Asientos

AsientosCuando construimos un edificio, éste apoya en el terreno a través de la cimentación. Dependiendo del tipo de suelo, ofrece un tipo de respuestas u otras. Por eso se lleva a cabo un estudio geotécnico previo y se diseña y calcula la cimentación de manera adecuada para que las cargas se transmitan al terreno de manera efectiva.

Aunque te aburran estas cuestiones técnicas, no te vayas, que luego hablaré sobre las cargas personales. Permíteme solo unas líneas más porque me hacen falta para lo que quiero contar.

Cada terreno ofrece una respuesta diferente a la construcción del edificio, pero a ninguno le pasa desapercibida. Ni siquiera, a los más rocosos y resistentes.

Los suelos arenosos asientan casi inmediatamente. Imagínate que tienes una palancana con arena y colocas un objeto pesado encima. En unos segundos nuestra arena se readaptará. Es posible que la superficie sobre la que hemos “construido” se hunda un poco y luego permanezca inmóvil.

Los suelos arcillosos funciona den manera diferente. En el momento de aplicar la carga casi no reaccionan, pero conforme transcurre el tiempo, sus partículas van deslizando entre sí y van asentándose. No quiero entrar en cuestiones físicas y químicas para no equivocarme y no aburrirte demasiado. Pero el resumen es que los terrenos arcillosos asientan lentamente. A veces lo hacen durante siglos.

¿Qué nos sucede a las personas cuando recibimos un impacto o una carga? Pues que también vamos asentando. En ese proceso de digerir, las partículas de nuestra alma se van recolocando para alcanzar un nuevo estado de equilibrio.

Hay cargas que asientan rápidamente, mediante una sacudida. Otras requieren mucho tiempo.

Pero no solo hay terrenos arenosos y arcillosos. Existen muchos tipos y nunca vamos a encontrarlos de manera pura, sino que suelen estar mezclados y se presentan de manera heterogénea.

Eso mismo nos sucede a nosotros. Según el momento de nuestra vida, nuestra historia, nuestras experiencias, etcétera, asentamos de una forma u otra ante las nuevas cargas.

Además de la composición del suelo, también influye su morfología. Las capas del terreno, la existencia de oclusiones de aire y la presencia de agua.

El agua subterránea repercute en el comportamiento del terreno. Y lo peligroso es que no se ven desde fuera y se requieren estudios específicos para detectarla.

En algunas ocasiones un ligero impacto produce un gran efecto sobre nuestras emociones. Y esto puede ser debido a una antigua corriente de agua subterránea sin identificar. Cuando algo pequeño nos afecta mucho quizá debamos preguntarnos si la razón está en la carga externa o en el estado de nuestro interior.

¿Cómo asientas tú el impacto de las nuevas cargas, de los nuevos edificios? ¿Te das cuenta de que cada cuestión te afecta de manera diferente y también de forma distinta que a otras personas?

En todo caso, vamos a permitirnos siempre un tiempo para asentar las novedades, los cambios y los impactos emocionales. Vamos a darnos permiso para ser arcillas y a tomarnos nuestro tiempo. Que las partículas de nuestro interior se resitúen y se recoloquen. Que se encuentren en una nueva posición de equilibrio. ¿Te parece?

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