Después de la tormenta

tormenta¿Sabes cómo se queda un estudio de arquitectura después de una entrega? Te lo puedes imaginar, ¿verdad? Hojas gigantes, papeles por medio, la mesa hecha un desastre, al igual que el escritorio del ordenador… Estás terminando y no tienes tiempo para pensar en dejarlo todo ordenado. En la Universidad sucedía lo mismo o, incluso, peor.

¿Cómo se queda tu casa o tu lugar de trabajo cuando has estado sometido a la presión de la entrega? Ya fuera un documento o algo elaborado con tus propias manos.

A menudo pasamos por ese estado de estrés positivo en el que nos sumerge una tarea que debe ser completada. Con un poco de suerte, entramos en un estado de fluidez que solo nos deja pensar en lo que tenemos entre manos. Nos olvidamos del resto del mundo. Incluso, nos olvidamos de lo que estamos haciendo y… ¡lo hacemos! Perdemos la noción del tiempo y hasta de nosotros mismos. Y, por fin, terminamos. No sabemos muy bien cómo, pero llegamos a la entrega y concluimos nuestro trabajo de manera satisfactoria.

¿Qué pasa después? Que el nivel de adrenalina empieza a bajar. Que el estrés provocado por la necesidad de terminar la tarea deja de estar presente. Nos relajamos y empezamos a tomar conciencia del cansancio de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Como cuando se acaba una tormenta. Lo que trae la calma es un estado de tranquilidad en el que solemos tomar conciencia de la fatiga y de los estragos que ese trabajo nos ha causado. Es ahora cuando necesitamos un descanso. Un tiempo para recuperarnos. Pues escuchemos a nuestro cuerpo y hagámoslo.

Recuerdo cuando estaba en la Universidad. El día que teníamos un examen no solíamos estudiar para el siguiente. Era para descansar y recuperarnos. Lo necesitábamos.

A veces no podemos parar porque la siguiente tarea no nos lo permite. Y yo creo que pueden darse dos situaciones. Una es que no nos relajemos, continuemos trabajando y tomemos el necesario descanso una vez concluida la última faena. O la otra, que estemos forzando nuestro cuerpo. Y ahí se enciende una luz roja. No siempre lo escuchamos ni le prestamos atención. Muchas veces vamos más allá de lo que es saludable para nosotros. ¿Somos conscientes de ello?

Cuando estamos sometidos a estados emocionales intensos y conseguimos gestionarlos, nos encontramos cansados. A veces, agotados. ¿Nos damos la oportunidad de parar a descansar? ¿Nos mimamos? ¿Nos sentamos a respirar y nos decimos “lo has hecho bien, cariño (yo a mí misma me llamo cariño cuando me hablo), descansa, que has tenido mucho trabajo”?

Todo ese esfuerzo puede significar haber aceptado una situación determinada, tomar una decisión o replantearse la manera de afrontar una cuestión. Quizá has cerrado, por fin, un ciclo. ¡Un verdadero trabajo!

¿Cómo te sientes después de tu tormenta? ¿Te mimas, te premias y te permites tu merecido descanso? ¿Eres consciente de lo que tu cuerpo te pide? ¿Se lo das?

Propongo que nos reparemos y que nos cuidemos cada vez que terminemos una tarea. Intelectual, física o emocional. Especialmente, si era emocional.

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