¿Empatizamos?

LámparaCuando trabajaba en España, mi principal tarea consistía en realizar proyectos para viviendas unifamiliares. Me los encargaban mis clientes y yo diseñaba sus casas. Siempre he pensado que mi punto fuere era saber captar lo que querían. Muchas veces, ni siquiera ellos sabían lo que era, pero en las reuniones yo iba sintiendo y escuchando cómo eran los espacios en los que deseaban vivir.

Esto no lo aprendí en la Escuela de Arquitectura, sino que me lo traje de otros lugares. Cuando era pequeña tenía dificultades para comunicarme con otras personas, me costaba hacer amigos y lo que se suele llamar habilidades sociales era algo desconocido para mí. Yo no sabía por qué, pero sí notaba que mis relaciones no eran buenas y desde los catorce años empecé a trabajar para cambiarlo. Fui cogiendo de aquí y de allí y más tarde supe que lo que estaba aprendiendo y acababa por formar parte de mí era empatía.

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Estar en su piel, meterse en sus zapatos, como se dice en inglés. Escuchar y atender a la otra persona se fue convirtiendo en una tarea interesante y cada nueva etapa de aprendizaje era como un juego para mí. Pasaron muchos años y, sin darme cuenta, aprobé mi asignatura pendiente. Me convertí en una persona sociable, sin problemas con las relaciones, con ciertas habilidades para estar con otros. Y una de las claves había sido la empatía.

Como ejemplo diré que hace siete años, cuando me fui a vivir a Vilamarxant, me propuse integrarme en la sociedad de allí. Es un pueblo bilingüe y los autóctonos prefieren hablar valenciano. Yo, aunque lo estudié en el colegio, soy original de Cuenca y provengo de una familia castellanoparlante. Pero eso no era suficiente razón para no intentarlo. Y, efectivamente, acabé hablando valenciano. Sé que nunca me integré del todo (quizá no era realmente mi objetivo) pero sí tuve una gran aproximación a muchas personas de allí.

Para mí es muy importante saber cómo piensa la otra persona, por qué siente lo que siente, entender qué le lleva a decir lo que dice y a ver el mundo desde su perspectiva. Me parece apasionante. Y sólo sintiendo de verdad lo que el otro siente puedes llegar a entenderlo. Y también a crecer. Porque luego te das cuenta de que tu manera de ver el mundo es eso: la tuya.

Pues bien, aprovechando la oportunidad que me ofrece el estar aquí, me propuse un nuevo reto: hacer el Ramadán. Bueno, una parte de él, el ayuno. Y este es mi tercer día. No me puedo permitir forjarme una opinión de los musulmanes sin conocer aquello que estoy valorando. Y también es una forma de aproximarme a mis amigos. Desde mi sitio, pero más cerca.

Durante este mes, desde el amanecer hasta que se pone el sol, de acuerdo con el Islam, no se puede comer, beber, fumar ni tener relaciones sexuales. Es un mes para renovar la fe, para acercarse a Dios y para hacer el bien. Ayudar a los otros, evitar los pensamientos negativos, ser generosos, no mentir y, sobre todo, para rezar.

Yo he decidido ayunar, hacer el bien y no fumar shisha ni beber alcohol durante todo el mes. En realidad no bebo prácticamente nada desde que vivo aquí, eso sí, lo de no fumar mi shisha de los jueves me cuesta un poquito. Fumar una vez que se ha puesto el sol no está prohibido, pero entiendo que este mes también es para cuidar cuerpo y salud, así que no habrá shishas.

Mis amigos suelen decirme que soy una persona muy empática. Y ellos no lo saben, pero no lo soy, no lo traía de serie. Es algo que he trabajado mucho y sigo haciéndolo. Y una prueba más de que podemos entrenar habilidades que no nos resultan tan fáciles como a otras personas.

En el caso de la empatía, ¿tienes facilidad para ponerte en el lugar del otro? ¿Entiendes los sentimientos y las emociones de los que están a tu lado? ¿Puedes comprender la forma de pensar o de actuar de otras personas aunque sea muy diferente a la tuya? Espero que sí y si no es así, te invito a trabajar la empatía.

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2 comentarios

  1. Geles, precioso tu relato/reflexión de hoy. Me ha emocionado leerte y me ha hecho pensar en mi vida y relación con los demás. Tu sabes que imparto cursos donde una de las habilidades que hago practicar a mis alumnos es, precisamente, la escucha activa. Al leerte me ha hecho ver que en realidad, la escucha verdadera, es el preámbulo de la empatía, pues es estar con el otro, prestar atención a lo que nos comunica, ya sea por medio de su boca o de su mirada.
    En fin Geles, un artículo muy bien escrito, tanto por su contenido como por su expresión. Permíteme que se lo envíe a una amiga/vecina de marruecos y que en alguna ocasión lo cite en mis cursos como ejemplo. Un fuerte abrazo y que sigas iluminando nuestro camino con tu ejemplo de vida y tus reflexiones.
    Besos, Rafa Ayala.

    1. ¡Hola Rafa!

      ¿Cómo estás? Van pasando los días y no os escribo todo lo que me gustaría. Espero que vaya todo muy bien por allí.

      Tus comentarios acaban dejándome sin palabras… ¡me siento tan halagada! Y por supuesto que lo puedes enviar y nombrar. Siempre que quieras, para mí es un honor viniendo de ti.

      Te mando un abrazo muy fuerte,
      Geles

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