Entre dunas

Sea LineHoy quiero hablar de espacios, de espacios desiertos de malas sensaciones. De lugares que te transmiten “buen rollo”. Sitios en los que estar en paz contigo mismo y con el mundo resulta más que fácil. Cuando te encuentras en ellos sientes tu alma limpia y tu espíritu en paz.

Empieza a pensar, porque has disfrutado de lugares así. Y, si te apetece, podremos volver a ellos con la imaginación. Como cuando guiaba visualizaciones en algunos de los talleres que impartíamos. Con los ojos cerrados volvíamos a ese lugar. Evocábamos las imágenes, los aromas, sonidos y todas las sensaciones que nos producían. Como aquel día en la prisión, cuando un chico me dijo “he tenido la misma sensación que si hubiera estado en la playa, la misma”.

Pero primero vamos a ver cuáles son esos espacios. Yo he llegado a una conclusión: ya sé cuál es el mejor Arquitecto (con mayúscula), Ingeniero y Diseñador. Es Dios. O el Universo, o la Naturaleza. Como quiera que lo llamemos. Nunca jamás una persona o un equipo será capaz de crear algo ni remotamente parecido a lo que encontramos en la naturaleza. No voy a entrar en la perfección del ser humano y de todos los seres vivos porque el tema se extendería. Hoy quiero hablar de espacios. Espacios naturales.

He contado en muchas ocasiones que echo de menos enormemente el monte, el campo, los árboles… ¡el verde! Pero esta tierra, que me está enseñando a valorar los paisajes de la mía, tiene algo con lo que compensarnos: el desierto.

Por fin estuve entre las dunas. Las disfruté con la inmejorable compañía de mis padres y mi hermano. La excursión duró un día y una noche. Comenzó con la aventura en 4×4 a través de un paisaje idílico, zigzagueando y negociando con mi madre, que trataba de pedirle al conductor que evitara las pendientes más pronunciadas.

Allá donde te alcanzaba la vista podías ver montículos de arena de un color amarillo cálido. Suaves. Y el azul imponente del cielo. La guinda la ponía el océano, con una lengua de agua que se introduce en el desierto. Es el Sea Line.

Acabadas las emociones fuertes nos llevaron al campamento, donde disfrutamos de las actividades propuestas, del propio desierto y de nosotros mismos. Creo que hacía años que no habíamos estado los cuatro juntos de esa manera, sin ningún tipo de interferencias, sin televisión de fondo, sin nada más que el estar.

Era mi segunda vez en el desierto. La primera fue en Marruecos, hace cinco años. Y la experiencia volvió a ser maravillosa: desconexión. Olvidé el resto del mundo. Me olvidé hasta de mi misma y disfruté del lugar, de la sensación de paz y de quietud que me proporcionaba. Cuando estás allí nada puede ir mal. El alma está tranquila, arropada por el paisaje.

A lo largo de mi vida he percibido algo parecido solo en espacios naturales. En el campo, en la montaña. ¡En la Naturaleza! ¿Dónde te has sentido tú así? ¿Qué lugares te han embriagado por el simple hecho de estar allí? ¿Dónde has notado que tu espíritu se encontraba en paz?

Propongo que nos congratulemos por tener esta experiencia en la mochila. Y si este fin de semana no podemos repetirla, sentémonos en un lugar cómodo durante diez minutos. Vamos a cerrar los ojos y a recordar y revivir cada detalle. ¡Será como un dulce para nuestra alma!

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Una respuesta

  1. […] y el alma refrescada. Claro, estos días han dado para mucho. Visitamos Dubai, estuvimos en el desierto y descubrieron Doha. Ellas, yo la […]

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