Mis días en Doha II

LamparetaHa transcurrido ya más de un año y medio desde que llegué a esta ciudad y hasta ahora me he sentido arrollada por el frenético ritmo de los acontecimientos.

Si echo la vista atrás puedo ver dos etapas. La primera la constituye mi tiempo en Gharnata. Mi vida se paralizó de alguna manera al llegar aquí y me centré en vivir la experiencia. Asimilar los cambios, aprender, conocer, disfrutar… Me esforcé por empatizar con la cultura, con la ciudad, con las costumbres. Y no sé si se me fue la mano, pues en mi primer viaje a España, tras haber pasado aquí un año, me sentí perdida, desubicada. Si bien sabía que ésta no era mi cultura, sino más bien una vivencia temporal. Pero al mismo tiempo me había despegado de mis costumbres, de mis rutinas, de mis maneras y hasta de mi forma habitual de comportarme.

Así pues, ésa fue una primera parte: llegar, aprender, conocer. Luego hubo una segunda, aunque no empieza donde concluye la primera. Me despidieron de la empresa y vagué errante en busca de un empleo que tardó en llegar más de lo esperado. Comencé en un nuevo trabajo en el que no acabé de sentirme cómoda y de nuevo volví a buscar, esta vez, recogiendo mejores frutos. Me hicieron una oferta interesante y, de nuevo, arrastrada por el frenesí. Viaje relámpago a España, nueva oficina, un puesto con responsabilidad y el miedo que a veces aparecía de poder volver a perder el trabajo.

A principios del verano pasado me compré un coche. Yo sola me ocupé de todo. Eché mucho de menos a mi padre, aunque todo hay que decirlo, me ayudó en la distancia. Talleres, revisiones, papeleo, contratos en árabe… Todo eso para que se rompiera seis meses después y venderlo a precio de saldo. Creedme, regatear con egipcios es toda una lección. Desde entonces conduzco un coche de alquiler y la empresa se ocupa de todo.

De modo que había solventado dos de las tres ces: coche y curro. Pues esta semana me he mudado. He alquilado un estudio muy cerca de la oficina. Amueblarlo está suponiendo un verdadero trabajo de interiorismo porque cuenta con una superficie de treinta metros cuadrados y le estoy sacando más partido del que era posible. Agotada y entusiasmada me siento. No solo por esta nueva mudanza sino por todas las anteriores. Esta es mi cuarta casa desde que vivo en Qatar.

Es curioso este país, puedo trabajar en una villa de dos mil metros cuadrados por la mañana y dibujar a escala las opciones de mi piso por la noche. De nuevo, éste es un lugar de contrastes.

Por fin tengo la sensación de estabilidad que llevaba tanto tiempo buscando. Necesito descansar, descansar en una rutina, en mi vida diaria, sentir que los días se suceden de manera ordenada. Sé que la vida es cambio. También, que la incertidumbre siempre viaja con nosotros, no obstante, voy a disfrutar este remanso de paz, esta calma que ahora puebla mi vida. Y voy a agradecerlo cada día.

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