Archivos del mes: 29 diciembre 2012

Espacio público. Mi nuevo barrio

20121229_100300Esta semana empiezo preguntando. Tú, ¿dónde vives? ¿En un pueblo o en una ciudad? ¿O en mitad del monte? ¿Y cómo es tu barrio, y tu calle? Y no solo me refiero a nivel técnico, no a la trama urbana, ancho de aceras, configuración de viales, aunque también influye en la cuestión a la que quiero llegar. ¿Cómo es a nivel social?

Yo me crié en un pueblo muy pequeño. Mi hermano y yo salíamos solos desde que aprendimos a caminar. Y la calle se convertía en una prolongación de cada casa. Desde que se marchaba el frío, la gente salía por las noches “a la fresca” y la vía pública se convertía en lugar habitual de reunión. De manera espontánea, sin programarlo, sin quedar con nadie. Sobre todo, las personas más mayores. Creo que la televisión fue haciéndole la competencia, poco a poco, a esta sana costumbre.

Cuando nos mudamos a Valencia yo tenía diez años y una de las cuestiones que más me llamaron la atención era no conocer a la gente que había por la calle. Todos eran desconocidos para todos. Esto me chocó sobremanera. Otro punto era quién era el protagonista de los viales, ¡los coches! Y nosotros ya no éramos personas sino peatones. La primera semana una moto estuvo a punto de atropellar a mi hermano. ¡Claro! Si en Henarejos no había tráfico. Las calles eran para los viandantes. No tenías que mirar para cruzar. Es más, no cruzabas, caminabas directamente por mitad de la calle. Además, las aceras eran demasiado estrechas. Vamos, que llegamos a la ciudad y nos dimos cuenta de que la calle servía para trasladarte de un punto a otro. Se acabó el espacio público, lugar de reuniones, de encuentros casuales. Se terminó aquello de pararnos cada vez que mi madre se encontraba con alguien. Con cada vecino nos deteníamos. Y, como mínimo, se saludaba. Y si, raramente, veías a alguien que no conocías, también saludabas. En la ciudad nos convertimos en anónimos. Las personas no nos paraban ni nos preguntaban cómo estábamos. Y dependientes de las tiendas no nos sabían quiénes éramos.

Te repito la pregunta, ¿tú dónde vives? ¿Conoces a tus vecinos? ¿Tienes relación con ellos? ¿Qué uso haces de la vía pública? Te voy a contar hoy lo que menos me gusta de Doha. Ya he dicho varias veces que esta ciudad tiene muchos motivos para amarla pero también alguno para odiarla. Y aquí las calles tienen como única función comunicar distintos puntos. Y en coche. Ya ni siquiera somos peatones. Aquí esa palabra no existe. Todo el mundo se mueve en vehículos. En la mayor parte de la ciudad, como sucede en mi barrio, no hay aceras, ni pasos de peatones. Ni tampoco farolas. Ni alcantarillas. Las pocas veces que llueve el agua se queda estancada. Esta mañana he visto una cuba drenando una calle.

Y echo de menos la calle como espacio público. Lugar para pasear. Conocer la ciudad a pie. Esa función la tienen los centros comerciales. E intuyo que en su día, los zocos. En el principal, el Souq Waqif, solo estuve una noche, cenando. Cuando lo conozca un poco mejor te contaré cómo se vive su espacio público.

Yo entiendo que el hecho de no estar preparadas las calles para caminar es debido al calor. No tiene nada que ver con la cultura. Los musulmanes son una sociedad de relacionarse. Son muy sociables. Es más, recuerdo que en mi viaje a Marruecos veíamos hombres y adolescentes en la calle. Todo el tiempo. Tanto, que nos pareció una ociosidad excesiva. Claro, allí el calor no es tan implacable.

Así que, ¿has pensado cómo vives la calle? ¿Y cómo te gustaría? Conozco personas que han decidido residir en un municipio pequeño y se han marchado de la ciudad. En Vilamarxant, el pueblo donde vivía hasta hace un mes, los autóctonos no se quieren ir y si tienen parejas de fuera acaban llevándolas al pueblo. Dicen que para ellos vivir así es calidad de vida.

Y por último, ¿te gusta vivir donde vives? ¿Te cambiarías para tener otro tipo de relación con tus vecinos, con tu barrio? ¿Con el espacio público?

Arquitectura qatarí

VestimentaYa hace más de tres semanas que llegué a Doha y, poco a poco, voy enterándome de cómo funciona esto. ¿Esto? Mi nueva vida aquí. Voy integrándome en el estudio. No todo lo rápido que me gustaría porque mi nivel de inglés ralentiza mi adaptación. El caso es que avanzo. Y me voy dando cuenta de lo afortunada que he sido “cayendo” en esta oficina. Estamos realizando proyectos de gran envergadura.

Cuando se desarrolla un proyecto, los técnicos de la administración dan el visto bueno o piden modificaciones. ¿Y cómo les gusta a los arquitectos a ellos que se construya? Pues con un estilo que vamos a llamar qatarí.

Se puede decir que este país es muy joven y que históricamente ha sido una tierra muy pobre. Carecen de ciudades antiguas y de edificios históricos. Prácticamente, de un estilo propios porque no se conservan construcciones del pasado. A excepción de ciertas fortificaciones a las cuales los qataríes se han anclado como sello de identidad. Y siguiendo esta forma, en parte inspirada en esas fortificaciones, en parte adaptada, están creando una identidad propia mediante la arquitectura.

Carol me contó que en una de las reuniones con la administración les enseñaron dos opciones para una nuevo edificio. Una era igual a todas las anteriores y la otra tenía un aspecto más innovador, más actual. Ellos ni lo dudaron. Eligieron la “clásica”.

En este país están haciendo un gran esfuerzo por crear una identidad, una cultura propia y se anclan a cualquier huella del pasado. También se nota en la forma de vestir, que es un aspecto muy característico. Y ya me he dado cuenta de que las mujeres no van tan tapadas por razones religiosas… ¡sino culturales! Ellas visten de negro hasta los pies, ataviadas con una abaya, que es una especie de vestido negro, ancho y largo. En la cabeza llevan un pañuelo negro llamado sheyla. Algunas, con un velo que les cubre la cara. Y este atuendo lo lucen con orgullo, es un distintivo. Con él muestran, con satisfacción, que son qataríes. Y lo mismo sucede con los hombres, ellos visten la dishdasha, que es una túnica de un blanco nuclear que llega hasta los pies. En la cabeza llevan un pañuelo, el gutra, rematado por un cordón negro. El gutra suele ser blanco pero en invierno algunos varones lo cambian por uno rojo y blanco. Existe todo un código en la vestimenta de los qataríes. Y detalles que a nosotros nos pasarían desapercibidos los diferencian de los otros países de la Península Arábiga.

Cuando llegué aquí sentí tristeza porque esas mujeres iban tan tapadas y me parecieron esclavas de su religión. Ya no tengo tan claro que esto sea así. Y si son esclavas de algo, quizá sea de ese anhelo por forjar una tradición, una cultura propia a este país.

Y, al igual que nosotros, también basan muchos aspectos de su cultura y de su organización social en la religión. Y, al igual que nosotros, creo que con el tiempo vivirán la religión de una forma más suave y se quedarán con las tradiciones y costumbres que ésta les deje. Como hacemos nosotros con Navidad.

Navidad… nunca me han gustado estas fiestas. Pero ya se sabe, basta con no tener algo para desearlo. Me quedo en Oriente, lejos de mi familia y de mis amigos. Anoche vi pasar tres señores sobre camellos y, en un momento de despiste, puse un saco llenito de amor para que lo lleven a España. Sé que lo harán.

¿Te pierdes en los detalles?

Doha (2)Desde que llegué al nuevo despacho mi cometido ha sido dibujar detalles. Detalles constructivos y, concretamente, baños. El hecho de dibujar detalles constructivos no resulta difícil. Lo más complicado era entender el sistema de trabajo, cómo se organizaba el equipo, la gestión de los proyectos y el protocolo de actuación. Y así he pasado mis días en el estudio.

Y desde ahí, desde el detalle, y muy poco a poco, voy entendiendo el funcionamiento del despacho. Me resulta cómodo. Me fijo en lo particular y de ahí me voy aprendiendo lo general. Y creo que esto no es muy eficiente. Lo óptimo para el aprendizaje sería hacerlo al revés. Por ejemplo, es mejor decir “la capital de Suecia es Estocolmo” que expresar “Estocolmo es la capital de Suecia”. Nuestra mente aprende y retiene nueva información de lo global a lo individual. Del todo a las partes.

Cuando vamos a estudiar un tema es mejor empezar ojeándolo. Luego, volvemos a leerlo todo con más detenimiento. Y después, ya podemos estudiarnos los apartados. Así es como nuestro cerebro trabaja. No puedo enfocarme en un párrafo hasta aprendérmelo y luego pasarlo al siguiente sin tener una visión global. Este método no funciona bien.

Me he dado cuenta de que algunas personas tienen mucha facilidad para captar el esquema general de un tema, una película o la estructura de una ciudad. Otros, algunas veces, nos perdemos en los detalles. Antes de venir a Doha me planteaba cuestiones que no eran ni secundarias y hacía suposiciones que, desde un planteamiento global, parecían absurdas. Y lo absurdo, al mismo tiempo, es que era consciente de ello.

Cuando tienes un acontecimiento, por ejemplo, te invitan a una boda y debes elegir cómo te vas a ataviar, ¿empiezas por lo general o te preocupa más el color de la sombra de ojos que te aplicarás? Bueno, si eres un chico, digamos que si piensas primero en el traje que llevarás o en la corbata. Y a veces puedes elegir el traje en función de la corbata. ¿Modificamos lo general en función de los detalles?

En un proyecto la primera lámina es el emplazamiento y situación del edificio. Luego vienen las plantas generales y, por último los detalles. Y es peligroso olvidar esta jerarquía. Y el proyecto, ya sea de arquitectura o de cualquier área, debe estar equilibrado. No podemos trabajar mucho unos detalles concretos y dejar sin definir aspectos globales. Me voy a proponer tener una visión más global y general de muchas cuestiones. Aunque, a veces, embelesarme con los detalles resulta liberador porque supone no cargar con el peso de lo general. ¿Lo haré por evadirme? ¿Quizá por entretenerme?

¿Y tú, te pierdes en los detalles? ¿Habrá personas que tienen una visión más general y otras que se enfocan más en lo particular? Sería una buena pregunta para mis amigos psicólogos. ¿Tiene esto algo que ver con la personalidad de las personas? ¿O es simplemente un detalle, un rasgo más de cuantos la conforman?

Para terminar, os dejo una imagen de Doha. Un bonito detalle que, en realidad, poco tiene que ver con el resto de la ciudad.

 

Nueva casa. Nueva ciudad. Nueva vida

DohaYa hace diez días que llegué a esta ciudad. Poco a poco me voy habituando. El domingo por la tarde nos dieron –por fin- las llaves de nuestra nueva casa. El martes empecé a trabajar. Tantas impresiones que, de nuevo, me cuesta elegir.

Cuando estuve en Marsella el profesor de francés nos dijo que aprendiendo la lengua descubriríamos mejor la nuestra propia. Yo en ese momento no lo entendí pero al poco tiempo me di cuenta de que así era. Necesitamos comparar para identificar mejor “lo nuestro”. ¿Te ha pasado alguna vez que, conociendo a otras personas, te conoces mejor a ti mismo? Claro, si no tenemos referencias no acabamos de saber qué es particular nuestro y qué es igual en todas las personas. Viviendo en mi casa, visitando la ciudad y realizando mi trabajo en Doha me doy cuenta de qué hacen de manera diferente a nosotros y, así, redescubro cómo construimos en España.

El clima y la cultura son los dos grandes generadores de las características de los edificios y el urbanismo. Por ejemplo, no utilizan vierteaguas en las ventanas. Me di cuenta porque debía dibujar unos detalles constructivos y me fijé en los de otro proyecto que estaba terminado. ¡No tienen! Y no carece de sentido. Aquí no llueve.

Y la ciudad se estructura de una manera muy distinta. Tiene el centro junto al mar y las calles principales son radiales o diametrales. En realidad no son radios no arcos exactos, pero algo parecido. Yo estoy habituada a las retículas. Los romanos, cuando fundaban una ciudad, comenzaban por dos ejes importantes: cardo y decumenun. La primera, de Norte a Sur y la segunda, de Este a Oeste. A partir de ahí se trazaba una cuadrícula. Los árabes configuran las ciudades de manera distinta. Son una cultura muy volcada hacia el interior y les gusta guardar su intimidad. Por eso en zonas como El Carmen de Valencia las calles parecen laberintos. Es una manera de proteger su privacidad. ¡Hasta qué punto se refleja una cultura en la configuración de sus ciudades y de su arquitectura!

¿Y sabes cómo son las calles? Pues como aquí no se pagan impuestos (ni iva, ni irpf, ni seguridad social), son pocas las calles que tienen aceras o farolas. Ni tampoco hay pasos de peatones. Nadie camina y eso es lo único que no me gusta de este lugar. Todos los traslados son en coche. Tampoco hay casi transporte público. Solamente taxis y unos pocos autobuses.

Como contrapunto, no hay delincuencia. Según ciertos parámetros, Qatar es el país más seguro del mundo. La gente deja las llaves en el coche. No hay rejas en las ventanas y nosotras cerramos la puerta con llave por hábito pero podríamos perfectamente no hacerlo. No roban, ni atracan. Tampoco existe la mendicidad.

Casi todas las fachadas tienen un color entre amarillo, gris y marrón. Esto debe de ser por la tradición y por las tormentas de arena, que lo convierten todo en amarillo. Y los cristales no son totalmente transparentes, tienen un filtro solar.

El piso en el que vivo es grande, con estancias muy amplias y techos altos. Lo hemos estrenado nosotras. Es confortable y acogedor. Carol y yo ya hemos empezado a convertirlo en nuestro hogar. En siguientes entradas te contaré cómo es vivir aquí. Después de años residiendo sola, la buena compañía se agradece.

Creo que he sido un poco desordenada, contándote cuestiones de aquí y de allá pero en estos momentos no sabría hacerlo de otro modo. Irás notando como, poco a poco, vuelvo a estructurar mis textos porque yo misma ya estaré más organizada. Gracias por acompañarme.

Tierra de contrastes

zoco DohaApenas hace dos días que aterricé en Doha y me resulta tremendamente difícil elegir un tema para escribir. Tantas sensaciones, tantas vivencias, tantas emociones desencadenadas por este cúmulo de estímulos que me resulta difícil escoger una sola cuestión. El caso es que lo que más me ha llamado la atención es el contraste. Contraste de todo. Desde la arquitectura y el urbanismo que protagonizan los espacios de esta ciudad hasta sus gentes. Esta gran variedad de personas, de razas, etnias y religiones. Tan pronto te cruzas con un grupo de mujeres cubiertas por un niqab como ves a una chica ataviada con un diminuto y ajustado vestido rojo. Pasando, por supuesto por todo el desfile de prendas asiáticas.

De los casi dos millones de habitantes que tiene Doha tan solo unos dos cientos mil son qatarís. El resto somos inmigrantes, expatriados, aventureros que dejan su país temporalmente en busca de un trabajo, un viaje personal, una aventura o una mejor calidad de vida. Y en tan solo dos días ya me ha dado tiempo a ver que aquí hay una serie de posibilidades que en estos momentos no podría encontrar en España.

Organización y desorganización van de la mano. Por un malentendido en la oficina todavía no hemos conseguido las llaves de nuestro nuevo hogar: la casa que voy a compartir con mi amiga Carol. Fuimos compañeras en la universidad y es quien le facilitó mi curriculum a su jefe, quien me ha informado de todo antes y después de venir y quien está haciendo de mi llegada un verdadero camino de rosas. Como dejó su anterior vivienda para mudarnos a la nueva, hemos sido hospedadas por sus amigos Gastón y Loli, una pareja de argentinos relindos que nos hacen sentirnos como en casa.

Las viviendas aquí son muy grandes. Aunque creo que no todos los espacios ganan por el simple hecho de su tamaño. Ni tampoco por ciertos materiales que utilizan con un cierto tono ostentoso. Es posible que necesiten unos años para normalizar esa nueva riqueza de la que gozan.

En cuanto al urbanismo, volvemos al contraste. La zona financiera sigue los pasos de Dubai: altos y modernos rascacielos. El souq, el zoco, es lo que más me ha gustado hasta el momento. Esas callejuelas llenas de puestecitos. Locales llenos de halcones a los que asisten los aficionados a estos animales como lugar de reunión. Barecitos y tiendas abarrotan este lugar lleno de encanto. Y la ciudad se configura como la suma de una serie de zonas sin ordenar, sin integrar a nivel urbanístico. También existe un gran número de grandes villas que protegen su intimidad con altos muros. Grandes y lujosas pero muchas de ellas sin aceras ni urbanización a su alrededor, como dejadas caer en mitad de una calle.

A lo largo de estos dos días las sensaciones se aglutinan y las palabras se amontonan en mi mente. Y eso que todavía no he empezado a trabajar. Necesito escribir. De nuevo, me hace falta esta terapia narrativa para ordenar emociones y pensamientos. Para organizar todos las impresiones que recibo. Podría escribir, quizá, un nuevo blog y llevar a cabo los dos. O mejor, me he decidido a empezar un proyecto un poco más largo. Necesito una catar-sis para hacer fluir todas estas palabras que pelean por salir. Decidido, voy a escribir un libro.