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UN SUEÑO DIFERENTE

IMG-20140607-WA0002Me siento cansada. Agotada por las vivencias de los últimos tiempos y no me había dado cuenta, por lo árido del camino, de que estoy teniendo la vida que soñé durante años.

Desde siempre he sentido una serie de inquietudes. Inquietudes poco originales, acuciantes en muchas personas, poco singulares, pero están ahí. Desde pequeña he sentido fascinación por descubrir otros lugares, experimentar otras vidas, escuchar otras historias, hablar diferentes idiomas, conocer culturas y probarme los zapatos de otros.

En el año 2003 obtuve una beca Erasmus para cursar un año en Francia (lo de “obtuve” no se entienda como meritorio pues había más becas que solicitudes). El caso es que disfruté de esta oportunidad y, al igual que ahora, la experiencia no fue gratuita. El precio era responder a un nuevo escenario, rodearme de gente desconocida, con un idioma que no entendía y echar de menos a los míos.

¿Por qué estas experiencias, con lo incómodas que se presentan, nos resultan tan satisfactorias? Me cuesta entender por qué hay personas que disfrutan, por ejemplo, con una película de terror. ¿Esto no supone sufrir de manera gratuita? Del mismo modo, tampoco entiendo por qué siento atracción –al igual que tantas personas- por lo desconocido… ¡con lo que cuesta!

Me he cambiado de empresa. Nueva oficina y un desempeño similar al anterior. Los primeros días has sido duros. Y no he tenido tiempo de tomar conciencia de que estoy viviendo lo que anhelé durante tantos años: un puesto de trabajo en una oficina internacional. Con el inglés como idioma vehicular. Con un buen horario, una gestión adecuada y un sueldo que me permite vivir con comodidad. Prometo que soñé con esto muchas veces. Sufrir la crisis los últimos tiempos de España, diversos cambios y luchas durante más de dos años aquí me habían hecho perder la perspectiva y confío en recuperar pronto mi energía para poder disfrutar del que fue mi sueño durante tanto tiempo y hoy es mi realidad.

¿Por qué muchas personas sentimos atracción por lo diferente? Mi amiga Chelo y yo buscábamos trabajo a la vez. Ella apuntaba a empresas españolas y lo consiguió. Mi estrategia fue la contraria. Cuando hablo con ella me siento un poco masoquista, ¿acaso tengo predilección por lo complicado? Ella opina que para tener una relación es mejor un chico español o, al menos hispanohablante. Argumenta, y con razón, que compartir idioma, religión y cultura facilita las cosas. A mí, con esta predilección por lo diferente, no me importaría caminar con alguien distinto. Me resultaría, incluso, enriquecedor.

¿Y tú, qué prefieres, la comodidad de lo familiar o la aventura de lo desconocido?

¿Te atrae más lo diferente o lo acostumbrado? ¿Te resulta apasionante, como a mí, cambiar de entorno, conocer y explorar? Si es así, ¿qué precio estarías dispuesto a pagar a cambio de esa experiencia?

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¿Aventura o tranquilidad?

Al KhorHoy hace siete meses que llegué a Oriente y sigo fascinada por esta tierra. Y eso, a pesar del calor, que si ya me parecía difícil en verano a orillas del Mediterráneo, en una ciudad en medio del desierto, se ha convertido en todo un reto.
Y es que esta cultura y esta ciudad están rebosantes de estímulos. Me hacen pensar, me llaman la atención y me enriquecen a diario.
La religión, que es el origen de las costumbres y cultura de esta región sigue atrayéndome. Casi todos los días descubro un aspecto nuevo. Al mismo tiempo, y por contraste, conozco mejor mi cultura, mi religión y las que se supone que son mis costumbres.
Cuando visitas a alguien y entras en su casa por primera vez, te llaman la atención ciertos aspectos de esa vivienda. Y observándolos, sueles caer en la cuenta de cómo son en tu propia casa. A veces aprecias nuevas cuestiones de tu hogar de las que no eras consciente aunque llevaras años viviendo en él.
Si esta casa, en lugar de estar en tu ciudad, se encuentra en otro punto geográfico, las diferencias suelen ser notables. Y si tienes la oportunidad, no solo de ver la vivienda, sino de saber cómo viven sus habitantes, la experiencia es mayor.
Por eso nos gustan los viajes. Cambiamos, visitamos lugares nuevos y diferentes. Dejamos atrás lo que ya no vemos por tenerlo siempre delante. Y necesitamos, de vez en cuando, disfrutar de estos cambios.
Arquitectos o no, a todos nos gusta descubrir nuevas ciudades, visitar edificios emblemáticos (o arquitectura tradicional) diferente a “la nuestra”.

Por otra parte, echo mucho de menos a mi familia, a mis amigos y a mi gente de allí. Y digo “de allí” porque los de aquí ya se han convertido en mi gente. Empiezo a sentirme cómoda y relajada. De alguna manera, habituada a esto. No obstante, esa sensación de estar en casa, ese calor de hogar, es algo que añoro. Y resulta que también nos gusta lo conocido, nuestras rutinas, el confort que nos proporciona sabernos en nuestro sitio. Resulta cómodo y nos proporciona seguridad. Tranquilidad.
Y así nos vamos moviendo, entre los estímulos de la novedad y la placidez de la rutina. Cada uno, más cerca de un lado que de otro. Y también hay momentos en la vida en que nos apetece más vivir aventuras o disfrutar de lo de siempre.
¿En qué punto estás tú ahora? No hace desplazarse físicamente para descubrir novedades. Se puede hacer de muchas maneras. Incluso, realizar apasionantes viajes al interior de uno mismo.
¿Te has sentido últimamente viviendo lo mismo durante mucho tiempo? ¿Acaso has tenido muchas novedades y cambios en tu vida?
¿Te lanzas ahora a buscar aventuras o más bien quieres disfrutar de la calidez de lo que está ahí desde siempre? En todo caso, cualquiera que sea tu elección, ¡vívela!