Proyectos locos

Proyectos locosRecuerdo que un profesor de la universidad en una ocasión nos comentó que un arquitecto proyecta de manera diferente dependiendo de su estado de ánimo. Estoy convencida de que así es. Y no sólo en nuestra profesión, lo es en todas aquellas en las que se pone en práctica la creatividad.

¿Y es acertado dejarse llevar por las pasiones e imprimir nuestras emociones en la obra? Ésta puede llegar a ser, incluso, una vía de catarsis y preñarse de esos sentimientos.

¿Vivimos siempre con el arrojo necesario para tomar cierto tipo de decisiones? Especialmente, si son arriesgadas, vitales para nuestra obra.

¿Y si nos volcamos en un diseño innovador, osado, atrevido hasta límites insospechados y, a continuación, le mandamos la propuesta a nuestro cliente? Como si de un acto impulsivo se tratara. Con todos los bocetos. Según algunas opiniones, en caliente.

Si el cliente acepta, puede ser la obra de su historia, ¿quién se atreve a construir algo así? Se dice que no, pasarás a la historia como el arquitecto que le hizo la propuesta de su vida. No se atrevió a llevarla a cabo porque suponía un riesgo demasiado algo. Debería invertir todo su dinero y arriesgar cuanto tenía. Comprometer, incluso, su reputación.

Para dar el paso hace falta creer en el proyecto, que parece descabellado, confiar en que se llevará a cabo y saber que su resultado te hará feliz el resto de tu vida.

Mientras tanto tú te quedas en el despacho, inquieto. Intentando no pensar demasiado en el tema porque te colma de vértigo. Dedicas tu tiempo y tu trabajo a tus otros clientes. Los fieles, los que apuestan por ti y consiguen con sus encargos que tu despacho funcione. Gracias a ellos puedes vislumbrar un futuro apacible.

¿Y si dice que sí? Si dice que sí, mi querido arquitecto, tendrás dos opciones. La primera, retractarte. Fallar a tu palabra y a las expectativas que tú mismo habías generado en el cliente mediante los cuidados bocetos y la propuesta. Ser cobarde y renunciar al diseñar el proyecto de tu vida por el riesgo técnico que supone. Acongojarte –quizá por primera vez- ante un reto.

¿Y si te dice que sí y te lanzas? Tu primera tarea será llamar a tus fieles clientes y decirles que los dejas, que no continúas con sus proyectos, a pesar de que habían creído en ti. Apostado por ti en todo momento, pudiendo estar con otros técnicos.

Querido arquitecto, tú que te has arrojado a cuanta aventura profesional te ha lanzado la vida, ¿te atreverías con ésta? Llegados a este punto creo que la respuesta está en uno buscar una respuesta. Quizá la vida se encargue de poner orden –como siempre- ante esta situación. Continúa trabajando en los diseños de tus buenos clientes. Atiéndelos como se merecen. Y, en caso de que el otro conteste, ya decidirás a qué proyecto te dedicas.

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