Archivos del mes: 29 marzo 2013

Producir, gestionar, crear

MIA DohaHace unos días estuve discutiendo con un amigo arquitecto sobre la importancia de producir frente a gestionar. Él veía la producción como algo más importante y para mí, la organización y la dirección tenían más valor. De hecho, en la Revolución Industrial las máquinas sustituyeron a las personas en las tareas de producción. Y así ha seguido sucediendo hasta la actualidad.

En una organización hay personas que se dedican a pensar y gestionar. No producen y a mí ésta me parece una labor muy loable. Cuando trabajaba por mi cuenta, realizaba los proyectos pero también me ocupaba de administrar mi negocio. Organizar, decidir, marcar una ruta. Cuando observo a ciertas personas llego a la conclusión de que muchas son capaces de desarrollar una tarea concreta, pero no hay tantas con la habilidad para dirigir con éxito. De hecho, los sueldos más altos los suelen cobrar personas con este cometido.

A nivel personal también hace falta saber dirigir personas porque formamos parte de una familia y de grupos sociales y de amigos. Y, muy importante, saber liderarnos a nosotros mismo. ¿A ti cómo se te da?

Conforme avanzó la conversación me di cuenta de que no entendíamos lo mismo por “producir”. Él se refería a crear. Y ahí sí le di la razón. Crear es importante. Los arquitectos lo hacen al proyectar. Y también los compositores, los pintores, los escritores… Y quizá tú en algún momento de tu trabajo. O de tu vida personal.

Tengo la suerte de relacionarme con personas creativas y siempre aprendo de ellas. Supongo que esta capacidad tiene una parte de innata y otra de aprendida. Mi hermano es diseñador gráfico. Es muy buen creativo. Y, si bien es cierto que se ha formado y le dedica muchas horas, ya mostraba una inquietud desde pequeño. Es como si viera la realidad con otros ojos. Cuando grabábamos un vídeo familiar yo escribía el título en la pegatina. Pero él no. Hacía un dibujo gracioso y sencillo, lleno de intención. Era capaz de crear imágenes que a nosotros ni se nos habrían ocurrido. A una lista de la compra le añadía unas líneas y se convertía en una ilustración. Reconozco que me daba envidia.

El caso es que hay personas a las que se les da muy bien esto de crear. Y también, otras que son muy buenas dirigiendo organizaciones. Yo ahora tengo un trabajo bastante mecánico, pero la vida ofrece muchas oportunidades para crear y también para dirigir.

Producir, gestionar, crear… ¿a ti qué te gusta más? ¿Y qué se te da mejor? Y estas habilidades, ¿te resultan innatas o las has cultivado?

La arquitectura tiene una parte de crear, por supuesto. Pero también tiene otra de producir. Una vez que el diseño está encauzado, hay que elaborar un proyecto y, aunque necesitemos diseñar algo, no es la tarea principal en esta etapa. Y, además, la elaboración de un proyecto requiere una buena coordinación. Especialmente, si lo llevan a cabo varias personas.

¿Qué labor está más presente en el desarrollo de tu profesión? Y, por último, ¿la que realizas es lo que más te gusta?

¿Demasiado preocupada por la gramática?

Palabras casaÚltimamente la vida me está concediendo todo lo que pido. Y con creces. Hace unas semanas, me he ha hecho un nuevo regalito que ni siquiera había solicitado. Pero es algo bueno, así que lo acepto como todo lo que llega.

Tenemos un compañero nuevo en la oficina. Es español. Tiene mucha experiencia en arquitectura y es una persona de lo más interesante. Y el regalo es doble porque en unos meses vendrá su mujer, que también es arquitecta y también está muy interesada en cuestiones de inteligencia emocional.

Antes de que tuviera coche, lo acerqué a casa varias tardes. Parecía que lo hiciera porque era amable o buena persona o algo así, pero en realidad lo hacía por la riqueza de su conversación. Sembraba varias ideas en mi mente y yo tenía el camino de vuelta para reflexionar. Los semáforos en Doha son largos. En mi coche sonaban de fondo sonidos orientales que salían de la radio y en mi cabeza resonaban las palabras de Luis.

No sé si lo sabe, pero también relaciona y compara la arquitectura con cuestiones emocionales y de otras naturalezas. Estuvimos conversando sobre lo que significa proyectar y me habló de la intención. Cuando yo comienzo un proyecto me preocupo por la estructura, por la manera en que se va a construir, por los materiales… Y él me hablaba de enfocarse en la intención. De olvidarme de toda esa gramática y proyectar de una manera libre. Como sucede con un idioma. Empiezas a hablarlo bien en el momento en que te olvidas de él. Dejas de preocuparte por utilizar una sintaxis correcta, una pronunciación adecuada y te centras en el mensaje. En la intención.

Todavía no estoy en ese nivel con el inglés. Lo hablo a diario pero sigo buscando el vocabulario y, sobre todo, continúo pensando en cómo monto las frases para no resultar demasiado desastrosa con la gramática. Cuando aprendí francés me sucedió lo mismo. Demasiado preocupada al principio. No fluía. Incluso, dejaba frases a medias para buscar palabras en mi diccionario, dejando a mi interlocutor a la espera. Y, de repente, llega un momento en que tienes tanto control del idioma que te olvidas de que lo estás utilizando.

Y no me he dejado a mí misma que eso me suceda con mis proyectos. Pienso en cuestiones de economía, de lenguaje, de ritmos. Materiales, retículas y estructuras me hablan cuando estoy dibujando, cuando estoy pensando, cuando quiero proyectar. ¿Acaso esa fijación por la materialidad no me deja ir más allá?

No sé si será el momento de saltar y llegar más lejos. O quizá sea esta mi metodología. Además, a mí me encantan las reglas, las normas, los estándares. No lo puedo evitar. Siempre vamos a tomar decisiones, así que mejor si reducimos esas variables a un número pequeño. ¿Cómo? Partiendo de un sistema. Pero sólo como guía, sin obsesionarnos.

Y tú, ¿te fijas mucho en las normas cuando creas? ¿Sigues recetas, instrucciones, “buenas prácticas”? ¿O te dejas llevar, vuelas y te centras en la intención?

Where is home?

20130215_163056How long will I stay here? Well that’s a good question.

When we undertake a trip, involving or not a move, we should know the return date. Return? What does it mean exactly? Coming to the point where I was before? Because if this is so, I will not return. I embarked on this adventure because something did not work. Or because I wanted to experience or improve any area of ​​my life. And no, I wish not to return to the starting point.

Or maybe, in a “trip” like mine, it implies a geographical shift, returning is coming back at home? At home, not to the starting point.

And, to complicate the meaning of words, what does “go home” mean? I suppose the answer immediately, for me, would be to return to my parent’s. I have not lived there for fifteen years. And it is not because of the house, but for them, so what does it involve for me: safety, security and warmth. Is that what we understand by home? Refuge? Defense and heat for our soul?

I have no a couple or children and my family are my parents. If you live with your partner and your children and you have a good relationship with your parents, tell me, what is for you to be at home? I don’t think you can replace one home for another one. I understand that both of them are there together. Is that right, so?

When my parents will come to visit, despite being out of my country, will I feel at home? And do I do when I talk to them? And when, even without talking to them, but I know they are here? Do I feel at home? Well, I think so.

Perhaps, it’s because I had a healthy childhood and a good base was built up for me? Some insurance basics, warm support, and the knowledge that everything will go well and that I am protected.

Parents, childhood home, the warm feeling of protection … I’m not sure that my today father and  mother are the reason for that feeling of belonging to the household. Rather I think it is somewhere that I “am” now and if it was created by what they were once. Do you feel the same?

Moreover, we often need to identify our home with a physical space. Here we call it Spain. And we have a double sense: on the one hand, “we are from there” and another, “we are from the world” and both feelings coexist in harmony. At least, they should. I know people who live far from their home country and they yearn  to return. But at the same time, when they go home they feel sadly separated from their host site. To our emotional health we have to accept that our house is in two (or more) places.

Why do we use to talk about Spain? For two reasons, I think.  Our personal and cultural history. On one hand, we have grown there. Our life has evolved into a place, with customs, some friends, some spaces and countless experiences that occurred in our country (in our city, if we refine more).

And moreover, we drink from a culture inherited from our parents. My mother was born in France and has always been Spanish. Undoubtedly. My uncles and my mother lived her childhood in France, but they were in a Spanish home. They had inherited the awareness of belonging to a place that was far from the house where they lived.

Finally, and leaving nothing clear, then I have just chatted and nothing I’ve concluded, I want to dedicate this post to all the people who did not grow up in a loving home and they did not feel in his childhood the safety and security that everyone should have in childhood.

Good news is that human beings have a capacity to recover all, resilience. It’s not me who says that. It’s the psychologists and psychiatrists who wrote the books I’ve read on this subject.

There are children who do not get enough love in the younger age. Some, who grew up in a concentration camp and some abused. And this is very hard and complicated, it may leave aftermaths for the rest of their lives. Security issues, self-esteem, lack of capacity to receive and give the love that they did not live at the time. And also can recover! Accept that this was the case and that they can create a home within itself. They can rescue the child who they were and invite him/her to this new home.

In recent years I have seen two people very close to me have built their own home. They didn’t have all the love in childhood that builds a warm house where you always want to return. And they have managed to produce it. Growing. Loving and loving themselves.

Con entusiasmo

Puesta de SolCreo que todos estaremos de acuerdo en que la capacidad de entusiasmarse es beneficiosa para quien la posee. Y yo la tengo. Pero sobre lo que quiero reflexionar hoy es si un exceso de entusiasmo puede resultar negativo. ¿Es mala una sobredosis de alegría?

A menudo me enamoro de las personas, me enamoro de las actividades que realizo, me enamoro de los lugares que visito. Bueno, en realidad, me entusiasmo. Pero tanto, que siento que me enamoro.

Cuando iba a los institutos a dar charlas de gestión emocional, les preguntaba a los alumnos si las cuatro emociones básicas –alegría, miedo, rabia y tristeza- eran positivas o negativas. Primero ellos me decían que la alegría era buena y el resto, malas. Con algunos ejemplos nos dábamos cuenta de que la rabia, el miedo y la tristeza, bien gestionadas, pueden resultar beneficiosas. Y, curiosamente, un exceso de alegría, puede no serlo tanto. Imagina que vas a tener una excursión con tus compañeros del instituto (para adultos, escogeríamos otra actividad como ejemplo) y estás tan entusiasmado, alegre y eufórico por este motivo, que no puedes conciliar el sueño. Duermes poco y mal y al día siguiente no disfrutas tanto de la excursión precisamente por esto. ¿Un exceso de alegría siempre es beneficioso?

Cuando cursaba segundo de carrera le expliqué a un amigo qué significaba para mí estudiar arquitectura y me encontró tanto entusiasmo que dijo que debería ser yo quien informara sobre la profesión porque mis argumentos seducirían al dudoso.

Sí estaba encantada, creía que había acertado y que ésa era mi gran pasión. Años después me di cuenta de que me podía haber enamorado –también- de muchas otras profesiones. Es más, me habría prendado de muchas otras formas de vida que no consistiera en estudiar arquitectura. ¿Esto es bueno? Yo pienso que sí. Pero si nos detenemos a analizarlo, seguro que se puede añadir algún matiz. ¿Existe una forma de vida, una profesión o una carrera donde yo fuera feliz al máximo? ¿Mucho más dichosa? ¿Y, acaso sentirme entusiasmada me llena de contento con otras diferentes posibilidades hasta el punto de no darme cuenta de que existe esa opción que para mí todavía sería mucho mejor?

Lo mismo me sucede con las personas con las que me relaciono, con los lugares donde vivo o con los hombres que conozco. Me siento seducida, me entusiasmo Me enamoro tanto que pienso que estoy con la mejor opción. Y me repito la pregunta, ¿existe una mejor alternativa?

A menudo escuchamos que uno debe aprender a ser feliz con lo que tiene: con su trabajo, su entorno, su familia… En lugar de esperar determinadas circunstancias para alcanzar la dicha completa. Y bien, yo me pregunto, ¿he llevado este principio demasiado lejos? ¿Acaso me he quedado en muchas ocasiones con lo que tenía –creyéndome enamorada- en lugar de buscar un nivel de felicidad todavía superior?

De nuevo una entrada donde poco o nada he hablado de arquitectura. Permíteme esta licencia. Me sentía tan atrapada por estos pensamientos que no podía dejar de compartirlos.

¿Tú te sientes una persona entusiasmada? ¿Te enamoras de las personas que te rodean ¿ ¿Y de tu trabajo? ¿Y de tu vida?

Alguna vez, ¿el entusiasmo por algo bueno no te ha dejado ver que podía haber algo mejor?

Noches sin dormir

caféEl tema de hoy no se me ha ocurrido a mí. Es regalo de Carol, mi compi de piso, mi compañera de trabajo y mi amiga. Gracias, Carol. Vamos allá.

Durante los años que estuvimos estudiando la carrera de arquitectura, pasar noches en vela era habitual. Quedarse dibujando hasta el día siguiente era típico. Yo no lo hacía porque tenía problemas en el oído y si desordenaba mis horarios, mi cuerpo me penalizaba con vértigos. Me mareaba, perdía el equilibrio y padecía otros síntomas de un síndrome llamado de Menière.

La cuestión es que una gran mayoría de mis compañeros (¿o quizá todos?) contaban con largas jornadas de trabajo, independientemente de la hora del día o la noche que fuera. Las entregas de nuestros proyectos suponían mucho trabajo y juntar un día con otro era la alternativa para terminarlas a tiempo.

La sensación que teníamos desde dentro de la Escuela era doble: nos sentíamos muy felices por estudiar para esta apasionante profesión y, a la vez, éramos unos “pringaos” por el sacrificio que suponía. Desde allí nos parecía que a nuestros amigos de otras carreras les bastaba estudiar cuando tenían exámenes. Y no se quedaban noches sin dormir ni tampoco tenían esas maratonianas entregas de proyectos. Aunque no sé si es lícito que yo escriba esto porque era de las pocas personas que no hacían esos sprints. Mi oído me obligaba a organizarme de otra manera.

El caso es que estos hábitos de los estudiantes de arquitectura no sólo los vi en Valencia. Cuando hice el Erasmus, mis amigas de Marsella, que venían de diferentes países, tenían las mismas costumbres. A quedarse toda la noche en vela lo llamábamos “notte bianca” porque la mayoría del grupo venía de Italia y no sabíamos cómo se decía en francés.

Así era la vida del estudiante de arquitectura. Y yo me pregunto, te pregunto, si estudiaste otra carrera, ¿te quedabas sin dormir? ¿Alargabas y estirabas los días para poder acabar proyectos, entregas, trabajos?

Luego terminábamos de estudiar y comenzaba la vida profesional. En los estudios y despachos de arquitectura existen unos horarios, pero hay etapas en las que se aproxima una entrega y debemos alargar los días. A veces, mucho. Como se supone que adoramos esta profesión, no pasa nada, lo hacemos con un cierto gusto. Pero a veces te cansas o dices que no a invitaciones que llegan de tu vida personal, o pasas menos tiempo con tu familia y tus amigos. Y te preguntas si realmente disfrutas trabajando tantas horas, dibujando en fines de semana, durmiendo poco. Si te lo preguntas, te sueles contestar que no, que quieres consagrar tu tiempo libre (el que ahora no tienes porque hay que terminar un proyecto) a la gente que quieres.

Y si ese día estás un poco negativo, piensas que el resto de profesionales no se queda sin dormir, no trabaja los fines de semana y no alarga las jornadas laborales. Y mi pregunta, la razón de esta entrada, es saber si esto es así. Amigos/as, lectores/as, profesionales de otras áreas, ¿cómo son vuestros horarios? ¿Cómo han sido en empleos anteriores?

Yo viví la arquitectura en España como profesional liberal. Era freelance, autónoma. Y trataba de cumplir unos horarios, aunque a veces alguna entrega me desbordaba y trabajaba los fines de semana y alargaba los días (nunca me quedaba sin dormir). Como ésta era una conversación recurrente, sé que amigos autónomos y empresarios vivían la misma situación. Arquitectos o no. Especialmente, los primero años de vida de un negocio. ¿Tú trabajas o has trabajado por tu cuenta? ¿Tienes tu propia empresa? En ese caso, mi pregunta es, ¿cumples los horarios? ¿O trabajas los fines de semana y terminas tarde cada día?

Si trabajas o has trabajado por cuenta ajena, ¿terminas a tu hora? ¿Alargas las jornadas? ¿Horas extra? ¿Fines de semana? Sería interesante saber si, al igual que los arquitectos viven con el concepto de entrega presente, lo hacen también el resto de profesionales.

Me he sentido viva

Bocetos 2Pronto nos mudaremos de oficina. Ahora trabajamos en una villa, una vivienda unifamiliar reconvertida en despachos. Nos vamos a trasladar a un edificio de oficinas. Mientras estemos allí, se derribará la villa y se construirá un nuevo estudio de arquitectura.

¿Y cómo será el nuevo edificio? Pues hay un concurso en la oficina. Tenemos nueve días para entregar nuestras propuestas. Debemos ajustarnos a la normativa urbanística y hacer un proyecto bonito, según enunció nuestro jefe. Y no lo dijo, pero por supuesto, que funcione bien. Muy bien. Siempre ando preocupada por el buen empleo de los espacios. Por el orden, las circulaciones, la comodidad y la practicidad. Ahora bien, me resultará difícil competir con mis compañeros a nivel de imagen, de fachadas, de “belleza”.

El caso es que me he puesto a proyectar, a pensar, a dibujar. Y he vuelto a sentirme viva. Desde que estoy aquí, he dibujado detalles constructivos, escaleras, falsos techos y baños. He corregido dimensiones y he modificado alzados y secciones. Pero no he diseñado. Y me reconforta sentirme así de bien. Me noto viva. Esta sensación me reconcilia con mi profesión. Y me recuerda que “soy” para la arquitectura y que ella “es” para mí.

Esto ocurre en las etapas más creativas de cualquier trabajo. ¿Tú cuándo te sientes así? Hay profesiones en las que no se diseña pero se buscan soluciones. Y sucede lo mismo. ¿A ti te pasa? ¿Cómo te sientes después de una etapa de fluidez?

Mi hermano es diseñador gráfico. Una vez le pregunté si no se le acababan las ideas cuantos más logos e imágenes corporativas creaba. Me explicó que cuanto más diseña, más creativo se siente. Es como si su capacidad, lejos de agotarse, se expandiera. Entiendo que es el equivalente –a nivel mental- de realizar un deporte. Cuando lo practicas, en lugar de cansarte, te sientes más fuerte, más ágil y con más energía. Al final nuestro cerebro trabaja de una manera muy parecida a nuestro cuerpo (que me perdonen los expertos por expresarlo así).

¿Y qué haré con mi tiempo libre cuando acabe el concurso? Pues lo tengo muy claro: unos bocetos para la casa de mi amigo Juan y su familia. Me apetece mucho y, anecdóticamente, me remiten al lugar en el que estoy. Me explico, una tarde quedé con ellos para visitar la parcela. Llegué antes de hora y decidí dar un paseo por aquel pueblo. Consulté el teléfono y tenía un correo de mi amiga Carol. Me decía que su jefe había visto mi CV y me quería contratar. Y me mandaba una serie de recomendaciones sobre la ropa que debía llevarme y los trámites burocráticos.

Esa tarde, hasta que me encontré con mi amigo, su mujer y su hijo, estuve visualizando cómo sería la vida aquí. Los dibujos que les iba a preparar no eran urgentes y, abusando de la confianza, no los hice porque debía cerrar varios proyectos antes de venirme. Y lo mismo ocurrió una vez aquí.

Me resulta muy curioso reencontrarme con esa parcela ahora que vivo lo que ese día imaginé. Es como, de repente, encontrarme al otro lado de mis pensamientos. Esbozar unas plantas para mi amigo me motiva mucho. Es como volver a la mejor parte de mi trabajo en España, la etapa que adoraba de cada encargo. Y pienso enlazar la motivación del proyecto de la oficina con la de los bocetos para la vivienda de mi amigo.

A veces siento que no dedico todo mi tiempo a actividades que me proporcionan bienestar. Malos hábitos y perezas me alejan de ellas. Y cuando me involucro no entiendo por qué no lo he hecho antes. Dedicaré más tiempo a este tipo de ocupaciones.