No soy capaz de…

Da-VinciNunca he sabido dibujar a mano alzada. ¿Una arquitecta incapaz de trazar líneas? Sí, señores, heme aquí. Durante muchos años lo oculté, lo escondí como un secreto que había que tapar. Cuando visitaba las obras me remitía a los planos. O enviaba después unos nuevos. O, incluso, más rápido: explicaba con palabras la solución constructiva. Tengo un rico vocabulario, ¿por qué no?
En la Universidad tuve compañeros que te dejaban con la boca abierta cuando tenían un lápiz entre las manos. Y yo sentía un terrible complejo. En primero de carrera pasamos un trimestre dibujando estatuas… para mí fue un infierno. Por supuesto, no aprobé la asignatura a la primera.

Una vez hice un examen de geometría perfecto. Y no me pusieron un diez. Me quitaron medio punto porque “mi elipse era peluda”. Me enfadé mucho. Estaba bien resuelta. Había sacado los puntos con el método aprendido en clase. Bueno, al unirlos la línea tendría ramificaciones, pero geométricamente era correcta…

Los últimos años dejé de ocultarlo. He trabajado mucho mi autoestima y no me importa decirlo. Mi amigo Luis es un dibujante magnífico. Yo lo admiro, pero ya no me siento acomplejada. Bueno, no dibujo, pero tengo otras cualidades, ¿no?

Así han ido pasando los años y, de repente, me veo en este nuevo trabajo, donde a diario explico a mis chicos lo que deben dibujar. Unos se ocupan de los planos y otros, de las perspectivas. Yo pienso lo que hay en esos espacios y se lo transmito. Nuestro inglés es limitado. Incluso, uno de ellos no entiende casi nada. Sin pensar, y con el objetivo de comunicarme, de transmitir los conceptos, los elementos que configuran cada proyecto, me valgo de un lápiz. Casi siempre, de uno que me regaló mi madre hace años y siempre llevo conmigo.

Para mi sorpresa, me he dado cuenta de que sí se dibujar. Planos, detalles, perspectivas y volúmenes… ¡a mano alzada! No son dibujos bellos pero son correctos. Proporcionados, claros. Acertados. ¿Pero cómo soy capaz yo de hacer esto, si yo no sé dibujar? Y entonces me he puesto a recordar los centenares de horas que pasé dibujando en la universidad. Los exámenes suspendidos, los trabajos realizados. Romper la mano, decían. Proporcionar, trazar líneas con firmeza. Con claridad. Analizar formas y plasmarlas. Incluso, sombrear y colorear.

Cuando estaba en el colegio un profesor nos dijo que lo más importante no era tener una letra hermosa sino clara, legible y correcta. Voy a recoger el concepto para mis bocetos.

Entonces… ¿sí que sé dibujar? Ahora mismo me siento como el elefante de Jorge Bucay, encadenada a una idea arrastrada desde el pasado. Creo que es lo que los psicólogos llaman creencias limitantes. Me he sorprendido. Me he alegrado por el descubrimiento. Y me he dado cuenta de que quizá existan más facetas en mi vida para las que piense que soy incapaz y cuyas restricciones existan solo en mi mente.

¿Qué limitaciones tienes tú? ¿Qué has pensado desde siempre que “eso” no era para ti? ¿De qué crees que eres incapaz? ¿Nos atrevemos a averiguar si en realidad SÍ estamos preparados?

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