Ramadán Karim

ramadan-karimEn primer lugar, Ramadán Karim. Ramadán Mubarak a todo el pueblo musulmán y, en concreto, a todos mis amigos que profesan la fe mahometana.

Este año lo vivo desde fuera. No ayuno, no celebro nada y los días transcurren con mis propios ritmos.

En primer lugar, la jornada laboral termina a las dos, aunque siempre suelo alargar porque me siento algo desbordada en la oficina ante el número de proyectos que tenemos en marcha. Por suerte, no me molesta porque me siento motivada y porque al no ayunar, mantengo la energía. Puedo comer y beber té libremente porque no comparto oficina con nadie. En lugares públicos y en entornos laborales con compañeros no se come ni se bebe. Son normas sociales y una muestra de respeto hacia aquellos que ayunan.

Entre las seis y media y las siete se pone el sol y se rompe el ayuno. Lo anuncian los cantos que emiten desde los minaretes de las mezquitas así como los que se escuchan por los altavoces de cuanto lugar público hay en la ciudad. Varias veces me han sorprendido en algún centro comercial o supermercado, pues como ya he dicho, sigo mis propios ritmos aunque la ciudad entera parece haber cambiado los suyos. Durante aproximadamente una hora la gente desaparece. Los pasillos se quedan vacíos y sólo hay servicios mínimos. En ese momento me siento parte de la minoría e imagino a los musulmanes viviendo –como yo hice el año pasado- el decaimiento y la falta de energía de las últimas horas así como el gozo de la comida y la recompensa que supone calmar la sed.

Me siento desconectada del sentir general. Así como el año pasado me esforzaba por entender, quería saber cómo se sentían y qué los movía a celebrar con tanto ahínco este mes, vivo un momento en que estoy conectada a mi cultura, a mi identidad (sin demasiado apego, por supuesto). Y desde ahí estoy aquí, en perfecta armonía.

Cuando se aproxima el Iftar (comida que rompe el ayuno) en los centros comerciales, administraciones, bancos y otras zonas públicas hay mostradores con té, dátiles y dulces. Y cualquiera puede tomarlos. Se reaviva el concepto de compartir comida y de celebrar en torno a una mesa.

Uno de los cinco pilares del Islam es el Zakat, es decir, el dinero que se entrega para la gente con recursos limitados y es obligación de los musulmanes ofrecerlo. También se dan durante todo el mes numerosos movimientos de reparto de alimentos. El Corán obliga a compartir la comida con las personas que no tienen, aunque sean desconocidos y los buenos musulmanes lo tienen muy presente durante todo el año. Se considera el Ramadán, pues, una renovación de esta conciencia de repartir y compartir.

Recordando lo que aprendí con mis compañeros el año pasado, en este noveno mes del calendario lunar no sólo se ayuna. El principal objetivo es renovar la relación con Dios. Reforzar la fe y el buen comportamiento. Especialmente en estas fechas no se puede mentir ni criticar. Y hacerse mal a uno mismo o dañar a otros se convierte en pecado más grave si cabe.

Y así es como transcurren los días de este mes sagrado de Ramadán.

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Una respuesta

  1. […] Mubarak! Así es como felicitan los musulmanes –y los que vivimos entre ellos- el fin del Ramadán, dando comienzo a Shawwal, que es el décimo mes del calendario musulmán y que comienza con […]

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