Escuchar y escucharse

CamellitosDesde que vivo en este país tengo muy claro que lo mejor de mi trabajo son mis compañeros. He encontrado una calidad humana increíble. Con estas personas da gusto ir cada día a la oficina. Se están forjando unos vínculos afectivos muy interesantes y aprendemos constantemente los unos de los otros.

A menudo sucede que una persona tiene una duda con un proyecto y se la comenta a un compañero. Cuando expone la cuestión, se escucha a sí misma y obtiene su propia conclusión cuando termina de hablar.Esto ocurría en la Universidad y pasa en todos los despachos de arquitectura. Y en los grupos de trabajo, pertenezcan al sector que sea.

¿A que sabes de qué te hablo? Y sucede lo mismo con situaciones personales. Tienes una duda, no sabes cómo afrontar una situación. O existe un dilema que no consigues cerrar. Se lo cuentas a un amigo o a alguien de tu familia. Aunque tú ya lo habías estudiado mentalmente, no habías compuesto el discurso como lo haces para que esa persona te entienda. Y entonces, tú te escuchas y te das cuenta de que has ordenado tus pensamientos y que ya sabes qué camino elegir.

Normalmente el mejor consejo no es un consejo. Para ayudar a alguien es mejor escucharle. Y hacerle preguntas para que revele –se revele- toda la información o los sentimiento. Si tenemos habilidad (y se consigue con práctica), podremos introducir alguna pregunta clave como “¿tú qué es lo que quieres?” o “¿qué sucedería si…?”

No podemos decidir por el otro pero podemos ayudarle a que descubra su propia decisión. Técnicamente es muy fácil. Basta con olvidarse de uno mismo y centrar toda la atención en la otra persona. Pero hay que realizar un esfuerzo emocional, pues solemos estar enfocados hacia nosotros mismos y a menudo nos cuesta escuchar de verdad al otro.

Dar consejos es fácil, es rápido y nos confiere la falsa sensación de ser superhéroes o superheroínas. Qué grande soy y qué buena amiga, hija o pareja, pues le he dado (¿mi?) solución a esta persona. ¡Y nos permitimos la licencia de decirle que esa es su mejor opción”.

Vamos a proponernos, si te parece, escuchar un poco más y de una manera más activa a las personas a las que queremos. Será la mejor manera de ayudarles. Evitemos los consejos y hagamos preguntas para orientar a nuestro amigo, a nuestro hijo o a nuestro compañero a descubrir su propia respuesta, ¿te parece?

Y cuando tengamos una situación de duda, propongo que le contemos a alguien lo que nos sepa escuchar (no a un regalador de consejos) Todos tenemos cerca algún tesoro de esos que no solo ponen su tiempo sino que están contigo con sus seis sentidos siempre que lo necesitas.

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