Forma y Función

TorchFirmitas, utilitas y venustas era la triada sobre la que se apoyaba la arquitectura, según nos contaba Vitrubio, allá por el siglo I a.C.

Creo que a nadie se le ocurre discutir sobre la primera característica, firmitas, que significa resistencia. Las edificaciones deben sustentarse a sí mismas y a las personas y objetos que las ocupan a lo largo del tiempo.

Hoy quiero reflexionar sobre las otras dos, utilitas y venustas. Vamos, sobre la funcionalidad y la belleza, otro de los grandes debates en torno a la arquitectura a lo largo de todos los tiempos.

Para mí la virtud, como en todo, está en el equilibrio. Pero no todos los arquitectos y movimientos artísticos se han declinado de igual manera por la una y por la otra. Igual que nosotros no nos movemos por la vida con un completo equilibrio entre la función y la estética.

Buscando ejemplos en los que se haya elegido la estética, rápidamente me viene a la cabeza la obra de Santiago Calatrava. No puedo decir que prime la hermosura, eso que lo juzgue cada cual según sus parámetros de belleza. Ahora bien, las necesidades funcionales no las cubre de una manera escrupulosa. Por eso recibe tantas críticas por parte de muchos de sus compañeros. Abandona las necesidades de uso para atender la forma.

Y sin llegar a estos extremos, casi todos hemos elegido alguna vez la estética a pesar de no responder adecuadamente al uso. ¿Alguien se ha comprado unos incómodos pero preciosos zapatos? Me confieso, yo lo he hecho. ¿Cuándo has sacrificado tú la funcionalidad en pro de la imagen, la belleza o la estética?

Vámonos al otro extremo. El abandono de la forma. Una oda a la función. Muchos clientes me pedían que sus viviendas fueran cómodas. Se repetía a menudo la frase “no quiero un museo, sino una casa para disfrutarla”. Aunque mis clientes no sacrificaban para ello la estética de sus viviendas.

A principios del siglo XX Luis Soullivan nos contaba eso de “la forma sigue a la función” y una serie de arquitectos estudiaron y crearon edificios basándose en los principios del funcionalismo. Le Corbusier llamaba a la casa “máquina de vivir” y yo tengo la impresión de que consiguieron, de esa manera, una determinada estética. Pero ésa es otra cuestión.

El caso es que todos nos hemos visto en una situación en la que hemos elegido la utilidad a la imagen. Me vienen a la cabeza las palabras de Góngora, el famoso “ande yo caliente y ríase la gente”. ¿Cuándo has elegido tú la función o el uso a la forma?

Y entendiendo que no nos vamos a los extremos, que consideramos ambas opciones, ¿hacia qué lado tienes más tendencia? Yo me confieso, mi actitud pragmática y práctica pesa más que mi sentido de la belleza. ¿Por cuál te inclinas tú más normalmente?

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