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DESDE LAS TRIPAS

20161217_123326Hace tiempo que escribo desde las tripas. Ya no lo hago desde la cabeza, a veces ni siquiera desde el corazón. Escribo desde las tripas. Cuando el cuerpo me lo pide y conforme lo noto por dentro. Sin estructurar mis textos, sin pensar. Cuando lo hago, cuando pienso, le corto las alas, no le dejo fluir y una censura aparece desde mi intelecto. Así que no sigo horarios ni disciplina. Escribo cuando tengo la necesidad física, que suele situarse más o menos en mi estómago. Y a veces, también en mi garganta. 

Para que tampoco suponga un desatino y darle al texto un poco de sentido, luego reviso y es ahí cuando busco el sentido común y le pido a mi cerebro que trabaje un poco. Ya de paso, que se ejercite, porque a este paso se me va a olvidar cómo se piensa. 

Mis mejores textos han salido de dentro, con escritura mecánica, sin pensar, volcando en palabras lo que había en mi estómago, en mis entrañas. Me sentía preñada de palabras. A veces sonaban y resonaban. Tan fuerte, que hasta las escuchaba. Sin juzgar, era esa la condición. Y salían con fuerza, como si tuvieran vida propia. 

Muchas veces me he tenido que levantar de la cama y ponerme a escribir y solo así he sentido liberación, catarsis, desahogo… ¡Paz! Si esto me hubiera ocurrido con mis diseños habría llegado a ser mejor arquitecta, pero… ¿qué le vamos a hacer? No es algo que yo haya elegido, es más, si tuviera que escoger una disciplina, tomaría la arquitectura, que llegados a estas alturas de la película, parece la más sensata. 

El caso es que a veces necesito escribir, que mis mejores textos han salido de dentro y que desde hace un tiempo lo hago cuando y como lo siento, supeditada a las órdenes de mi propio cuerpo. Hay quien dice que la creatividad consiste es ser un canal, que nosotros somos meros transmisores y que la obra viene de más arriba. De Dios, según algunos, del subconsciente, para lo más agnósticos o incrédulos. 

Ese estar conectada a mi cuerpo físico es un proceso que sigo o persigo desde hace tiempo. Lo tenía olvidado. Había desoído mi instinto, mi intuición y mis propias necesidades. Solía vivir más centrada en los otros dos cuerpos que son la mente y las emociones. 

En esta sociedad tan racional e intelectualizada, casi todos usamos la cabeza más de la cuenta. Y pensar está bien, pero a veces hay que parar. En primer lugar, por salud y por higiene. Tantos pensamientos y esa actividad cerebral tan frenética están ocasionándonos muchos perjuicios. 

¿Y la emoción qué? Pues esta es mi eterna amiga-enemiga. De los tres cuerpos, el emocional ha sido el que más ha empujado en mí. Tanto que ha veces no he pensado y no he escuchado mi instinto. Empiezo a ser consciente de cuán emocional es mi comportamiento. A veces no puedo evitarlo. En otras, ni tan solo lo quiero. Pero ahora lo veo. Tomo conciencia de ello y noto cómo ellas tiran de todo mi ser. Si el instinto estaba en la tripa, las emociones estaban arriba, un poco más arriba de mi cuerpo y ahí es donde yo me movía. Demasiado arriba. Por eso estoy aprendiendo a pisar el suelo. Y poco a poco lo voy consiguiendo. Tanto, que ahora escucho mi propio cuerpo y estoy en contacto con él. Por eso escribo desde ahí. No siempre surgen buenos textos, pero no pasa nada. Son para mí. Ya no publico todo. Por cierto, cuando mis amigas me preguntan que por qué no escribo durante un tiempo yo les explico que lo que no hago es publicar, pero casi siempre escribo. Y como ya no tengo tanto entusiasmo por compartir, pues algunos textos me los guardo para mí sola.

Y así me hallo. Escribiendo desde el estómago. A veces, incluso, desde más abajo. Lo hago cuando el cuerpo me lo pido y tecleo lo que hay dentro. Luego ya lo revisaré para pulirlo un poco. Me gustaría saber desde dónde creas tú. Sí, todos creamos. Si no en el trabajo, en otras disciplinas de la vida. ¿Desde dónde lo haces? ¿Desde la cabeza, pensando el proceso, buscando el resultado y organizando la estructura? ¿Lo haces desde la emoción, como me moví yo durante tantos años, elevándote hasta el cielo y cayendo luego hasta los infiernos? ¿O lo haces desde las tripas, siguiendo un instinto, una intuición y sacando lo que llevas en las entrañas?

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