PRIMER CONTACTO

IMG-20150220-WA0008Me gusta el primer contacto. Con los proyectos y con las personas.

Ante un nuevo encargo nunca me lanzo a dibujar con decisión o a definir espacios con firmeza. Siempre mantengo varias primeras citas de toma de contacto. Mientras limpio planos, arreglo capas, descubro líneas y voy trazando directrices, me siento en medio de una danza, bailando con el proyecto. Olvido cuál es el propósito, el objetivo final y voy descubriendo y degustando este nuevo encargo. A menudo él adquiere vida propia y me va pidiendo por dónde quiere continuar. Yo lo observo, escudriño sus recovecos y descubro su potencial y sus debilidades.

En esta etapa me suelo enamorar. Me fascina descubrir y el proceso se convierte en un ritual en el que saboreo cada momento. Conversamos, admiro ciertos aspectos y me disgustan otros.

Decía me amiga Laura que existía un momento al principio de las relaciones de pareja en el que vas descubriendo los defectos de la otra persona. Ya no estás en el punto cero, pero sí tan al comienzo como para que te gusten.

A mí me encanta descubrir a las personas. Al igual que con el proyecto, bailar esa danza inicial que te permite calibrarlas. Analizarlas desde la emoción, sin pensar o calcular demasiado, fluyendo de alguna manera con ellas. Esta etapa me fascina. Quizá me haya sentido adicta a conocer gente nueva casi continuamente. De todas ellas, algunas personas se quedan para siempre. Otras estarán sin estarlo y algunas de se quedarán tan solo en el recuerdo.

Con todos se disfruta al principio. De hecho, de todas las personas podemos aprender algo y todas nos regalan una aportación. Como en los proyectos, el tiempo y la danza nos harán saber hasta cuándo. Y será sin pensarlo demasiado, tan solo dejándonos fluir.

En los últimos tiempos estoy llevando a cabo un ejercicio de austeridad social. A veces me cuesta, pero los resultados son positivos. Disfruto de un entorno social rico e interesante. Aquí y allí. El ejercicio consiste en cerrar mis puertas a gente nueva que podría ir surgiendo con tanta frecuencia por doquier. Dedicarme a mí y a los míos, a los que ya están ahí. Mi tiempo y mi energía son limitados así que no hago nuevos amigos ni amplío mi círculo social.

De alguna manera y sin darme cuenta, alguna persona nueva se cuela, aun cuando la puerta estaba cerrada. Entonces es bienvenida. Quien de verdad vale la pena entra en mi vida, por eso no temo perder la oportunidad de conocer a personas interesantes, eso sí, sin abrir a todos cuantos se cruzan.

Así que en eso andamos. Bailando con nuevos proyectos, aprendiendo a conocerlos y dándome la oportunidad de enamorarme de alguno de ellos.

Con las personas, disfrutando más de los que ya están, que son auténticos tesoros. Y de vez en cuando, bailando con los nuevos, los que valen tanto la pena que han entrado –y me han dejado a mí también colarme en sus vidas.

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2 comentarios

  1. Me hizo reflexionar!. Nice post 😉

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