Arquitecta de fantasías

FantasíaHoy voy a confesarlo. Diseño fantasías. Luego me las creo y las vivo. Como si de auténticos proyectos se tratara, voy dándoles forma, definiéndolas, vistiéndolas y revistiéndolas. Y ello, con todo tipo de acabados. Bueno, con todo tipo no, con los que a mí más me convienen.

Fue mi amiga Carmen, hace ahora un año, quien me dijo que tenía mucha imaginación y que vivía mi realidad con una enorme subjetividad. Al principio me gustó la crítica porque yo creía carecer de inventiva y esto, para una persona que desea ser escritora, puede resultar limitante. ¡Qué bien, tengo imaginación! Y tanta, que a veces me cuesta diferenciarla de la realidad.

Sobrepasada la etapa de embriaguez tras este descubrimiento, seguí desentrañando el mensaje de mi amiga y descubrí que cargaba una poderosa crítica constructiva. Además, me invitaba a llevar una vida más próxima a la realidad. Muy bien, acepto que quizá sea un poco fantasiosa, pero me niego a cambiar. Me gustan estos sueños que yo voy construyendo, ladrillo a ladrillo. Y me acomodan… ¡¡tan bien!!

Aparqué el tema, aunque en mi interior siguió latente de algún modo, hasta que otra persona volvió a ponerlo sobre la mesa. Esta vez, Antonio, mi coach. Antes de conocerlo yo creía que un coach era una persona que te acompañaba dulcemente en tu camino de crecimiento y desarrollo personal. Ahora pienso que un buen coach es la persona a la que le pagas para que te putee (perdón por el vocablo, pero es el que más se ajusta a los hechos). Me empuja a ver partes de mí que desconocía y que me disgustan. Ilumina mis sobras y suelo pensar que me sentía más cómoda sin nuestras sesiones. También sin el feedback de Carmen. Ellos me incitan a reconocer recovecos y ángulos oscuros que yo ocultaba. Destapan mi ego y mi orgullo, tan celosamente disimulados. Y lo peor de todo, me invitan a trabajar. Ha habido momentos dolorosos y quizá sea cierto eso de que el mayor enfrentamiento es el que uno tiene consigo mismo.

El caso es que me siento en el camino. En cada hito alcanzado reconozco que vale la pena, que quiero seguir y que me siento más feliz.

Me aplico para percibir el mundo de una manera más objetiva, acercándome más a la realidad y tomando conciencia de mi tendencia a fantasear. No dejo de imaginar, pero lo hago siendo consciente de que son sueños y, aunque los personajes de mis cuentos estén basados en personas reales, sueños son.

Por ejemplo, cuando me gusta un chico, me imagino un futuro con él. Lo diseño todo en mi mente y me olvido de la persona de carne y hueso (aunque yo creo que el imaginado existe y es el real). Esto me ha llevado desde siempre a perder interés por el mundo real, aunque nunca había sido consciente de ello.

Lo mismo me ha sucedido con mis empleos. Mi optimismo compulsivo me ha empujado a ver lo maravilloso de cada puesto. Trabajando como arquitecta en España, sufrí la crisis durante años sin tomar conciencia de la gravedad de la situación. Todo era perfecto y estupendo. O eso creía yo, hasta que alguien me pidió que hiciera un DAFO. Entonces bajé de mi fantasía para seguir las instrucciones del ejercicio y me asusté ante la realidad que llevaba viviendo los últimos años.

Tengo facilidad para idolatrar a gente y para enamorarme de lugares, de personas y de acontecimientos. Admiro, mitifico, reverencio a algunas personas de mi entorno, ensalzando sus bondades y ciega ante su parte menos virtuosa.

A lo largo de mi vida he desarrollado filtros para interpretar la realidad. Y me llega de tal manera que siento que cuanto me sucede es lo más maravilloso de cuanto puede acaecerle a un ser humano. Mi orgullo toma partido en este proceso y cierto protagonismo, también quiere salir beneficiado.

Hoy confieso que fantaseo. Pero también, que estoy limpiando mis cristales. Que salto al vacío y estoy en el camino que me lleva a pisar tierra firme, a vivir la realidad como es. Dentro de lo posible, claro, pues no se puede ser completamente objetivo y cada uno tiene su propia realidad. Me entrego a sentir el placer y el dolor que otorga la vida aquí abajo. A saborear los sucesos eliminando edulcorantes y conservantes. ¡Y asusta! Asusta porque es un terreno nuevo para mí. ¡¡Allá voy!!

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2 comentarios

  1. Felicidades!!Me encanta tu blog, yo también escribo y he de decir que me he sentido bastante identificada con lo que cuentas…Por la temática sobre la que escribes y por tu forma de ser.Al igual que tú yo también tengo mucha imaginación, siempre he sido la de los pajaritos en el aire…Pero por ponerle un “pero” a este post te diría que yo prefiero las personas que sueñan, que fantasean y que tienen imaginación, pues ésta es la herramienta más poderosa que existe para crear tu vida como tu deseas que sea.Te invito a pasar por mi blog para leer mi último post donde hablo de ello: ceciliaramosanchez.com
    Enhorabuena por tu blog, por compartir el arte de la escritura y por ser valiente y hacer lo que más te gusta.Felicidades! !!

  2. Muchas gracias Cecilia!! Por tu comentario y por compartir con todos tu blog, que he visitado y me ha encantado!!
    Voy a pensar sobre lo que me has dicho. La verdad es que desde que estoy trabajando este tema encuentro argumentos a favor y en contra de las dos opciones: la de seguir soñando y la de tener los pies en el suelo. Supongo que, como siempre, la virtud estará en el equilibrio… a ver si lo encuentro!
    Un abrazo fuerte,
    Geles

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