Cuando el proyecto hace clic

1El proceso de diseño en arquitectura suele comenzar con un papel casi en blanco. Y digo casi porque solemos partir con una parcela que tiene una determinada forma, con un programa por parte del cliente y con una normativa urbanística. A partir de ahí comienza el juego. Visualización de imágenes, ideas abstractas e intenciones se van sucediendo y nosotros vamos dibujando. Probando, experimentando. Es importante no descartar ninguna propuesta, por loca que parezca. Las ideas más extravagantes se dibujan, se analizan, se comprueban y después, se pueden incluir o descartar.

Solemos trabajar de lo global a lo particular. Empezamos por lo general, a una escala grande y después, poco a poco, hacemos zoom hasta llegar a los detalles. En una primera etapa necesitamos las líneas globales del proyecto, lo fundamental, los ejes de su personalidad. Hasta encontrarlo necesitamos divagar y comprobar las distintas opciones que se nos van ocurriendo o que el propio proyecto nos pide. Con cada una probamos y después analizamos. A veces no funciona. En ocasiones, no es la solución pero puede abrir caminos y en otras… voilà! Notamos que el proyecto hace clic. ¿Cómo sabemos que esa opción es la buena? Porque todo cuadra. Dibujamos, calculamos superficies, analizamos circulaciones, revisamos las proporciones y proyecto parece bailar pidiéndote que continúes trabajando por ese camino porque ES el apropiado.

Puede ser que casi todo cuadre pero nos falle la estructura. O las fachadas. Las circulaciones, la relación entre dos espacios, las instalaciones… En ese caso seguimos buscando. Con propuestas nuevas o modificando las que en no funcionan.

Entiendo que sucede lo mismo cuando estamos preparando cualquier tipo de proyecto en nuestra vida personal o profesional. Partimos de una base y necesitamos la estructura de lo que vamos a llevar a cabo. Ahí empezamos a plantear posibilidades y a combinar opciones. Introducimos en ocasiones ideas creativas o nos basamos en experiencias anteriores.

¿Cuándo has pronunciado por última vez un “¡ya lo tengo!”? Ése es el momento al que me refiero, cuando todo hace clic. Las piezas encajan, el eureka. Por supuesto, no llega solo a modo de idea feliz, es el resultado de un trabajo, de un proceso. Proceso que puede ser más sencillo o directo cuando se posee una cierta experiencia. O quizá más rico y creativo en alguna ocasión en que la experiencia no sea tan dilatada y nos permita experimentar.

Este clic también lo escuchamos con las entre dos personas, o con un grupo. A menudo conocemos a alguien, hablamos con esta nueva persona durante diez minutos y ya podemos intuir si seríamos amigos o no. Es gratificante cuando escuchamos ese encaje, esa adaptación. Existe una explicación ciertamente mística que atribuye el vínculo a relaciones en vidas pasadas. En cualquier caso, es muy agradable coincidir con alguien y sentir rápidamente esa conexión.

Ahora que convivo con diversas culturas noto que con españoles es mucho más fácil escuchar ese clic. No solo por la cuestión del idioma, que también. Es porque sintonizamos la misma cultura y porque los perfiles de las personas que están aquí son muy similares al mío.

¿Cuándo has hecho clic por última vez con una persona nueva o un grupo al que acabas de conocer? ¿Cómo notas esa sintonía, ese encaje? ¿Nos animamos a observar cuándo suceden estas conexiones?

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