Ciudad sin nada, ciudad con todo

IMG-20130820-WA0000El pasado vienes quedé con mis amigos. Ahora es mi único día libre y trato de exprimirlo. Tiempo para mí y tiempo para compartir con mi gente (de aquí). Quedamos sobre las cinco y disfrutamos de una rica cena todos juntos. Yo estaba fluyendo, disfrutando del momento, cuando de repente me di cuenta de la situación. Estábamos al aire libre, en la terraza del edificio, a principios de enero. Esto compensa la insolencia del verano en este país. Pero lo mejor de todo es que estaba dentro del grupo. Disfrutando de la compañía. Siendo parte del todo. Y me recordé a mí misma un año antes, recién llegada a este país que me resultaba extraño. Asustada ante tanta novedad y marcando distancias para resguardarme.

Vivimos en una ciudad pequeña y Doha tiene pocas oportunidades de ocio. Escasa oferta lúdica, cultural o deportiva. La principal actividad es salir a comer o salir a cenar. Y casi siempre es en centros comerciales. Centros comerciales de los que, por cierto, ya estoy saturada. A veces me encuentro con gente quejicosa que se lamenta por la falta de “cosas para hacer”. Te dicen que a este país se viene a trabajar y que la vida transcurre en la oficina o durmiendo. Me sorprende especialmente cuando es un árabe quien me cuenta esto. Se supone que para ellos este contexto es muy similar al que tenían en casa. Misma religión, mismo idioma y una atmósfera similar. Sin embargo yo he necesitado adaptarme a este nuevo escenario. Comparándome con ellos, juego fuera de casa.

De un tiempo a esta parte he dejado de necesitar esa oferta lúdica que sí tenía en Valencia. O ésa mucho mayor a la que podía optar simplemente viajando a Madrid o visitando a mis amigas en Londres comprando un billete de avión baratito. Siendo objetivos, sé que no tenemos todas las posibilidades de las que disfruta mi amiga Carmina viviendo en Dubai.

Sin embargo, no me aburro. Tengo una vida social satisfactoria. Disfruto de la ciudad y de mi tiempo libre. Y esto es gracias a las personas que me rodean. Al cariño y los lazos que se han creado en poco más de un año. El amor que nos une es mucho más fuerte que las diferencias culturales, religiosas o idiomáticas.

Y entonces me di cuenta de que vivía en una ciudad que no tenía nada y que lo tenía todo. He calibrado los ritmos del país y he sido afortunada por encontrar a estas personas. No es la primera vez que vivo en que un espacio sin oferta de actividades y en el que, sin embargo, no necesito nada más. Mi año Erasmus, en Francia, vivíamos en el Campus, a varios kilómetros de la ciudad. Tan solo había pinos, Facultada de Bellas Artes, más pinos, Escuela de Arquitectura y los edificios donde dormíamos. Ni siquiera nos dejaban hacer fiestas. Pero nos teníamos los unos a los otros. Diferentes, venidos cada uno de un lugar de Europa. Y ese año lo tuvimos todo.

Dime, ¿qué oferta cultural, deportiva, gastronómica, etcétera, puedes encontrar en el lugar en el que resides? ¿La aprovechas? ¿Cómo vives la ciudad? ¿Sales fuera cada día o, por el contrario, tienes una vida más íntima? ¿Te alimenta tu círculo social y familiar? ¿Y tú a ellos?

No sé qué me pasa últimamente pero ando un poco empalagosa. Desde que estuve en Valencia me sorprendo a menudo hablando de amor, de afecto y de amistad. Amigo lector, gracias por haber llegado hasta el final, aun con un extra de azúcar entre las líneas.

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