Visitando la trastienda

TrastiendaEl escenario está listo, podemos disfrutar de la obra sin preocuparnos de qué hay detrás. Somos los invitados y todo debe parecer natural, sencillo, fácil. Si lo hacen bien nos olvidaremos, incluso, de que ha habido una preparación previa, que existe un mundo detrás del decorado.

Salimos a cenar a un restaurante o al bar de nuestro barrio y nos sirven el primer plato. Lo disfrutamos sin pensar en la cocina, en la preparación requerida, en el making of o el así se hizo.

Desde niña me han fascinado las trastiendas, lo que hay detrás, los secretos que no se nos muestran. Suelen ser espacios sinceros, íntimos. Las visitan no entran, así que no hay que vestirlas de gala. Las mejores prendas se reservan para el lugar público, donde acceden los clientes, los usuarios. Todavía recuerdo la primera vez que entré en una, la de mi tío. En aquel entonces era el novio de mi tía, tenía una tienda de ropa y el local disponía de una planta superior que estaba llena de cortinas y ropa desordenada. Yo tendría unos siete años y me sentí privilegiada por entrar en un espacio tan secreto y reservado. Aún puedo recordar su olor.

¿Y qué trastiendas estoy descubriendo las últimas semanas? Las de los hoteles de cinco estrellas. Cuando llego, el lujo y los fastos me absorben. La decoración, los empleados y toda la puesta en escena consiguen que te sientas dentro de una película. Y de hecho, creo que es una película. Escenarios impolutos, brillantes, suntuosos, llenos de actores que tienen como misión que te sientas el protagonista.

En recepción o en conserjería anuncio que tengo cita con el ingeniero jefe y a partir de ahí pueden suceder dos situaciones. La primera, que nos quedemos en recepción, me inviten a café o té y charlemos. Éste es el caso habitual cuando el ingeniero es árabe. Hacen gala de su hospitalidad también en el mundo de los negocios y se crea un ambiente amistoso que no se limita a la presentación de mis mármoles tallados a mano y mis piedras preciosas para interiores. La segunda casuística es que me conduzcan al despacho, al departamento de ingeniería. Y ahí cruzo una puerta que separa el solemne escenario de la trastienda. Se acaban los brillos, los excesos y suelo recorrer un laberinto de pasillos y ascensores difícil de recordar.Me cruzo con cocineros, limpiadores, secretarias y todo el personal del hotel. Tomo conciencia de que todo eso es necesario para la puesta en escena, para que disfrute el protagonista. Con el contraste, los pasillos me parecen pequeños, la decoración es pobre y los despachos, destartalados y modestos. Después de un rato, saludo, presentación e intercambio de tarjetas de visita, mi retina se adapta al nuevo ambiente y me doy cuenta de que es una oficina corriente. Me había parecido tan austera porque venía de recepción, porque me acababan de aparcar el coche y me llamaban señora. Contraste.

¿Trabajas o has trabajado en la cocina de un restaurante, en un negocio con trastienda, en la parte oculta de un teatro o de un desfile de moda? ¿Cómo lo has vivido? ¿Te das cuenta de que la escena principal no podría existir de no ser por esta otra zona de servicios, de almacén, de retoques?

¿Qué te gusta más, la parte pública, bien maquillada, con cada elemento en su lugar o la privada, más sincera y
reservada a los actores del negocio?

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