Archivos de etiquetas: ANGUSTIA

SOLO ESTAR

pazTe has pasado la vida buscando respuestas. A veces, con mucha ansiedad. Has perseguido enigmas, anhelabas entender, descifrar, saber en qué consistía esto de estar aquí. Más de treinta años te ha costado de camino. Y ahora parece que se silencian. Llega la calma. Te serenas, respiras, te quedas quieta. Sigues respirando. Con parsimonia.

Y resulta que no sabes muy bien dónde estás, pero que tampoco quieres saberlo. Ese motor de tu vida que era buscar un sentido está detenido. Y tu vida sigue, sí. Es mejor así. La serenidad impera los días. Quizá sea un poco exagerado, quizá quede un rescoldo de aquellas acuciantes preguntas. Pero es poco o muy poco comparado con lo que fueron.

¿Y ahora qué? ¿Qué buscar? ¿O qué hacer, si no es buscar? No te confundas, no has llegado a la cima. Pero has escalado mucho. Desde luego, no estás en el punto en el que comenzaste. No hay impulso, pero tampoco encuentras desidia. Más bien es una calma, un estar sin más. Paz por dentro.

Lo demás se ha convertido en secundario. ¿En qué trabajar? ¿Dónde vivir? ¿Con quién caminar? En tus momentos de lucidez ves cómo estas inquietudes son nimiedades. A veces, sí, te pierdes en el frenesí del día y crees que esas cuestiones son la vida. Pero en la plenitud de tu soledad y con la perspectiva que te proporciona la calma ya conquistada, sientes que son detalles.

Las preguntas grandes ya no pesan. No han desaparecido por completo, pero se han reducido tanto que ni siquiera te hacen cosquillas. A veces, incluso, te aburren. Esas que durante tantos años te atormentaron, te acuciaban por las noches y te amenazaban con sus grandes zarpas. Aquellas que te hacían llorar y te acorralaban, perdida y desorientada.

Se han ido.

Y no sabes muy bien cuándo ha sucedido. No puedes marcar una fecha. Sabes que ahora no están. Más que marcharse, se han ido desinflando con los años, con los pasos y con el sufrimiento que ellas mismas provocaban. Ojalá pudieras huir, te planteabas tantas veces, pero no resultaba posible. Te encontraban siempre. Lograste escapar durante temporadas. Algunas duraron años. Pero ellas volvían. Porque eran grandes y todavía pesaban. Porque querían imponerse y doler. Causaban angustia.

Y se han ido.

No las echas de menos, más bien sientes extrañeza al pensarlo. Pero si no lo piensas, tampoco recuerdas cuánto dolieron. Porque ahora hay paz. Solo eso. Reposo, quietud, calma. Tus mayores deseos, aunque secretos, consitían en obtener las respuestas. Alcanzar la verdad. Saber. Y no has llegado a saber. Esa es la respuesta. Quizá. Que no la hay. Y que no la necesitas. No sientes frustración, no te sientes decepcionada. No has llegado a ninguna meta ni conquistado ningún jalón. Simplemente estás. Eso es todo.

Ellas no te permitían estar. Pesaban, pesaban y te ahogaban. Te sofocaban la vida. De vez en cuando, huías y te dedicabas a cuestiones secundarias de la vida como las que hemos nombrado antes. Trabajo, relaciones, lugares. Desconectabas de ti para desconectarte de ellas. Y lo hacías porque no lo podías soportar. Tal era su tamaño.

Ahora no están. Se han ido. En su lugar hay calma, tranquilidad. Sosiego. Y tú sigues caminando. Sin ansia, sin prisa. Más bien, solo estando. No te preocupa cuántos pasos queden, ni por dónde se marquen. Eso es secundario.

Tú solamente estás.