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Sola con mis proyectos

YoLos proyectos no me alimentan lo suficiente. Necesito más contacto con personas. Esta situación me recuerda a una similar que ya viví en España. Y me recuerdo a mí misma diciéndole a mi madre que me gustaba mi trabajo, pero que me sentía asfixiada.

Trabajaba sola y vivía sola. Estos dos aspectos de mi vida combinados entre sí mermaban mi vitalidad, mi alegría y mi entusiasmo. Y no era consciente de ello hasta que tenía una reunión, una visita o una cita con otros técnicos. Después de compartir parte de mi tiempo con esas otras personas me sentía refrescada, revitalizada. Volvía a tener energía. Así que atenté contra los principios en que se basa la gestión de tiempo y esparcí los momentos en los que socializaba a lo largo de las semanas. En lugar de agrupar tareas fuera de la oficina, las desparramaba entre los días, de modo que mi agenda tenía una visita al ayuntamiento por aquí, otra a una obra por allá, reunión con unos clientes, almuerzo con el aparejador, y así funcionaba, sin ningún orden aparente.

Con la excusa de que necesitaba promoción y autopublicidad para mi negocio, solía asistir a comidas, encuentros y espacios de networking. Absorbían gran parte de mi tiempo, pero le daban fuerza al resto de las horas.

Tanto pedí a Dios y al Universo poder disfrutar de compañeros de trabajo, que éstos llegaron. Mi primer año en Qatar transcurrió en un despacho de ingeniería… ¡con cerca de cuarenta compañeros! Eran personas maravillosas y adorables. A día de hoy mantengo el contacto con casi todos ellos y algunos de aquellos arquitectos son mis mejores amigos en Qatar.

Mi labor en aquella oficina era aburrida y soporífera pero la calidad humana de mis compañeros compensaba el tedio de mi cometido.

Cuando me despidieron me dolió separarme de ellos.

En mi segundo trabajo mi principal labor era comercial. Diseñaba poco y me centraba en las visitas para presentar nuestros mármoles tallados a mano con incrustaciones de piedras preciosas.

Las condiciones eran deplorables, el sueldo bajo y no crecía como diseñadora ni como técnico, ahora bien, me lo pasaba estupendamente. No tenía la sensación de estar trabajando. Visitas, llamadas, correos… ¡interactuar con otras personas! Me encontraba con gente de numerosas nacionalidades y para mí cada visita se convertía en una aventura.

En mi empresa actual soy Design Manager. Lidero un equipo, siento reconocimiento profesional dentro y fuera de la oficina, me pagan el sueldo que pedí y trabajo en proyectos interesantes. Pero paso la mayor parte del día dentro de mi despacho. Sola.

Noto como mi estado de ánimo mejora cuando me visita un cliente o un comercial. Cuando uno de mis compañeros me llama para pedirme planos tengo más ganas de trabajar.

Algunos días paso más tiempo con mis chicos, explicándoles una nueva fase de un proyecto o charlando. A pesar de la distancia que mantienen conmigo, pues me ven como la jefa, vuelvo a mi despacho con más ganas.

Y así llevo a cabo mi trabajo. Disfruto con mis proyectos pero me falta algo. Ojalá tuviera a mi madre cerca para resoplar, poner cara de tristeza y decirle “me gusta mi trabajo, pero a veces me siento asfixiada porque me falta estar con gente”.

¿Y tú, cómo es el puesto de trabajo que tienes o has tenido? ¿Pasas mucho tiempo con tu obra, tus proyectos, tus archivos y tu ordenador? ¿O compartes momentos con otras personas? ¿Sientes que esto está equilibrado en tu caso? ¿Notas que te gustaría pasar más o menos momentos con otros?

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