¿Y a mí qué me gusta?

Majlis 2A lo largo de toda mi carrera profesional me han acechado de manera intermitente dudas sobre el concepto de belleza. ¿Qué me gusta en arquitectura? ¿Qué no? ¿Qué tipo de espacios, de ritmos, de colores deberían seducirme y cuáles provocarme rechazo?

¿Es ésta una pura cuestión subjetiva y cada uno tiene sus propios cánones de belleza o, por el contrario, existen patrones comunes?

¿Se educa el gusto? Cuando estudiábamos historia de la arquitectura en la universidad, existía un mensaje implícito que te susurraba “debes deleitarte con la obra de los grandes maestros del siglo XX”. Entonces se convertía en cool loar ciertas obras y detestar otras. Imitar e interpretar unas pautas en nuestros proyectos era lo más. Criticar simetrías como si de una ofensa personal se tratara era lo más.

Entonces empezábamos a sentirnos seres superiores al resto de la gente. Íbamos a ser arquitectos, nosotros sí sabíamos lo que era belleza y el resto del mundo, esos simples mortales que adornaban sus salones con molduras y querían tejados con cubiertas inclinadas no tenían ni idea.

En ocasiones me sentía decaída porque no experimentaba ese éxtasis que parecían vivir mis compañeros escudriñando libros de arquitecturas y revistas especializadas (y todavía no teníamos google imágenes). Si racionalizaba lo que veía, sí podía juzgar, pues ya empezaba a estar adiestrada con la estética “correcta”. Pero ese “me encanta” o “qué horror” no era innato, sino que provenía de mi mente.

Por algún tiempo, incluso, me metí en el personaje y empecé un ciclo de discusiones con mi padre sobre la forma, función y estética en la arquitectura. Claro, él “no se enteraba de nada” porque no había leído sobre los cinco pilares de la arquitectura de Le Corbusier, ni tampoco sabía sobre el espacio fluido del que hacía gala Mies en sus obras. Por lo visto, no me faltaba orgullo ni soberbia.

A día de hoy no he obtenido respuestas absolutas sobre le tema de la belleza, pero he esbozado una serie de conclusiones. En primer lugar, el factor histórico-cultural es fundamental en la percepción estética. No sólo en cuanto a edificios y espacios, también lo es respecto a las personas y en todo lo relativo al diseñó y la moda.

Es indudable que existen proporciones, ritmos y combinaciones que a la mayoría nos resultan hermosos. Ya los clásicos usaban la sección áurea en sus obras.

Por otra parte, una misma imagen, situación u obra artística nos puede parecer sugerente o detestable debido a asociaciones basadas en experiencias del pasado. Pueden resultar anclajes emocionales de los cuales, en ocasiones no somos ni tan siquiera conscientes.

Entonces, ¿dónde hay belleza? ¿Qué más conclusiones o hipótesis podrías añadir?

¿Cómo podemos valorar una obra de arte? ¿Nos basamos en cánones sociales y culturalmente aprendidos o manifestamos una reacción innata?

¿La belleza la sentimos, la pensamos o la notamos?

¿Es el gusto la sensibilidad educada?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: