulmana. En mi trabajo lo utilizo a diario. En los falsos techos, creando motivos estrellados y distintos niveles con la talla. O en suelos de mármol, dibujando arabescos, lacerías o polígonos. También, en el interior de nichos u hornacinos que creamos en las paredes. Son huecos que no tienen más sentido que el de hacer un gesto caprichoso y ornamental y jugar con las formas de los muros.

En ocasiones sí se usa con el objetivo original de buscar un grado de privacidad y se coloca para separar espacios, por ejemplo, entre un salón y un comedor. O en zonas públicas abiertas donde se quiere conseguir una diferenciación de áreas.

También es muy tradicional en la India, donde los patrones son mucho más florales y orgánicos. Lo llaman jali. Cuando trabajaba con los mármoles teníamos barandillas y pantallas de este material noble.

Aunque a mí me atrae cada vez más la mashrabiya (así se llaman estos patrones) árabe. La utilizo cuando diseño interiores. También en fachadas y la encuentro presente en el diseño gráfico y corporativo de numerosas empresas. Al principio no me gustaba, me parecían formas caprichosas. ¿Para qué poner adornos cuando no es necesario? Pero conforme más me adentro en sus juegos, más me fascina. Y así soy capaz de proyectarlos. De opinar sobre cuáles son más elegantes o, por el contrario, más vulgares. Yo misma creo patrones y me dejo llevar por la geometría, por los polígonos estrellados, por las formas que se crean a través de líneas entrelazadas. Y encuentro belleza en estos elementos.

Entre los arabescos, que son líneas que se curvan cual roleos y las formas geométricas, me quedo con las segundas. Quizá por mi formación como técnica o por mi atracción por la geometría y la abstracción de las formas.

Incluso, siento orgullo del momento de esplendor que alcanzó la arquitectura andalusí, el arte hispanomusulmán y las obras que todavía se conservan en la España moruna.

Así es que esto es lo que estoy aprendiendo sobre celosías, patrones y mashrabiya. Poco a poco seguiré contando más cuestiones sobre la arquitectura islámica. Espero seguir profundizando y compartiéndolo.

No soy capaz de…

Da-VinciNunca he sabido dibujar a mano alzada. ¿Una arquitecta incapaz de trazar líneas? Sí, señores, heme aquí. Durante muchos años lo oculté, lo escondí como un secreto que había que tapar. Cuando visitaba las obras me remitía a los planos. O enviaba después unos nuevos. O, incluso, más rápido: explicaba con palabras la solución constructiva. Tengo un rico vocabulario, ¿por qué no?
En la Universidad tuve compañeros que te dejaban con la boca abierta cuando tenían un lápiz entre las manos. Y yo sentía un terrible complejo. En primero de carrera pasamos un trimestre dibujando estatuas… para mí fue un infierno. Por supuesto, no aprobé la asignatura a la primera.

Una vez hice un examen de geometría perfecto. Y no me pusieron un diez. Me quitaron medio punto porque “mi elipse era peluda”. Me enfadé mucho. Estaba bien resuelta. Había sacado los puntos con el método aprendido en clase. Bueno, al unirlos la línea tendría ramificaciones, pero geométricamente era correcta…

Los últimos años dejé de ocultarlo. He trabajado mucho mi autoestima y no me importa decirlo. Mi amigo Luis es un dibujante magnífico. Yo lo admiro, pero ya no me siento acomplejada. Bueno, no dibujo, pero tengo otras cualidades, ¿no?

Así han ido pasando los años y, de repente, me veo en este nuevo trabajo, donde a diario explico a mis chicos lo que deben dibujar. Unos se ocupan de los planos y otros, de las perspectivas. Yo pienso lo que hay en esos espacios y se lo transmito. Nuestro inglés es limitado. Incluso, uno de ellos no entiende casi nada. Sin pensar, y con el objetivo de comunicarme, de transmitir los conceptos, los elementos que configuran cada proyecto, me valgo de un lápiz. Casi siempre, de uno que me regaló mi madre hace años y siempre llevo conmigo.

Para mi sorpresa, me he dado cuenta de que sí se dibujar. Planos, detalles, perspectivas y volúmenes… ¡a mano alzada! No son dibujos bellos pero son correctos. Proporcionados, claros. Acertados. ¿Pero cómo soy capaz yo de hacer esto, si yo no sé dibujar? Y entonces me he puesto a recordar los centenares de horas que pasé dibujando en la universidad. Los exámenes suspendidos, los trabajos realizados. Romper la mano, decían. Proporcionar, trazar líneas con firmeza. Con claridad. Analizar formas y plasmarlas. Incluso, sombrear y colorear.

Cuando estaba en el colegio un profesor nos dijo que lo más importante no era tener una letra hermosa sino clara, legible y correcta. Voy a recoger el concepto para mis bocetos.

Entonces… ¿sí que sé dibujar? Ahora mismo me siento como el elefante de Jorge Bucay, encadenada a una idea arrastrada desde el pasado. Creo que es lo que los psicólogos llaman creencias limitantes. Me he sorprendido. Me he alegrado por el descubrimiento. Y me he dado cuenta de que quizá existan más facetas en mi vida para las que piense que soy incapaz y cuyas restricciones existan solo en mi mente.

¿Qué limitaciones tienes tú? ¿Qué has pensado desde siempre que “eso” no era para ti? ¿De qué crees que eres incapaz? ¿Nos atrevemos a averiguar si en realidad SÍ estamos preparados?

Hamad, el nuevo aeropuerto de Doha

Hamad AirportAnoche mi amigo Luis y su familia viajaron a España. Cargaban tanto equipaje que necesitaron dos coches para ir al aeropuerto. Los acercamos Mohamed y yo… ¡al nuevo aeropuerto!

En funcionamiento desde hace una semana y operando –de momento- con unas pocas compañías aéreas, descubrimos el increíble edificio que conecta Doha con el resto del mundo. Se trata de una infraestructura apoyada totalmente en terreno ganado al mar. Recién inaugurado, creo que anoche había en las instalaciones más personal que usuarios y quizá una parte de los visitantes eran curiosos que se habían acercado tan solo para descubrir la increíble obra de ingeniería, arquitectura y diseño.

Me pareció fascinante que esa infraestructura fuera “el aeropuerto de mi ciudad”.

A lo largo de mi vida me he sentido parte de dos ciudades: Valencia y Doha. Viví un año en Marsella, pero nunca me noté integrada. También he formado parte de dos pueblos, pero ahora no los tengo en cuenta porque con tres cientos y ocho mil habitantes respectivamente, todavía no gozan de aeropuerto propio. El caso es que nunca he vivido en una ciudad realmente grade, en un referente urbano a nivel internacional. Si pienso en Nueva York o en Dubai, se me escapa un “wow”. Sin embargo, Valencia y Doha me parecen manejables, con un tamaño cómodo para mí y con un cierto carácter de andar por casa.

Encontrarme de repente en este nuevo aeropuerto de mi pueblo de Oriente me hace recordar que se están llevando a cabo proyectos faraónicos e incluso, algunos están ya concluidos. Y vuelvo a tomar conciencia de los objetivos a los que apunta esta pequeña ciudad del Golfo. Con anhelos de reconocimiento internacional, capacidad económica y los Mundiales a la vuelta de la esquina, recordé lo característico de este lugar y me fascinó la posibilidad histórica de poder vivirlo desde dentro.

Leí en algún sitio que algunos peces crecen más o menos dependiendo del tamaño del hábitat en el que se encuentran. No podemos negar que somos parte del sistema, que la personalidad de las ciudades está relacionadas con la de sus habitantes y viceversa. Yo influyo en el sistema y el sistema influye en mí.

Como he repetido en tantas ocasiones, de Doha destaco el contraste. Puedes encontrar un grupo de personas con un comportamiento burdo y a continuación, otro exquisitamente refinado y cosmopolita.

¿Y tú, cómo vives tú tu ciudad? ¿Sientes que formas parte de ella? ¿Y ella de ti? ¿Percibes el latido de tu sociedad? ¿Y el tuyo, está acompasado?

Los interiores de los qataríes

Palacio¡Me encanta esta nueva experiencia! Diseñar interiores para las casas de los qataríes me está enseñando mucho más de lo que esperaba. Lo que quieren en sus hogares es un reflejo de su cultura, de cómo viven y de cómo piensan los autóctonos de esta área del planeta.

Y si bien cada persona es un mundo, también es cierto que se pueden apreciar una serie de cuestiones generales a esta sociedad y que se entienden mejor si conocemos su historia y su cultura.

Qatar es un país musulmán y, al igual que sus vecinos del golfo, protegen con celo su intimidad y mantienen una vida social de hombres y una vida social de mujeres. Si paseas por el zoco, Aspire Park o por alguno de los muchos centros comerciales, verás grupos de caballeros y grupos de señoras. Hay parejas y pandillas mixtas de otros países musulmanes, como los del norte de África o como mi grupo de amigos que es un rico batiburrillo de nacionalidades, religiones y edades y que está formado por ambos sexos. Pero en los países del golfo, los chicos con los chicos y las chicas con las chicas. Esto se traduce en el interior de sus casas. Las viviendas y palacios disponen de salones –majlis– para hombres y salas para mujeres.

Otra característica de este país, y que ya se ha convertido en un tópico a nivel internacional, es el alto poder adquisitivo que poseen los qataríes. Los originarios de aquí disfrutan de las mieles del petróleo y del gas natural. Y lo hacen desde hace unas pocas décadas. Podría decirse que es una sociedad de nuevos ricos. Y como todo lo nuevo –también el dinero- requiere de un tiempo de adaptación y normalización.

He escuchado a muchos expatriados decir que los qataríes “no saben cómo gastar el dinero”. Es cierto que muchos de ellos hacen alardes de increíbles excentricidades y que en muchas ocasiones se sienten atraídos por la ostentación.
Así, es fácil cruzarse a diario con fastuosos coches, ver los caros complementos que adornan su vestimenta tradicional, como bolsos y zapatos en ellas o gemelos y relojes en los puños de ellos. Y, en la parte que a mí me atañe de manera más directa, el lujo en sus casas. Aunque trabajo para algún cliente que se inclina por los espacios sencillos, los planos limpios y los colores neutros, la mayoría desean que su casa parezca un palacio europeo. Les gustan los materiales nobles, los mármoles, las maderas talladas e incluso las piedras preciosas en los revestimientos. Piden dorados y marrones y mucha ornamentación. Molduras, volutas, acantos y arabescos se adueñan de las paredes, los techos y el mobiliario y yo me siento como un arquitecto del siglo XVIII en la corte de Felipe V. A veces parece que mi vida se desarrolle dentro de una novela histórica.

Otra característica de esta cultura, y que también se refleja en la forma de diseñar los espacios es su tremenda hospitalidad, muy significativa en todo el mundo árabe.

Cuidan de sus invitados con una gran amabilidad y comparten sus bienes y su tiempo. Son generosos con las visitas y, concretamente, mucho más con las mujeres, que aquí son –somos- tratadas como reinas. Esto se traduce en los recibidores, halls, vestíbulos y zaguanes. Son espacios acogedores y fastuosos para ofrecer una bienvenida grandiosa al visitante.

Así que diseñando interiores puedo hacer una radiografía de la sociedad qatarí. Más o menos acertada, porque dice mi amiga Carmen que le pongo imaginación al asunto, pero bueno, así es como yo lo veo y como interpreto lo que me cuentan. ¿Qué te parecen los qataríes?