“Mi” casa

Mi casa¿Te has parado a pensar qué significa “mi” cuando acompaña al sustantivo “casa”?

Tengo la sensación de que en España hemos creado y vivido una cultura donde se han valorado de manera desmedida las ventajas de tener una vivienda “de propiedad”.

Todos hemos escuchado que alquilar un piso equivalía a tirar el dinero. Yo he vivido en varias ocasiones en una casa rentada y al pagar lo acordado cada mes tenía la sensación de estar abonando un servicio que yo consumía. Tú me dejas vivir aquí y yo te compenso con una cantidad de dinero.

También he vivido en un piso cuyas escrituras decían que era yo la propietaria y he pagado tantos intereses por el préstamo que poco tienen que envidiarle al gasto de un alquiler.

Cuando leía o escuchaba a expertos en la materia, me daba cuenta de que insistían mucho en el concepto de la movilidad. Llevar a cabo una mudanza a otra ciudad o, incluso, a otro país, se convierte en una tarea muy sencilla si el hogar familiar está alquilado al “verdadero” propietario. Quizá no lo solíamos escuchar porque durante años los españoles tendíamos a permanecer durante toda una vida en el mismo lugar. Pero… ¡ay ahora! Que, de nuevo, tantos de nosotros estamos viviendo fuera de España y, esta vez, pagando una hipoteca allí mes tras mes.

Entonces, ¿qué casa es más “mía”, una vinculada a unos papeles en los que está anotado mi nombre y aparece la firma de un notario, o esta otra a la que llego cada tarde después de trabajar, donde me siento cómoda protegida del mundo? Aquí descanso, disfruto, desempeño actividades y voy impregnando cada día en sus muros parte de mi espíritu.

Cuando vuelva a España sacaré todos mis objetos personales de (¿mi?) piso y lo dejaré listo para alquilar. No lo hice antes de venir porque me suponía un esfuerzo emocional muy alto. Con el dinero que obtenga cada mes podré pagar la hipoteca o casi toda ella. Curioso, ¿verdad? Si esto sucediera durante cinco años, quizá fuera una forma de inversión donde, al final de la jugada, acabas con una propiedad. Pero el final, en este caso, será dentro de treinta años. Y lo más cómico de todo es que esta situación no es aislada. Se repite de manera bastante común entre muchos propietarios de su casa.

Los primeros meses en Qatar alquilé un coche. Después me compré uno. ¿Y cuál es la diferencia? A nivel emocional, ¡¡ninguna!! Y ambos cumplían con su cometido de transportarme de un lugar a otro de la ciudad. Si nos sentamos a estudiarlo, una propuesta será más ventajosa económicamente que la otra. Pero el “mío” no cambia nada en mi relación con el coche. Lo mismo sucede con los muebles de mi habitación y la cama donde descanso. Los de mi otro piso estaban incluidos en el alquiler. Los de mi actual casa los he comprado yo. Duermo igual de bien cada noche.

Mi conclusión es que la diferencia es puramente económica. Y si alguien se encuentra emocionalmente mejor en una casa “de propiedad” que en una que no lo es, se debe a una cuestión puramente psicológica. ¿Tú qué opinas?

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4 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo, Geles.

    Se trata de una mera percepción e interpretación psicológica (y cultural). A veces he oído a la gente decir que comprando la casa se siente “más segura” cuando esto es una falacia. Estamos asistiendo a la cruda realidad, y es que si no pagas (al banco en este caso) te echan igualmente, con el agravante de que sigues debiendo la diferencia (excepto si te aceptan la “dación en pago”).

    Un abrazo y enhorabuena por tu post!

    1. ¡¡Gracias Juan Pedro!! Lo has explicado muy bien con esa frase. Se sienten “más seguros”. Y esto era lo que me llamaba la atención. Que yo me encuentro cómoda y segura en esta casa que es mía solo mientras pague el alquiler.

      Un abrazo muy fuerte y espero que nos veamos pronto.

      Geles

  2. Hola Geles, ¡cuánto tiempo!

    Al igual que tú, he vivido en casas alquiladas y ahora vivo en una casa de mi propiedad. En todas me he sentido en mi “hogar”. Pero cuando he querido hacer alguna reforma para mejorar alguna instalación o cambiar algún tabique, los baños, etc, en las viviendas de alquiler siempre me he vuelto atrás. Porque sabía que era una inversión económica que sólo iba a poder disfrutar unos años, y luego revertiría en el propietario. Por supuesto he pintado, he puesto parquet y alguna cosa pequeña más, pero nunca me atreví a mayores cambios. En “mi” casa hago y deshago lo que de verdad me apetece, porque sé que se va a quedar así hasta que yo decida.

    Lo de la movilidad actual es cierto, pero tarde o temprano tienes que establecer una base. Tienes niños, que tienen que ir a un colegio y que necesitan un entorno afectivo y social lo más estable posible. Quizá lo que nos falla es el “cuándo” comprar nuestra vivienda. No deberíamos hacerlo hasta estar finalmente establecidos.

    Por último, me gustaría contarte el caso de mis suegros que viven de alquiler desde hace muchísimos años. Hace dos, les echaron del piso donde llevaban 8 años porque el propietario lo quería reformar y vender. Tuvimos que hacer un traslado (con más de 65 años de edad cumplidos) Evidentemente tuvo que recurrir a nosotros. Tienen cada uno una pequeña pensión, y les viene justo pagar el alquiler. En cuanto falte uno de los dos ¿qué será del otro? En perfectas condiciones de salud pero sin poder pagar dónde vivir por cobrar la pensión mínima.

    Estoy de acuerdo en que el fin seguramente será vivir todos de alquiler, pero muchas cosas deben cambiar en nuestro país hasta que podamos lograrlo: precios de alquileres, mentalidad del alquilador para alquilar a largo plazo, pensiones etc.

    ¡Saludos!

    1. ¡¡Hola Fina!!

      Qué gusto saber de ti. Y cómo me interesa cuando otras personas me dan su punto de vista. A veces estoy tan embebida en el mío, que pienso que lo que me sucede a mí es lo universal.

      Tienes razón en el tema de las reformas, y no solo por la inversión económica, sino porque el propietario no siempre te da permiso para llevarlas a cabo.

      Lo de establecerse yo lo veo de otra manera. Aquí, en Qatar, el ochenta por ciento de los habitantes somos extranjeros y he conocido a muchas personas que pasan unos años aquí, con sus hijos y luego vuelven a su país o siguen dando saltos. Los niños crecen bien. Incluso, son más abiertos, conocen diversas culturas y hablan varios idiomas. Mudarte de ciudad puede ser más complejo cuando hay niños, pero también se puede hacer.

      Y lo que comentas de tus suegros también me ha hecho pensar. Si compras una vivienda, cuarenta años después, es tuya y puedes vivir allí durante tu jubilación sin pagar alquiler ni hipoteca. Pero tampoco veo clara cuál sería la fórmula ideal. Quizá sea porque ahora me relacione con muchos expatriados y me parezca que habitar el mundo sea lo normal, jejje.

      En resumen, que me gustan tus argumentos y también, que me hayas ayudado a verlo desde otra perspectiva.

      Espero que vaya todo muy bien por Valencia. Seguro que estás disfrutando de tu familia. ¡Qué guapo está tu hijo!

      Un abrazo,
      Geles

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