OTRO REGRESO

AeropuertoAterrizo en el aeropuerto de Doha, me siento cansada a causa del viaje. Viaje como trayecto que suponen los dos vuelos y el trasbordo en Estambul y viaje como las dos semanas transcurridas en España, con todas las actividades, reencuentros y emociones que supone.

El aeropuerto está desierto. Imagino que es por la fecha. Apenas ha transcurrido una hora y media desde que aterrizamos en este año 2.015. Aquí, porque en España todavía pasarán treinta minutos hasta que millones de personas tomen doce uvas al unísono.

Me dirijo hacia los controles, sorprendentemente vacíos y, de nuevo, mi cola es la que indica “otras nacionalidades”. Mientras avanzo en zigzag una atmósfera conocida y característica me envuelve. Es el aire, el aroma, son los sonidos. Es la escena en la que me encuentro. En dos años este ambiente se ha convertido en algo familiar para mí.

Un qatarí ataviado con su thobe me atiende. Revisa mi pasaporte mientras pregunta de dónde vengo. En lugar de sonreír, me ofrece una mueca seca y hastiada y el gesto me resulta agradable por lo familiar.

Mientras camino hacia la cinta que me devolverá mi maleta me siento cómoda. En casa. La sensación me resulta agradable y se mezcla con el aroma a incienso y perfume que emana de las tiendas del aeropuerto y embriaga el ambiente. Es la primera vez que piso este escenario porque no había volado después de la inauguración del nuevo aeropuerto. Los espacios son más modernos y delicados. Los materiales anuncian la ostentación que se vive en una parte del país, pero la esencia es la misma, ésa que me ha acogido los dos últimos años de mi vida y que se ha convertido en parte de mí. Vuelve a mi cabeza un pensamiento recurrente: “el día que regrese a Europa echaré de menos este país”.

Recuerdo la inquietud que había vivido unas horas antes en el aeropuerto de Estambul, que tan ajeno y extranjero me resultaba. Y a la vez, el recuerdo que tenía del viaje de ida, cuando perdí el vuelo a Valencia desde Turquía por despistarme, aunque esta anécdota la contaré completa en una entrada más adelante. El caso es que estoy en casa, en mi otra casa. La de aquí. Siento que Qatar me da la bienvenida. Agradezco ciertas comodidades que encuentro desde el primer momento.

De camino a casa y con el último retazo de energía que me queda, charlo con el taxista, de origen indio. Me dice que soy la primera clienta del año, se interesa por mi país de origen y me confirma que Doha sigue igual y en el mismo sitio que yo la dejé. Es curioso, utilizamos un inglés deshilachado y mal elaborado pero nos entendemos con naturalidad y facilidad. Y me parece más sencilla la comunicación que con la chica que conocí durante el vuelo. Su familia era de origen paquistaní y ella vive en Reino Unido. Era muy amable y hablaba perfectamente. Yo me esforzaba por utilizar un inglés correcto, algo que no necesitaba con el chico que me acercaba a casa.

Mi piso completó la bienvenida. El lugar que yo he organizado, el espacio que solamente yo habito me recibió con cariño.

Y así fue como la familiaridad de este entorno atenuó el regreso a Qatar después de las Navidades, tras esta visita a España, después del reencuentro con mi familia, mis amigos y mis lugares (mis lugares de allí).

Anuncios

2 comentarios

  1. Sin lugar a dudas no hay sitio en el que no se te de la bienvenida… Muaks

    1. Gracias Natalia 🙂 Un abrazo muy fuerte!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: