CON UN HOMBRE CASADO

CasadoContinuando con este ciclo de relatos amorosos y desamorosos en los que se mezclan recuerdos e imaginación a partes iguales, y de los que no revelaré cuáles son más ciertos y cuáles menos, voy a exponer lo que me sucedió hace un tiempo. En ese momento yo pensé que era una historia de amor fascinante. Ahora sé que solo fue un delirio de pasión instantánea.

Él estaba casado. Y no, no me engañó. Yo lo supe desde el principio, y dejé que me conquistara. Me dejé llevar por esa necesidad que tenía de amor, de cariño o de compañía, por ese anhelo de vivir historias apasionantes, dignas de ser contadas en algún relato más interesante que éste.

El tiempo que duró pensé que lo quería, que estaba loca de amor y que los sentimientos concedían una especie de patente de Corso para quebrantar cualesquiera reglas. Y eso hice yo, saltarme todas las normas. Mis valores y principios fueron los primeros en caer. Ni tan siquiera me di cuenta, tan ciega y ebria de pasión me sentía yo.

Falté al trabajo en numerosas ocasiones sin pensar en las posibles consecuencias, arriesgando mi empleo y con ello, mi situación en Qatar. Todo estaba justificado para consumar nuestros encuentros. Era amor y por eso, todo valía.

Durante aquellos meses no pisé el suelo, viví flotando, cual vehemente. Por las mañanas me levantaba de un salto y todo cuanto me sucedía era estupendo y maravilloso porque él existía. Me sentía pletórica, borracha de amor. Creo que alguno de mis amigos llegó a envidiar el estado de frenesí permanente en el que movía.

Él era árabe y su esposa, europea. Me contó la historia de que su matrimonio había sido invadido por el hastío y que ella no lo hacía feliz… ¡vaya tópico, ¿no?! Y allí estaba yo, cual salvadora del universo, para causarle dicha.

Procuré pensar solo en el presente, más imaginado que real. Porque futuro sabía que no tendría, aunque nada hubiera anhelado más que una vida a su lado.

Lidié con mis celos cada noche sabiendo que dormía a su lado.

Y no sé cómo, de qué manera, un día me di cuenta de que no me merecía aquello y, con un gran dolor en mi corazón y en mi alma, le puse punto final.

Ahora sé que una persona con una sana autoestima no tendría una relación con alguien que tenga pareja. No es amor. No sé lo que es, pero no es amor. Si te quieres a ti mismo no te embarcas en una relación de ese tipo.

Para terminar, unas líneas que le escribí:

Por unos instantes él me quería. Y lo hacía como ningún otro hombre me había querido antes. Al menos, hasta donde alcanzaba mi memoria.

No sé si me enamoré de él o del amor que me daba. Todavía no soy capaz de discernirlo.

Tan solo podía ofrecerme unos instantes y ni siquiera sabía hasta cuándo.

Su amor era tan agradable que no podía alejarme de él, Separarme del sueño que él suponía, pues pocas veces lo tenía cerca. Aunque lo sentía a mi lado cada instante.

Su presencia era arrebatadora. Su mirada traspasaba mi alma y cuando sus manos me tocaban, todo mi ser se ponía a temblar.

Él conocía cada parte de mi cuerpo. Él conocía cada parte de mi alma. Era como si ya hubiésemos estado juntos en vidas pasadas.

El recuerdo de su presencia era cálido. A menudo me recreaba rememorando el sabor de su piel, el aroma de su ser y el calor de sus abrazos.

Me enamoré de unos instantes.

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