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VIAJE DE TRABAJO

BahrainEstoy trabajando en el proyecto para un restaurante en Bahrain. Bahrain es un estado del Golfo, muy cercano a Qatar, una isla de setecientos sesenta kilómetros cuadrados y poco más de un millón de habitantes. Está unida a Arabia Saudí a través de un puente que construyeron los sauditas. Existían rumores de otro proyecto para conectar Qatar con este pequeño estado, pero no creo que lo lleven a cabo. Con esto de la crisis del petróleo Qatar quiere compartir los gastos con Bahrain y este dice que no, que si Qatar quiere puente, que lo construya, que ellos no tiene inconveniente.

El caso es que nuestro restarurante ocupa toda la planta superior de un edificio e incluye las dos terrazas. Por eso se llama The Attic. Las otras plantas del edificio también albergan restaurantes. Y tal y como descubrí en mi visita, todos los bloques circundantes tienen el mismo uso. Cafeterías, bares y bonitos sitios a los que ir a comer o a cenar ocupan toda una zona de la capital, Manama. Y es que este país es mucho más permisivo con respecto al alcohol y otras cuestiones. Los bahreiníes están más acostumbrados a otras culturas y viven el Islam como una cuestión personal, no como algo a imponer por medio de la ley.

El caso es que tuve la suerte de que me enviaran un día para asistir a una de las reuiniones y a la visita de obra. Lo que para muchos sería rutina laboral o, incluso, fastidio porque había que madrugar más para ir al aeropuerto, a mí me hizo estar contenta durante una semana. Me hacía ilusión tener un viaje de trabajo. Es más, me iba a otro país. Suena a importante. Dice mi amigo Picher que esta alegría es normal al principio, él todavía recuerda su primer viaje de trabajo. Pero que cuando llevas cientos de ellos, va perdiendo toda la gracia.

El caso es que tras cuarenta y cinco minutos de vuelo, allí estábamos, en Manama. Por cierto, salir de Qatar siempre hace ilusión, sea donde sea. Nos recogió en el aeropuerto Hassan, que es la persona que gestiona los restaurantes de nuestro cliente. Yo llegué con un compañero de trabajo y desde Dubai lo hizo el representante de la propiedad. Por el camino Hassan me iba explicando qué era cada edificio que veíamos y me resumía la historia del país. Mis compañeros ya habían estado previamente y no mostraban mucho interés. Así que yo estaba tan contenta de tener un guía local y él, de mostrar orgulloso su país, que el viaje se convirtió en una visita turística. Él, orgulloso, sí, pero no arrogante. Y, por cierto, vestía con vaqueros y no con la túnica blanca típica de los países del Golfo.

Hussein fue un anfitrión extraordinario. Cuidó cada detalle con nosotros. Nos invitó a todo durante ese día, nos trató como si fuéramos de su familia e hizo gala de esa hospitalidad por la que son famosos los árabes. Esto es lo que más me gusta de esta tierra. La diferencia a la hora de hacer negocios es muy distinta a la europea, que es tan directa y tan fría, centrándose tan solo en el trabajo.

Me llamó la atención lo cercano que era Hussein. Al hablarme me tocaba en el hombro. Que nadie malinterprete, por favor, lo hacía como un gesto de familiaridad. Pero me sorprendió porque aquí, en Qatar, hombres y mujeres no se tocan. Es más, cuando nos despedimos me dio dos besos, bueno, tres, que es lo típico en algunos países árabes. Por cierto, mi compañero se fue antes porque viajaba a Kuwait. El chico que venía de Dubai y yo nos quedamos discutiendo sobre el mobiliario y sus medidas. Hussein apuró el tiempo antes de llevarnos al aeropuerto y no nos condujo a los controles, sino a otra puerta. A la entrada VIP. Como no hicimos cola, llegamos a tiempo a nuestros respectivos vuelos.

Así que me lo pasé bien y, como había dibujado yo todos los planos para el proyecto, pues me lo sabía de memoria y cumplí mi cometido. Espero que me manden a más viajes de trabajo.