ME DEJO EL MÁSTER

MBADoha, a 4 de agosto de 2015. Hoy he tomado una decisión: me dejo el máster.

Se acabó. Punto… ¡jalás! Me matriculé hace cuatro años. Se trataba de un MBA on line y disponía de dos años para cursarlo.

Empecé a estudiar, pero nunca lo hice de manera constante y regular. Ni en España ni aquí. Cuando me mudé a Qatar me propuse centrarme durante un año en terminar de prepararlo. Ir a España para examinarme y, a partir de entonces, empezara a socializar y hacer amigos. Gracias a Dios mis planes no se cumplieron y desde el principio gente muy especial apareció en mi vida y me acompañó en mi tiempo.

Desde entonces he intercalado etapas de estudio con otras de descanso. Me he ido concediendo prórrogas a mí misma y licencias por haber vivido cambios de empresa, mudanzas, situaciones tensas, viajes y visitas.

He ido cargando con este peso durante todo el tiempo. Si en alguna ocasión aparecía de soslayo la idea de abandonar me recordaba a mí misma el dinero que pagué por este curso. Y ésta era la primera de las dos razones que he apuntado en la lista de “motivos para continuar adelante”.

La segunda ha sido el orgullo, el decirme a mí misma que a ver si no iba a ser capaz de sacármelo… ¡yo! ¿Cómo se me va a resistir a mí “un curso de nada”?… ¡¡A mí!!

Este orgullo me ha empujado a conseguir muchos objetivos a lo largo de mi vida. Pero en algunas ocasiones se convierte en un empeño desmedido.

Creo que no necesito los conocimientos de este máster ni en mi vida personal ni en la profesional. En realidad he trabajado todos los temas excepto el de contabilidad. Algo he aprendido. No obstante, sobre algunas cuestiones fueron más efectivos los talleres de Desata que los temas de máster.

¿Por qué me matriculé yo –una arquitecta y escritora- en un MBA? No lo tengo muy claro. Quizá uno de los motivos fue que muchas personas de mi alrededor en aquel momento habían cursado un MBA. Creo que esto es envidia. ¿Y por qué no decirlo? Por fardar. Esta titulación viste mucho un currículum.

Desde que llegué he ido condicionando mis visitas a España a las fechas de los exámenes, a los que, por cierto, nunca me he presentado.

Pero ahora soy libre. Iré a casa cuando yo quiera, cuando otras circunstancias lo requieran. No a presentarme a unos exámenes para los que no me estoy preparando.

Ya sé que podemos cambiar de opinión y de rumbo. Yo sé que no es un fracaso. Pero escuché un eco de ello tras la idea de abandonar este curso. Una vez superado el ataque de orgullo y asumido que no continúo, me siento liberada, ligera. Sin cargas. Agradecida. Sin prisas ni ahogos. Con toda mi vida a mi disposición.

Ahora tendré tiempo para escribir, que es lo que realmente quiero.

Para disfrutar de mi tiempo, de mi vida  y mis amigos. Sin remordimiento.

En septiembre comienzan varios cursos de escritura on line. He ido demorándolos porque esperaba a terminar el máster para poder centrarme en ellos. Ahora es el momento. Y quizá retome también mis estudios de árabe.

Ahora siento que toda mi vida es para mí.

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