Aire, Tierra, Fuego, Agua

Aire TierraHace años asistí junto a mis amigas a un taller de creatividad. Mucho aprendimos con aquellas actividades y a menudo recuerdo una comparación entre los cuatro elementos y las tendencias de cada persona en el momento de desarrollar un proyecto o llevar a cabo una empresa.

Primero debe nacer la idea. Conozco personas, como mi amiga Noelia que parecen preñadas de éstas. Generan propuestas y lanzan pensamientos a cuál más original y creativo. Son las “personas Aire”. Yo creo que tengo poco de Aire. Cuando estudiaba me convertí en una hábil recogedora de ideas ajenas y así aprovechaba propuestas de mis profesores o de algún compañero. Lo mismo me sucede ahora. Si debo generar ideas nuevas, lo hago, pero no es donde más cómoda me siento. Prefiero escuchar a mis clientes y estoy atenta a toda sugerencia.

Una vez que las ideas se han lanzado, hay que depurarlas. Estudiar cuáles son válidas y cuáles es mejor desechar. Las “personas Agua” limpian con maestría las propuestas antes de llevarlas a cabo. ¿Has hecho algún estudio de viabilidad? ¿Has sopesado las consecuencias antes de lanzarte hacia un nuevo proyecto, personal o profesional? ¿Eres “persona Agua”? Yo a veces sí, hago uso de mi mente analítica y de mi formación técnica. Sopeso las consecuencias y me avanzo al futuro. Pero en otras ocasiones mi actitud es desastrosa porque el entusiasmo me ciega. Me ilusiono en exceso y me vuelvo incapaz de ver los puntos débiles porque la pasión me embarga ante el nuevo proyecto.

Una vez que tenemos las ideas concebidas y elegidas, es el paso de la acción. Y entran en juego la ejecución y la motivación. Si eres de los que empujan en un equipo, de acuerdo con esta clasificación, tienes una conducta de “persona Fuego”. Trasmites ilusión, entusiasmo y fuerza, que tanta falta hacen a lo largo del camino. Cuando yo creo en un proyecto firmemente, apuesto por él. Me motivo, me alegro, me ilusiono y lo transmito al resto de los miembros. Creo que soy buena transmitiendo entusiasmo.

Y por últimos, las “Personas Tierra”, que son con las que más me identifico. Las que materializan, las que llevan a cabo la ejecución, dando cada paso de los indicados en el en proyecto.

Aunque todos somos capaces de llevar a cabo las cuatro etapas, solemos sentirnos más cómodos en una o dos de ellas que en el resto. ¿En cuál te encuentras mejor? ¿Cuál se te da realmente bien? ¿Eres más resolutivo o más creativo?
En un equipo conviene tener personas de los cuatro elementos. Así, me viene a la cabeza la empresa de interiorismo de mi amigo Ossama. Diseñan y ejecutan palacios en Oriente Medio. Su socia es una artista y cada vez que habla con el cliente emana ideas, formas, dibujos y bocetos. Luego llega él, se echa las manos a la cabeza por las propuestas que ella ha hecho al cliente y le dice que está loca. Pero después es capaz de materializar estas ideas. Una Aire y un Tierra perfectamente combinados.

Como siempre, recordaremos que podemos entrenarnos y mejorar cualquier habilidad. No obstante, en los últimos tiempos me inclino más por averiguar qué me resulta más sencillo y potenciarlo en lugar de descubrir lo que más me cuesta e invertir mi energía en ello, a modo de reto. Quizá nunca tenga una respuesta sobre el punto de equilibrio entre a qué es mejor dedicar el tiempo. ¿Tú qué sueles hacer? ¿Trabajas más tus habilidades más innatas o refuerzas lo que más te cuesta? ¿Es una buena opción para ti? Quizá el equilibrio sea distinto para cada persona.

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